Un buen día uno desaparece. Va a comprar jamón de York o tabaco, cualquier excusa puede resultar tan buena como poco creíble, y nunca vuelve por donde vino.
La relación larga y la inercia se habían vuelto espiral y si el camino hacia fuera parecía avanzar, siempre acababa volviendo al centro y, si se agitaba más, al orden de centrifugación de todas las cosas.
El universo entero se abría ahora por delante, ahora, inexplicablemente y al fin sin más explicaciones que dar.
Traspasarse de la roja vibración de los geranios, la fresca provocación del aire y la libertad en los pulmones casi siempre, o al menos siempre que no pasará delante de un bar, claro.
Andar en conciencia de dar cada y todos los pasos que se quieren, hacia cualquier parte que son todas también.
Y la soledad que desamarra gritos ahogados y los troca en sonrisa y reflexión.
Un buen día en que el tabaco y el jamón York, dios mío, han vuelto a subir.
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miércoles, 6 de junio de 2012
Un Buen Día
Etiquetas:
crisis,
imaginación,
La vida misma,
reflexión
jueves, 16 de febrero de 2012
Se Lo Juro Sr. Juez
Los meses habían transcurrido de mal en peor. Todo, todo era un despropósito desde el trabajo hasta su novia todo había dejado de tener sentido.
Apenas compró dos cartones de leche y unos tomates para tirar aquella semana cuando aquella mujer casi le atropelló con su carro rebosante de artículos incontables, no pudo más que apartarse para no resultar atropellado y dejar que se colara impunemente. En la caja colgaba un cartel de "Sólo 10 artículos" y pese a que fue apercibida por él y la propia cajera la mujer obvío la situación cuando llegó su marido y decidieron, estupidamente, fraccionar el pago. Aquello empezó a resultar infernal, problemas con el precio de un artículo, problemas con unas ofertas, más problemas con unos vales de descuento... El calor, la sed y el sudor se empezaron a apoderar de él, que veía como encima llegaría tarde a la cita con su chica, más problemas añadidos.
Y se lo juro, Sr. Juez, no recuerdo como los dos cartones de leche se estrellaron en sus cabezas.
Apenas compró dos cartones de leche y unos tomates para tirar aquella semana cuando aquella mujer casi le atropelló con su carro rebosante de artículos incontables, no pudo más que apartarse para no resultar atropellado y dejar que se colara impunemente. En la caja colgaba un cartel de "Sólo 10 artículos" y pese a que fue apercibida por él y la propia cajera la mujer obvío la situación cuando llegó su marido y decidieron, estupidamente, fraccionar el pago. Aquello empezó a resultar infernal, problemas con el precio de un artículo, problemas con unas ofertas, más problemas con unos vales de descuento... El calor, la sed y el sudor se empezaron a apoderar de él, que veía como encima llegaría tarde a la cita con su chica, más problemas añadidos.
Y se lo juro, Sr. Juez, no recuerdo como los dos cartones de leche se estrellaron en sus cabezas.
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