Retomábamos relaciones baratas. La vuelta atrás por dónde vinimos a dar en un vasto error.
Una vez jugamos a ser poderosos, con más llanto por lo porvenir que aprecio por el haber.
Comenzaba a dudar sobre el sentido que cobran las palabras cuando salen de nuestra boca, de nuestra mano y atraviesan barreras de idioma, cultura, realidad, que nos impiden comprender y atenazan para siempre en lo perdido, en lo imposible.
En el mundo de contratiempos, el tiempo casi inexistente menguaba desparejo con las distancias que habían aumentado gracias a veranos más largos y excesivos. La vida se cubría de una indeleble capa de polvo que se adhería como un tenue vaho y lo impregnaba todo, tanto como el silencio capaz de suspender una constelación de moscas infinitas en el intervalo en que termina de caer una gota de agua distraída, la insensatez de encontrar sentido y repetir llamadas perdidas e inconexas que vamos llamando vida y relaciones.
Atropellan las horas el sentido que no encuentro, la planificación que se pierde en un cajón para siempre. Abandonado el proyecto, aparcado el deambular que nos llevaba y traía con tanta premura, siempre asomados a las mismas noticias que se precipitaron y ahora ni cambian ni mejoran. El engaño manifiesto que tragamos felices en píldoras doradas, veneno y adicción, falacia y sueños, la quimera de la libertad en barras altas y taburetes. Un ocio infinito donde proyectar nuestra infantil perversión, una autoafirmación del error de todos los siglos.
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miércoles, 25 de julio de 2012
Sólo el Principio
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domingo, 22 de julio de 2012
Planes
Un plan, un diseño, un entretenimiento para cada semana, cada mes y cada año. El sentido de la vida no podía no existir de ninguna manera y eso eran los planes, el futuro siempre ocupado y previsto.
Se inmiscuyó en su vida sin querer, sin propósito alguno ni por su parte ni siquiera por la de él. Un momento de aburrimiento y un leve atisbo de curiosidad fueron la conjunción bajo la que se encontraron. Un significado oculto e irremediablemente interpretado de forma divergente y conveniente por cada uno de ellos. Horóscopos leidos de reojo, matrículas de números en series de significados y significantes en arcanos sentidos. Algo tiene que tener un sentido, alguno, todo lo tiene.
El primer encuentro, palpitaciones de nuevo adolescentes en una puesta en marcha de vieja maquinaria casi oxidada y arrancada con dificultad a la seducción y a un sexo ajenos, calientes y desapasionados. La falta de entrega de uno, la curiosidad del otro, la torpeza y el descubrimiento, mezclas extrañas, inconcebibles fórmulas. Dones derramados y escamoteados, la desnudez impúdica frente el más velado recato. O simplemente, quizá no había nada detrás de aquellos supuestos secretos. Sí, era eso, nada, y una inmensa nada.
La espada a la salida del motel les expulsa de un paraiso jamás alcanzado. La puerta abierta, frutas mordidas de gusanos, cómplices del vacío. Insulsos, ajenos, extraños, solitarios encuentros vuelven y esperan para adentrarse más en la desnuda desesperanza tanto del que busca como del que rehuye.
Sus encuentros se van distanciando, él pone excusas, o a él se lo parecen, quizá él también pone excusas por despecho. No está enamorado, no hay pasión, pero ese reconocimiento egoista de ser el elegido, el supremo, el único es lo que le obliga a seguir, ese ansia de protagonismo, el sentirse deseado.
Pero tiene que empezar a plantearse dejarlo ya, no queda otra, así no van a ninguna parte y es imposible hacer planes.
Se inmiscuyó en su vida sin querer, sin propósito alguno ni por su parte ni siquiera por la de él. Un momento de aburrimiento y un leve atisbo de curiosidad fueron la conjunción bajo la que se encontraron. Un significado oculto e irremediablemente interpretado de forma divergente y conveniente por cada uno de ellos. Horóscopos leidos de reojo, matrículas de números en series de significados y significantes en arcanos sentidos. Algo tiene que tener un sentido, alguno, todo lo tiene.
El primer encuentro, palpitaciones de nuevo adolescentes en una puesta en marcha de vieja maquinaria casi oxidada y arrancada con dificultad a la seducción y a un sexo ajenos, calientes y desapasionados. La falta de entrega de uno, la curiosidad del otro, la torpeza y el descubrimiento, mezclas extrañas, inconcebibles fórmulas. Dones derramados y escamoteados, la desnudez impúdica frente el más velado recato. O simplemente, quizá no había nada detrás de aquellos supuestos secretos. Sí, era eso, nada, y una inmensa nada.
La espada a la salida del motel les expulsa de un paraiso jamás alcanzado. La puerta abierta, frutas mordidas de gusanos, cómplices del vacío. Insulsos, ajenos, extraños, solitarios encuentros vuelven y esperan para adentrarse más en la desnuda desesperanza tanto del que busca como del que rehuye.
Sus encuentros se van distanciando, él pone excusas, o a él se lo parecen, quizá él también pone excusas por despecho. No está enamorado, no hay pasión, pero ese reconocimiento egoista de ser el elegido, el supremo, el único es lo que le obliga a seguir, ese ansia de protagonismo, el sentirse deseado.
Pero tiene que empezar a plantearse dejarlo ya, no queda otra, así no van a ninguna parte y es imposible hacer planes.
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domingo, 17 de junio de 2012
Reacciones Ocultas
Sí, sí le había amado durante largos años, eso era algo indudable pues por nadie habría llegado tan lejos, a soportar el escarnio, la persecución, el ultraje y el insulto, hasta a poner en peligro su integridad física, pero ahora los días se abrían como abismos entre ellos. El calor, la falta de recursos, la adversidad laboral y la rutina, el estertor económico, los hijos de él convertidos en malvados y crueles adolescentes, y su ávida ex.
Ahora todo apuntaba en contra, después de haber superado la ocultación social de su amor como problemática social y ajena, el problema era de los demás no suyo por más que se empeñaran en acusarlos de desviados y enfermos, durante años enfrentados a familia y presuntos amigos, a punto de perder sus puestos de trabajo, pero ahora que por fin eran libres y elegidos, dos, pareja sin exclusión, ya normalizados, que palabra tan horrible, y hasta matrimonio después de tantos sinsabores, ahora el miedo era la traición, la flaqueza ante los problemas de una vida cada vez más menguada, el paro, la salud perdida, todas las explicaciones y excusas posibles para ocultar el pánico de amarle porque temía perderle. Y es que las crisis son así, acaban con cualquier orientación.
Ahora todo apuntaba en contra, después de haber superado la ocultación social de su amor como problemática social y ajena, el problema era de los demás no suyo por más que se empeñaran en acusarlos de desviados y enfermos, durante años enfrentados a familia y presuntos amigos, a punto de perder sus puestos de trabajo, pero ahora que por fin eran libres y elegidos, dos, pareja sin exclusión, ya normalizados, que palabra tan horrible, y hasta matrimonio después de tantos sinsabores, ahora el miedo era la traición, la flaqueza ante los problemas de una vida cada vez más menguada, el paro, la salud perdida, todas las explicaciones y excusas posibles para ocultar el pánico de amarle porque temía perderle. Y es que las crisis son así, acaban con cualquier orientación.
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miércoles, 13 de junio de 2012
Horario
Veía como las horas se resistían a abandonar aquel recinto azulado. A veces la perspectiva se hacía infinita cuando sumía sus ojos en una lejanía inexistente, pero siempre acababa en un golpe cortante y brusco para volver al punto presente y cortoplacista de una visión cercana.
La boca se le ha secado, otro día sin hablar con nadie, el despacho es así, a veces nadie viene, no llaman y ni siquiera escriben. A veces no hace falta nada, ni nadie. Un día no hace falta ni él.
Intentará un regreso aferrado a un diario cualquiera, una distracción cualquiera, mezclando desconfianza y un oculto interés a su alrededor mientras una nube de incógnito le resguarda.
Una habitación le espera, no una casa, no una familia, ni siquiera una pareja y tampoco una mascota. Su mundo, sus pertenencias, todo se reduce a una maleta, también el pasado se guarda en ella.
M volvió a entrar en el juego del trabajo dos meses después, quizá había perdido algo pero no recordaba bien el qué.
Llegó dispuesto a hablar otra vez, lleno de explicaciones y anécdotas. La oficina parecía espaciosa y la gente amable, pero había olvidado cortarse las uñas y eso era algo que le martirizaba. Entro en la cocina y uso las tijeras que en ella había, alguién le vió pero no le importó demasiado.
Una semana después oscilaba entre tomar infinitas y caóticas notas inconexas y dormitar ante las explicaciones de un compañero que intentaba explicarle la aplicación que debía usar. No, algo no estaba bien, pero no pasaba nada, todos parecían amables ...
Los primeros viernes de cada mes solían dar un pequeño refrigerio y él estaba encantado con ese ponerse las botas y gratis. Podía, incluso, intentar algún acercamiento a alguna compañera con la que intentar algo más con un poco de suerte. Pero el resto de los días, aquel horario hasta las tantas era insufrible y se dedicaba a hacer una fotosíntesis ectoplásmica en un medio que cada vez se le iba haciendo más hostil. Los compañeros no eran ya tan amables, incluso se atrevían a reconvenirle en alguna ocasión. Había algunos corrillos con risas que se helaban cuando él pasaba.
Algo no iba bien, pero él seguía mirando cada vez más cerca y como un perro hambriento a aquellas compañeras cuyas blusas marcaban provocadores pechos, eso es lo que ellas buscaban sin duda, las muy zorras. Casí podía oler sus coños húmedos.
Cuando recibió la visita de un responsable de RRHH en su propia mesa y ante la vista de todos sus compañeros, suplicó, gritó y amenazó, ante aquella cara atónita, con que si le despedían tendrían que buscarle otro trabajo.
Algo no iba bien, pero él no volvió a ser consciente.
La boca se le ha secado, otro día sin hablar con nadie, el despacho es así, a veces nadie viene, no llaman y ni siquiera escriben. A veces no hace falta nada, ni nadie. Un día no hace falta ni él.
Intentará un regreso aferrado a un diario cualquiera, una distracción cualquiera, mezclando desconfianza y un oculto interés a su alrededor mientras una nube de incógnito le resguarda.
Una habitación le espera, no una casa, no una familia, ni siquiera una pareja y tampoco una mascota. Su mundo, sus pertenencias, todo se reduce a una maleta, también el pasado se guarda en ella.
M volvió a entrar en el juego del trabajo dos meses después, quizá había perdido algo pero no recordaba bien el qué.
Llegó dispuesto a hablar otra vez, lleno de explicaciones y anécdotas. La oficina parecía espaciosa y la gente amable, pero había olvidado cortarse las uñas y eso era algo que le martirizaba. Entro en la cocina y uso las tijeras que en ella había, alguién le vió pero no le importó demasiado.
Una semana después oscilaba entre tomar infinitas y caóticas notas inconexas y dormitar ante las explicaciones de un compañero que intentaba explicarle la aplicación que debía usar. No, algo no estaba bien, pero no pasaba nada, todos parecían amables ...
Los primeros viernes de cada mes solían dar un pequeño refrigerio y él estaba encantado con ese ponerse las botas y gratis. Podía, incluso, intentar algún acercamiento a alguna compañera con la que intentar algo más con un poco de suerte. Pero el resto de los días, aquel horario hasta las tantas era insufrible y se dedicaba a hacer una fotosíntesis ectoplásmica en un medio que cada vez se le iba haciendo más hostil. Los compañeros no eran ya tan amables, incluso se atrevían a reconvenirle en alguna ocasión. Había algunos corrillos con risas que se helaban cuando él pasaba.
Algo no iba bien, pero él seguía mirando cada vez más cerca y como un perro hambriento a aquellas compañeras cuyas blusas marcaban provocadores pechos, eso es lo que ellas buscaban sin duda, las muy zorras. Casí podía oler sus coños húmedos.
Cuando recibió la visita de un responsable de RRHH en su propia mesa y ante la vista de todos sus compañeros, suplicó, gritó y amenazó, ante aquella cara atónita, con que si le despedían tendrían que buscarle otro trabajo.
Algo no iba bien, pero él no volvió a ser consciente.
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Fuero Interno
La perfecta razón, el supremo equilibrio. Mi vida. Y ahora aquel ser inacabado venía a acusarme de sus desgracias, a reclamar lo suyo, lo que quiera fuese.
Sí, mi vida perfecta, mi profundo conocimiento de mi mismo, calculadas mis respuestas, el dominio preciso de mi tiempo se fundieron en negro ante aquella iracundia que esgrimía y amenazaba con acabar con todo mi proceso mental, esa composición magistral que alcancé tras largos años de estudio, calculadas y sobrias costumbres, productivo e infatigable trabajo.
Intoxicado de poder, loco, demasiado joven como para haber aprendido algo y menos aún haberlo comprendido. Mi indiferencia inicial dió lugar a la compasión y hasta algunas teorías explicativas. De éstas pasé al odio hacia aquel ser equivocado e imperfecto que tenía la osadía de reprender mi trabajada perfección.
Aquel triste idiota que osaba sentarse en el despacho que hubiera debido ser mío en justicia. Ese pequeño monstruo que exhibe cada día su coche y hace ostentación de su dedicación y de ser imprescindible a la compañía .
La confusión y la agitación se han ido apoderando de mi fuero interno. Me siento infinitamente más viejo, más desconcertado, nunca antes esto me había sucedido. Toda mi vida de constante y lógica progresión ascendente y esfuerzos siempre acordes a las expectativas y viceversa.
Un mudo grito se resiste en mi garganta, por soltar de viva voz el secreto que todos saben y es común, ha de serlo sin duda. No es posible que nadie lo vea, llevamos demasiado tiempo callando en estos nuevos y agresivos tiempos de estrategias que ahora atacan, empleando nuevos arietes contra la razón y el sentido común en personajes carentes por completo de toda empatía, escrúpulos y experiencia humana.
Sí, mi vida perfecta, mi profundo conocimiento de mi mismo, calculadas mis respuestas, el dominio preciso de mi tiempo se fundieron en negro ante aquella iracundia que esgrimía y amenazaba con acabar con todo mi proceso mental, esa composición magistral que alcancé tras largos años de estudio, calculadas y sobrias costumbres, productivo e infatigable trabajo.
Intoxicado de poder, loco, demasiado joven como para haber aprendido algo y menos aún haberlo comprendido. Mi indiferencia inicial dió lugar a la compasión y hasta algunas teorías explicativas. De éstas pasé al odio hacia aquel ser equivocado e imperfecto que tenía la osadía de reprender mi trabajada perfección.
Aquel triste idiota que osaba sentarse en el despacho que hubiera debido ser mío en justicia. Ese pequeño monstruo que exhibe cada día su coche y hace ostentación de su dedicación y de ser imprescindible a la compañía .
La confusión y la agitación se han ido apoderando de mi fuero interno. Me siento infinitamente más viejo, más desconcertado, nunca antes esto me había sucedido. Toda mi vida de constante y lógica progresión ascendente y esfuerzos siempre acordes a las expectativas y viceversa.
Un mudo grito se resiste en mi garganta, por soltar de viva voz el secreto que todos saben y es común, ha de serlo sin duda. No es posible que nadie lo vea, llevamos demasiado tiempo callando en estos nuevos y agresivos tiempos de estrategias que ahora atacan, empleando nuevos arietes contra la razón y el sentido común en personajes carentes por completo de toda empatía, escrúpulos y experiencia humana.
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lunes, 11 de junio de 2012
Perfil
Aquel perfil resultaba idóneo. Capaz, voluntarioso, amable, inteligente, confiable, con sentido del humor y del deber, incluso aunque nadie se lo pidiera. Presentaba todas las características afines a sus propósitos.
El primer paso había sido desinformar debidamente y crear una incertidumbre suficientemente sólida, nada mejor que la incomunicación y la negación para conseguirlo. La mayoría cree en que existe una democracia a todos los niveles y, por ese sueño, pasa toda su vida laboral perplejo.
El segundo refutar escuetamente y sin lugar a replica todo argumento, a ser posible con un sólo calificativo rozando levemente lo personal y que desarmara al adversario.
Y al fin el más delicioso, el más genuino grado de sofisticado control: a partir de la nada, del vacío mental generar expectación, algo que producía uno de los más culminantes placeres de la erótica del poder sobre las masas.
Mientras iban colocando zanahorias y minas, iniciaron algunos cantos de sirena hacia aquel perfil que tan repentinamente se sentía apreciado, tenido en cuenta, reconocido y, sorprendentemente, requerido de diálogo.
Aquella utopía podía ser ahora, la posibilidad de cambiar y mejorar las cosas desde dentro, tal vez también conseguir un sentimiento de pertenencia al grupo desde la necesidad de transformar su propia vida, incluida por supuesto una compensación económica aun de forma modesta.
Primero alabaron su colaboración inestimable, con carácter urgente y unas condiciones algo sacrificadas. El perfil habló y aceptó. Después, las condiciones ya no serían aquellas sino otras provisionales aunque igualmente, aceptó. La crisis recortante y exprimidora que a todos nos exige hombros arrimados, comprensión y buenas voluntades.
Llegaron sus vacaciones e improvisadamente, el perfil fue requerido para realizar una labor imprevista. Su primera reacción fue aceptar pero en función de condiciones que habría que determinar por lo extraordinario del caso, una ligera presión dado el sacrificio que creía justa. Conseguir unas mínimas condiciones que se estudiarían conforme a la exigencia. Un departamento lo pasó a otro, un jefe a otro y al cabo de varios días, la respuesta reposaba encima de una mesa donde ... no había respuesta ni condiciones, sólo el traspaso de aquellos días vacacionales interrumpidos a un periodo posterior. El apremio de lo administrativo se impuso y alguien recordó al perfil y decididió llamarle.
Segunda modificación de condiciones, segunda aceptación de ¿cuántas? Precedentes peligrosos, con buenas voluntades no se va a la compra. Comenzó a comprender e intuir la verdadera naturaleza, pero postpuso su respuesta unas horas. La jugada se representó nitidamente ante sus ojos: Trabajo sucio y mano de obra barata, pedir de forma que parecen venir dando, no había más, pero lo peor alguién estaba siendo pagado por tomar decisiones que no tomaba. Cogió el teléfono y llamó, la respuesta era "no", y expuso sus motivos quizá no a la persona adecuada, no, sólo a otro perfil.
La edad y la experiencia no son nunca suficientes aunque sirven para aumentar la capacidad de reacción.
El primer paso había sido desinformar debidamente y crear una incertidumbre suficientemente sólida, nada mejor que la incomunicación y la negación para conseguirlo. La mayoría cree en que existe una democracia a todos los niveles y, por ese sueño, pasa toda su vida laboral perplejo.
El segundo refutar escuetamente y sin lugar a replica todo argumento, a ser posible con un sólo calificativo rozando levemente lo personal y que desarmara al adversario.
Y al fin el más delicioso, el más genuino grado de sofisticado control: a partir de la nada, del vacío mental generar expectación, algo que producía uno de los más culminantes placeres de la erótica del poder sobre las masas.
Mientras iban colocando zanahorias y minas, iniciaron algunos cantos de sirena hacia aquel perfil que tan repentinamente se sentía apreciado, tenido en cuenta, reconocido y, sorprendentemente, requerido de diálogo.
Aquella utopía podía ser ahora, la posibilidad de cambiar y mejorar las cosas desde dentro, tal vez también conseguir un sentimiento de pertenencia al grupo desde la necesidad de transformar su propia vida, incluida por supuesto una compensación económica aun de forma modesta.
Primero alabaron su colaboración inestimable, con carácter urgente y unas condiciones algo sacrificadas. El perfil habló y aceptó. Después, las condiciones ya no serían aquellas sino otras provisionales aunque igualmente, aceptó. La crisis recortante y exprimidora que a todos nos exige hombros arrimados, comprensión y buenas voluntades.
Llegaron sus vacaciones e improvisadamente, el perfil fue requerido para realizar una labor imprevista. Su primera reacción fue aceptar pero en función de condiciones que habría que determinar por lo extraordinario del caso, una ligera presión dado el sacrificio que creía justa. Conseguir unas mínimas condiciones que se estudiarían conforme a la exigencia. Un departamento lo pasó a otro, un jefe a otro y al cabo de varios días, la respuesta reposaba encima de una mesa donde ... no había respuesta ni condiciones, sólo el traspaso de aquellos días vacacionales interrumpidos a un periodo posterior. El apremio de lo administrativo se impuso y alguien recordó al perfil y decididió llamarle.
Segunda modificación de condiciones, segunda aceptación de ¿cuántas? Precedentes peligrosos, con buenas voluntades no se va a la compra. Comenzó a comprender e intuir la verdadera naturaleza, pero postpuso su respuesta unas horas. La jugada se representó nitidamente ante sus ojos: Trabajo sucio y mano de obra barata, pedir de forma que parecen venir dando, no había más, pero lo peor alguién estaba siendo pagado por tomar decisiones que no tomaba. Cogió el teléfono y llamó, la respuesta era "no", y expuso sus motivos quizá no a la persona adecuada, no, sólo a otro perfil.
La edad y la experiencia no son nunca suficientes aunque sirven para aumentar la capacidad de reacción.
domingo, 10 de junio de 2012
La Realidad
La realidad era que su corazón y su tiempo estaban vacíos. Las horas largas, los días tediosos en una ocupación ingrata y eterna. Sísifo de lo cotidiano, la maldición del ama de casa vuelta contra él. La nevera y la despensa siempre por llenar, los cacharros siempre por lavar, la comida siempre por hacer pese a haber ya comido. Los horarios que nunca coinciden. El peso constante y exacto que aplasta cada día de igual e inexorable manera. Cuando todos, al fin, llegan a casa tampoco es feliz. Apresurados, cansados, no le ven, no hay tiempo, y sus quejas brotan como una hiedra que sólo puede trepar por las paredes.
La realidad es que últimamente no tenía tiempo ni de verse al espejo, sumergida en una vorágine enajenante en gran parte debido no al volumen, si no a la falta de organización del trabajo. Reuniones en las que apenas nada se habla en concreto y menos aún se decide, últimas horas, tensión masticable en el ambiente, y una férrea convicción por mantener el sentido común amarrado en la cordura, hacen los días de una fugacidad engañosa y casi ininterrumpida. Sabe que debe marcar y separar territorios, sabe que no es posible hacerlo ahora, luchar con tesón en una última batalla que no termina nunca, mantenerse en el puesto de trabajo, una amenaza a la orden del día que consigue mayores exigencias productivas con la mitad de plantilla.
La realidad fue que compuso su historia, su enfermedad y justificaciones ante un público fácil, presa del cariño, pleno de tiempo y afecto. Era perfecto, vínculos emocionales sin ningún conocimiento de su persona. Familia, eso bastaba para una plena aceptación y credulidad, y entre los días y las noches orquestó su puesta en escena. Un día de acoso, dos de derribo, sabía bien que él siempre fue un alma sensible, que nunca le dejaría tirado. Conseguir sus propósitos como siempre y para ello nunca había reparado en manipular a cualquiera, pero no por maldad, no, sólo por su incapacidad de decir lo que piensa, pedir lo que necesita, es imposible humillarse así, es imposible confiar en nadie si no se le dirige y lleva adónde uno quiere y necesita.
La realidad será que estabamos equivocados, que toda la vida nos engañamos en pos de una familia, un trabajo, unas relaciones, una estabilidad y nos acabamos perdiendo en lo que dimos en llamar La Realidad.. Y, por supuesto, las nuevas generaciones siempre sabran mejor que nosotros de que va esto de vivir.
La realidad es que últimamente no tenía tiempo ni de verse al espejo, sumergida en una vorágine enajenante en gran parte debido no al volumen, si no a la falta de organización del trabajo. Reuniones en las que apenas nada se habla en concreto y menos aún se decide, últimas horas, tensión masticable en el ambiente, y una férrea convicción por mantener el sentido común amarrado en la cordura, hacen los días de una fugacidad engañosa y casi ininterrumpida. Sabe que debe marcar y separar territorios, sabe que no es posible hacerlo ahora, luchar con tesón en una última batalla que no termina nunca, mantenerse en el puesto de trabajo, una amenaza a la orden del día que consigue mayores exigencias productivas con la mitad de plantilla.
La realidad fue que compuso su historia, su enfermedad y justificaciones ante un público fácil, presa del cariño, pleno de tiempo y afecto. Era perfecto, vínculos emocionales sin ningún conocimiento de su persona. Familia, eso bastaba para una plena aceptación y credulidad, y entre los días y las noches orquestó su puesta en escena. Un día de acoso, dos de derribo, sabía bien que él siempre fue un alma sensible, que nunca le dejaría tirado. Conseguir sus propósitos como siempre y para ello nunca había reparado en manipular a cualquiera, pero no por maldad, no, sólo por su incapacidad de decir lo que piensa, pedir lo que necesita, es imposible humillarse así, es imposible confiar en nadie si no se le dirige y lleva adónde uno quiere y necesita.
La realidad será que estabamos equivocados, que toda la vida nos engañamos en pos de una familia, un trabajo, unas relaciones, una estabilidad y nos acabamos perdiendo en lo que dimos en llamar La Realidad.. Y, por supuesto, las nuevas generaciones siempre sabran mejor que nosotros de que va esto de vivir.
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Inaudito
La ventanilla del coche se desliza ante sus ojos perdidos, nada oídos, mientras el murmullo incesante se vierte en aquel habitáculo comprimido de un calor denso, atornillado a la piel, y se condensa en un viejo cansancio de secos, fijos ojos ante lo remoto y lo nunca vislumbrado.
Sólo espera el momento en que las confesiones acaben, no presta ya atención. Nada oídos.
Llegar a casa, habituales preguntas. Se comunica con sus hijos a base de ellas, poco queda por contar, todo por comprender.
Nada oídos, él teclea ante la pantalla sin distinción, ni día ni noche. A veces alcanza la extensión total, el despliegue casi infinito de los medios: Blacberry, I-phone, Chat, Messenger, Twitter, Facebook, fijo y móvil para al final no quedar en nada, nada oídos.
Ella, al otro lado de la pantalla, se pierde entre canciones y ensoñaciones, habla a su propio momento, nada oídos, busca la soledad, el roto en el tiempo que le permita, al fin, escuchar su propia voz mientras nada, se ahoga, en nada oídos.
Ven, cuéntame, dime algo, cuando todo es nada oídos, una excusa para que alguien cuente su historia, otra vez, tantas veces, una vida de explicaciones y excusas, de explicarse a uno y a los otros. Vierta el pretendido sentido de su existencia donde nadie presta nunca atención.
Sólo espera el momento en que las confesiones acaben, no presta ya atención. Nada oídos.
Llegar a casa, habituales preguntas. Se comunica con sus hijos a base de ellas, poco queda por contar, todo por comprender.
Nada oídos, él teclea ante la pantalla sin distinción, ni día ni noche. A veces alcanza la extensión total, el despliegue casi infinito de los medios: Blacberry, I-phone, Chat, Messenger, Twitter, Facebook, fijo y móvil para al final no quedar en nada, nada oídos.
Ella, al otro lado de la pantalla, se pierde entre canciones y ensoñaciones, habla a su propio momento, nada oídos, busca la soledad, el roto en el tiempo que le permita, al fin, escuchar su propia voz mientras nada, se ahoga, en nada oídos.
Ven, cuéntame, dime algo, cuando todo es nada oídos, una excusa para que alguien cuente su historia, otra vez, tantas veces, una vida de explicaciones y excusas, de explicarse a uno y a los otros. Vierta el pretendido sentido de su existencia donde nadie presta nunca atención.
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Luzbel
Irritado, incomprendido, nervioso, y desafiante a sus pocos años.
Cansado, triste, vencido y fracasado a estas alturas de la vida.
Él mira por la ventana ahogado, le duele el estómago, le duele el cuerpo, espera la llamada, la salida, la huída y la metamorfosis. Siempre corriendo, siempre rodeado de amigos y algo más para no pensar. Un portazo.
Él mira el reloj angustiado, la noche no avanza, el insomio hormiguea en la piel y fija las pupilas abiertas a la espera de alguna noticia, alguna señal divina o humana. Otra vez desvelado, otra vez solo en este momento de desesperación, las pastillas para dormir no pueden con ésto. Otro amanecer.
Gritos, chantajes, rebeldía, locura y amenazas encuentran eco en la tristeza, el dolor, la desesperación y una herida en medio del alma a costurones remendada para intentar seguir viviendo. Una, cada vez más remota esperanza de recuperar la comunicación, el niño que conoció o tal vez el hombre que es o debería ser. Miedo.
Miedo de la noche, dame otra, miedo de ser "mayor", vámonos a otro lado, corre, vuela, huye como alma que lleva el diablo, del destino y la edad. Mira que no te pille quieto nunca y si toca morir que sea sin parar, pero eso nunca pasará. Tan jóvenes, tan invecibles, tan malos que no podrán con nosotros jamás. Somos todos e infinitos y esto es el mundo eterno, lo demás es basura. La noche pertenece a los elegidos, a los que saben y conocen el mundo, la verdadera vida. Iluminados.
Condescendiente, mira un segundo al pobre hombre, ese pobre hombre demasiado equivocado, demasiado viejo, estúpido, oscuro y absurdo, para olvidarlo rápidamente no sea que atisbe algo de su humanidad y le contagie.
Vencido de muerte, el padre cae de rodillas contemplando la ignorancia, la inconsciencia, el embrutecimiento, y el soberbio engreimiento desafiante de Luzbel que, tan dolorosamente bello, despliega sus magníficas y brillantes alas.
Cansado, triste, vencido y fracasado a estas alturas de la vida.
Él mira por la ventana ahogado, le duele el estómago, le duele el cuerpo, espera la llamada, la salida, la huída y la metamorfosis. Siempre corriendo, siempre rodeado de amigos y algo más para no pensar. Un portazo.
Él mira el reloj angustiado, la noche no avanza, el insomio hormiguea en la piel y fija las pupilas abiertas a la espera de alguna noticia, alguna señal divina o humana. Otra vez desvelado, otra vez solo en este momento de desesperación, las pastillas para dormir no pueden con ésto. Otro amanecer.
Gritos, chantajes, rebeldía, locura y amenazas encuentran eco en la tristeza, el dolor, la desesperación y una herida en medio del alma a costurones remendada para intentar seguir viviendo. Una, cada vez más remota esperanza de recuperar la comunicación, el niño que conoció o tal vez el hombre que es o debería ser. Miedo.
Miedo de la noche, dame otra, miedo de ser "mayor", vámonos a otro lado, corre, vuela, huye como alma que lleva el diablo, del destino y la edad. Mira que no te pille quieto nunca y si toca morir que sea sin parar, pero eso nunca pasará. Tan jóvenes, tan invecibles, tan malos que no podrán con nosotros jamás. Somos todos e infinitos y esto es el mundo eterno, lo demás es basura. La noche pertenece a los elegidos, a los que saben y conocen el mundo, la verdadera vida. Iluminados.
Condescendiente, mira un segundo al pobre hombre, ese pobre hombre demasiado equivocado, demasiado viejo, estúpido, oscuro y absurdo, para olvidarlo rápidamente no sea que atisbe algo de su humanidad y le contagie.
Vencido de muerte, el padre cae de rodillas contemplando la ignorancia, la inconsciencia, el embrutecimiento, y el soberbio engreimiento desafiante de Luzbel que, tan dolorosamente bello, despliega sus magníficas y brillantes alas.
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Hormigueo
El brazo duele desde un estallido indeterminado que irradia hasta la mano, a veces tiene que cogerlo con el otro para moverlo y poder cambiarlo de postura.
Desganadamente, mira sin reparar en las persianas bajadas que parapetan su existencia de un tiempo brutalmente primaveral, un canto a la existencia y la alegría de ser vivo, pero nada llama su atención.
Dos días atrás la vio, estuvo con ella, conversación, prolongar un minuto, siempre se ven, siempre vuelven a hacerlo, pero nada ocurre desde hace un año, salvo la puntualidad de unas citas que entran en la costumbre, en lo correcto, pero en las que se calla más de lo que se habla.
Con ella vislumbró lo que era desnudarse del todo por primera vez. Por completo, y lanzarse lejos de si mismo para abismarse a la vez en su ser a través de otros ojos, sus ojos llenos de asombrada malicia, del brillo del animal que encierra impúdica.
Sabe que callan más que hablan, sabe que ella sabe y ella calla.
No se atreve a perderse y encontrarse, no hay tiempo sólo miedo. Por eso su brazo duele, por eso mira desganadamente sin ver a través de las persianas bajadas mientras siente el incesante e imparable hormigueo de una nueva primavera y se debate en la indeterminación entre el bien y el mal para dejarlo todo a la inacción.
Desganadamente, mira sin reparar en las persianas bajadas que parapetan su existencia de un tiempo brutalmente primaveral, un canto a la existencia y la alegría de ser vivo, pero nada llama su atención.
Dos días atrás la vio, estuvo con ella, conversación, prolongar un minuto, siempre se ven, siempre vuelven a hacerlo, pero nada ocurre desde hace un año, salvo la puntualidad de unas citas que entran en la costumbre, en lo correcto, pero en las que se calla más de lo que se habla.
Con ella vislumbró lo que era desnudarse del todo por primera vez. Por completo, y lanzarse lejos de si mismo para abismarse a la vez en su ser a través de otros ojos, sus ojos llenos de asombrada malicia, del brillo del animal que encierra impúdica.
Sabe que callan más que hablan, sabe que ella sabe y ella calla.
No se atreve a perderse y encontrarse, no hay tiempo sólo miedo. Por eso su brazo duele, por eso mira desganadamente sin ver a través de las persianas bajadas mientras siente el incesante e imparable hormigueo de una nueva primavera y se debate en la indeterminación entre el bien y el mal para dejarlo todo a la inacción.
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Stop!!!
El atasco paralizaba Frankfurt a la salida de la muestra, imposible seguir el coche de los anfitriones que habían tomado otra ruta.
Dos horas de atasco después, en un mal chapurreado idoma con el taxista orihundo de un país desconocido y remoto sin duda, consiguieron llegar cerca de la zona, momento en que el hombre emocionado pisó el acelerador con objeto de adelantar el tiempo perdido hasta que se oyó, ¡Quieto, parado, hombre! ...STOP!!!! a la vez que daba con el pie en el suelo de forma enfática y definitiva uno de los ocupantes, un hombrecillo de bigote al más rancio estilo español de épocas remotas.
Bajaron del taxi entre risas nerviosas y se dirigieron al restaurante en donde fueron presentados a un tal Mr. Chang Woo-Ro, que en nuestro idioma suena tal cual al Sr. Changurro, un tipo coreano de dimensiones inexactas y contorno trapezoidal con una indiscutible falta de gracia para contar chistes, que hubieron de ser traducidos, y una patente disposición a la ingesta pantagruélica de cualquier cosa que pudiera ser ingerida tanto en sus formas líquidas como sólidas.
Aquello acabó profusamente regado en alcohol en un club de Strip-tease en donde las chicas notaron profesionalmente las miradas cohibidas de aquella pequeña delegación española en viaje de negocios y con tal motivo se cebaron en sus personas para provocarles de forma tan divertida como insistente. ¡¡¡Como sudaban aquellos hombres en su primer viaje al extranjero cuando corrían los años 70!!!
Dos horas de atasco después, en un mal chapurreado idoma con el taxista orihundo de un país desconocido y remoto sin duda, consiguieron llegar cerca de la zona, momento en que el hombre emocionado pisó el acelerador con objeto de adelantar el tiempo perdido hasta que se oyó, ¡Quieto, parado, hombre! ...STOP!!!! a la vez que daba con el pie en el suelo de forma enfática y definitiva uno de los ocupantes, un hombrecillo de bigote al más rancio estilo español de épocas remotas.
Bajaron del taxi entre risas nerviosas y se dirigieron al restaurante en donde fueron presentados a un tal Mr. Chang Woo-Ro, que en nuestro idioma suena tal cual al Sr. Changurro, un tipo coreano de dimensiones inexactas y contorno trapezoidal con una indiscutible falta de gracia para contar chistes, que hubieron de ser traducidos, y una patente disposición a la ingesta pantagruélica de cualquier cosa que pudiera ser ingerida tanto en sus formas líquidas como sólidas.
Aquello acabó profusamente regado en alcohol en un club de Strip-tease en donde las chicas notaron profesionalmente las miradas cohibidas de aquella pequeña delegación española en viaje de negocios y con tal motivo se cebaron en sus personas para provocarles de forma tan divertida como insistente. ¡¡¡Como sudaban aquellos hombres en su primer viaje al extranjero cuando corrían los años 70!!!
viernes, 8 de junio de 2012
Maná
Políticos baratos para crisis caras, partidos de fútbol como temas de conversación, reuniones con cualquier excusa, una deuda pendiente que se intenta olvidar a la espera de que algún milagro ocurra antes de lo inexorable, otro día cualquiera frecuente en la vida ...
Cogió el teléfono en una tarde algo más fresca, una llamada intempestiva. Procedió al estricto protocolo, preguntar a quién le llama cómo está y cómo está también su familia. Pronto una vaga respuesta que suena a excusa, para pasar a lo inconcebible, alguién quiere vender algo en tiempos de crisis pero de crisis de fortunas, a ella que no tiene ya dónde caer muerta. Siempre amable contesta una respuesta que no compromete ni desmiente. Se han vuelto a equivocar o quizá debería ser más explicita: no tiene dinero, no tiene nada salvo deudas y preocupaciones ¿Es suficiente?
No, no lo es. Por segunda vez ella se rompe, el suelo cede bajo sus pies, la fortuna le ha explotado en la cara, las bambalinas del amor se han vencido. Días sin saber donde dormir, metidos en la furgoneta, comiendo alguna lata. Hace frío ¿Qué vendrá ahora?. En la salud y en la enfermedad, una enfermedad querer haber sido más que nadie, un error haber vivido como se vive abocado a ir por encima de las posibilidades, promesas y lunas, cegueras de amor y sueños arriesgados.
Duermen a la puerta de una iglesia nueva que tiene un cura nuevo, bancos e imágenes nuevos y ricos acabados. Todo es nuevo pero las palabras son viejas y gastadas, no dicen nada, sugieren vagas conexiones pero no solucionan nada, inútiles para comprender algo de todo lo que se ha venido encima.
Quizá en su interior más desesperado mira los arcos y volúmenes buscando el maná del cielo, un milagro y alguién que se apiade aunque no sea Dios.
Cogió el teléfono en una tarde algo más fresca, una llamada intempestiva. Procedió al estricto protocolo, preguntar a quién le llama cómo está y cómo está también su familia. Pronto una vaga respuesta que suena a excusa, para pasar a lo inconcebible, alguién quiere vender algo en tiempos de crisis pero de crisis de fortunas, a ella que no tiene ya dónde caer muerta. Siempre amable contesta una respuesta que no compromete ni desmiente. Se han vuelto a equivocar o quizá debería ser más explicita: no tiene dinero, no tiene nada salvo deudas y preocupaciones ¿Es suficiente?
No, no lo es. Por segunda vez ella se rompe, el suelo cede bajo sus pies, la fortuna le ha explotado en la cara, las bambalinas del amor se han vencido. Días sin saber donde dormir, metidos en la furgoneta, comiendo alguna lata. Hace frío ¿Qué vendrá ahora?. En la salud y en la enfermedad, una enfermedad querer haber sido más que nadie, un error haber vivido como se vive abocado a ir por encima de las posibilidades, promesas y lunas, cegueras de amor y sueños arriesgados.
Duermen a la puerta de una iglesia nueva que tiene un cura nuevo, bancos e imágenes nuevos y ricos acabados. Todo es nuevo pero las palabras son viejas y gastadas, no dicen nada, sugieren vagas conexiones pero no solucionan nada, inútiles para comprender algo de todo lo que se ha venido encima.
Quizá en su interior más desesperado mira los arcos y volúmenes buscando el maná del cielo, un milagro y alguién que se apiade aunque no sea Dios.
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Cenicero
Deposita la ceniza del cigarrillo anterior. Un paquete acabado que arruga, uno nuevo del que va extrayendo el siguiente cigarrillo.
Mira por la ventana, volutas de humo se escapan atravesadas de rayos de un sol que atraviesa la ventana, motas de polvo que caen despacio y convierten el mundo en un cosmos pequeño y desapercibido a otros pero que siempre consigue ver, cada vez más frecuente y nítidamente.
Otro cigarrillo, encendedor y cajetilla extraída de un cartón, el perro cerca que mira comprensivo cuando le habla.
Ahora atiende el leve murmullo, la agitación que le vuelve a acompañar, lavarle, limpiarle, cambiarle, y sentarle otro día más en el sillón de mimbre y, entre almohadones, acomodarle, una guardia amable, unos cariños y caricias en la cara. Quizá esa tarde tengan alguna visita fugaz, algún amigo de los hijos que se quede un rato más, ella al menos siempre lo intenta.
La sonrisa desvaida como el color de su pelo, los sueños vagarosos y el cenicero siempre cerca, ese aura ahumada, la misma escena que compone desde hace 16 años.
Todos le dicen que salga, que se vaya un momento y a veces sueña que lo hace, pero el miedo al adiós no dado, el miedo a que él tenga miedo porque él no puede decirlo, hace tanto tiempo que olvidó quién es exactamente ella y desde luego quién es él, consiguen que siga otro día más, otra noche más a su lado sin salir jamás.
Mira por la ventana, volutas de humo se escapan atravesadas de rayos de un sol que atraviesa la ventana, motas de polvo que caen despacio y convierten el mundo en un cosmos pequeño y desapercibido a otros pero que siempre consigue ver, cada vez más frecuente y nítidamente.
Otro cigarrillo, encendedor y cajetilla extraída de un cartón, el perro cerca que mira comprensivo cuando le habla.
Ahora atiende el leve murmullo, la agitación que le vuelve a acompañar, lavarle, limpiarle, cambiarle, y sentarle otro día más en el sillón de mimbre y, entre almohadones, acomodarle, una guardia amable, unos cariños y caricias en la cara. Quizá esa tarde tengan alguna visita fugaz, algún amigo de los hijos que se quede un rato más, ella al menos siempre lo intenta.
La sonrisa desvaida como el color de su pelo, los sueños vagarosos y el cenicero siempre cerca, ese aura ahumada, la misma escena que compone desde hace 16 años.
Todos le dicen que salga, que se vaya un momento y a veces sueña que lo hace, pero el miedo al adiós no dado, el miedo a que él tenga miedo porque él no puede decirlo, hace tanto tiempo que olvidó quién es exactamente ella y desde luego quién es él, consiguen que siga otro día más, otra noche más a su lado sin salir jamás.
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domingo, 27 de mayo de 2012
Años
Nunca les pregunté los años que tienen, y aún así no dejaban de empapelar mis oídos de sus gratuitas opiniones. Cierto terror malamente ocultado, una ansiedad fagocitadora, entre los desencajados perfiles vistos venir cada vez más a menudo, aquellos pequeños seres atormentados que han de colocar su opinión para ser, para existir en alguna parte y, a ser posible, en mi mundo.
Soportadas con aburrimiento e infinita paciencia aquellas reclamaciones constantes de atención hasta que un día las líneas de lo permitido se sobrepasan y la estupidez lo invade todo. Así es la ignorancia, temeraria y soberbia.
Al cabo de aquellos años, siempre medidas: tiempo, espacio, constricciones y ubicación, le encontré sin búsqueda. Un hombre insospechado, un hombre de costumbres sencillas y complicadas reacciones químicas mentales. Algo tosco, falto de caricias y entrega. A veces meditabundo, otras exultante de alegría casi infantil, alguna otras taciturno y pesimista.
Abrí aquella caja que era yo misma, quería hacerlo aunque inconscientemente. Ofrecía y derramaba las flores y los frutos en los que me había convertido sobre éj, el tiempo de la sazón, la plenitud del sexo y los sueños ocultos llenos de fantasías. Un nuevo yo donde encontrar el Jardín de las Delicias, el compañero de juegos y viajes, cómplice de los besos y las hondas conversaciones.
Sé que tenía ese potencial, pero las circunstancias nunca nos acompañaban.
Soportadas con aburrimiento e infinita paciencia aquellas reclamaciones constantes de atención hasta que un día las líneas de lo permitido se sobrepasan y la estupidez lo invade todo. Así es la ignorancia, temeraria y soberbia.
Al cabo de aquellos años, siempre medidas: tiempo, espacio, constricciones y ubicación, le encontré sin búsqueda. Un hombre insospechado, un hombre de costumbres sencillas y complicadas reacciones químicas mentales. Algo tosco, falto de caricias y entrega. A veces meditabundo, otras exultante de alegría casi infantil, alguna otras taciturno y pesimista.
Abrí aquella caja que era yo misma, quería hacerlo aunque inconscientemente. Ofrecía y derramaba las flores y los frutos en los que me había convertido sobre éj, el tiempo de la sazón, la plenitud del sexo y los sueños ocultos llenos de fantasías. Un nuevo yo donde encontrar el Jardín de las Delicias, el compañero de juegos y viajes, cómplice de los besos y las hondas conversaciones.
Sé que tenía ese potencial, pero las circunstancias nunca nos acompañaban.
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jueves, 24 de mayo de 2012
Con Partidos
Pensaron que se comerían el mundo, que eran autosuficientes. El amor todo lo puede, decían.
Todo lo compartían, los días, las horas, los minutos, pero el tiempo siempre acaba traicionando a los que violan sus reglas inexorables, incluso a los que las respetan.
Primero fueron los trabajos que absorbían las jornadas y les dejaban exhaustos, pero aún quedaban los fines de semana y un momento cada noche. Dormir abrazados seguía prolongado esa comunicación sin palabras, incluso sin aparente conciencia.
Lo que encontraron como igual se fue perfilando día a día con nuevos matices que identificaron como lo distinto, y lo distinto tenía partes comunes y ajenas. Encuentros y desencuentros.
Llegaron los hijos y desarrollaron su nido en el que encontraron nuevas dificultades para compaginar crianza, trabajo, intendencia familiar y, aún en alguna parte, relación. La pasión latía, aunque algo perdida de vista, de cuando en cuando.
La vida vapulea, trastoca, sorprende, lleva y trae por derroteros que son nuestros, nuestra vida, fragua miedos nuevos y viejos, pese a que nos resistimos a creerlo y reconocerlos como tales. Uno lucha consigo mismo como el peor de los enemigos, inmerso en un molde social en el que ha de encajar a toda costa, a costa de uno mismo. Y esos miedos, inseguridades, sentimientos, esos pensamientos callados y contenidos encontraron la escucha y el mismo lenguaje un día, ese momento que abre el corazón y la mente al estado de enamoramiento profundo y comprensivo, quizá es sólo cuestión del aire que lleva corrientes eléctricas y nuestros impulsos más desconocidos, pero aún así creemos que es inteligible, clara y sencillamente es.
Lo que era común se fue disolviendo, ahora viven juntos y partidos, quizá esto es más real que lo que fue, el sueño de un proyecto acabado, un trabajo común finalizado, pero suscriben la lealtad de lo compartido. Por los viejos tiempos, aunque ya no seamos los mismos.
Todo lo compartían, los días, las horas, los minutos, pero el tiempo siempre acaba traicionando a los que violan sus reglas inexorables, incluso a los que las respetan.
Primero fueron los trabajos que absorbían las jornadas y les dejaban exhaustos, pero aún quedaban los fines de semana y un momento cada noche. Dormir abrazados seguía prolongado esa comunicación sin palabras, incluso sin aparente conciencia.
Lo que encontraron como igual se fue perfilando día a día con nuevos matices que identificaron como lo distinto, y lo distinto tenía partes comunes y ajenas. Encuentros y desencuentros.
Llegaron los hijos y desarrollaron su nido en el que encontraron nuevas dificultades para compaginar crianza, trabajo, intendencia familiar y, aún en alguna parte, relación. La pasión latía, aunque algo perdida de vista, de cuando en cuando.
La vida vapulea, trastoca, sorprende, lleva y trae por derroteros que son nuestros, nuestra vida, fragua miedos nuevos y viejos, pese a que nos resistimos a creerlo y reconocerlos como tales. Uno lucha consigo mismo como el peor de los enemigos, inmerso en un molde social en el que ha de encajar a toda costa, a costa de uno mismo. Y esos miedos, inseguridades, sentimientos, esos pensamientos callados y contenidos encontraron la escucha y el mismo lenguaje un día, ese momento que abre el corazón y la mente al estado de enamoramiento profundo y comprensivo, quizá es sólo cuestión del aire que lleva corrientes eléctricas y nuestros impulsos más desconocidos, pero aún así creemos que es inteligible, clara y sencillamente es.
Lo que era común se fue disolviendo, ahora viven juntos y partidos, quizá esto es más real que lo que fue, el sueño de un proyecto acabado, un trabajo común finalizado, pero suscriben la lealtad de lo compartido. Por los viejos tiempos, aunque ya no seamos los mismos.
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Camisa de Fuerza
Se moría, no podía seguir ni un segundo más, aquella soledad que le oprimía y todo el pasado, su pasado que vuelve con todo el mal hecho pasando factura.
¿Cómo se puede apartar todo ese peso de su pecho? ¿ese ahogo que le sube aferrándose a su garganta?
Genes que aparecieron hace años en una cita inexcusable y ahora dominan por completo su ser inconsciente, falto de toda empatía y respeto.
Un interlocutor rápido, una excusa y un vínculo en el trance de muerte, incluso un fantasma que podría volver para reclamar atención.
Llevó todos sus disco y enseres y le dejó nombrado, de viva voz, heredero de sus tesoros que sólo para él lo eran. Imposible decir no, tampoco sí, parcial e irracional.
Los días transcurrieron entre un ingreso y otro, un episodio de exacerbar la realidad y poner al límite las competencias de las instituciones sanitarias. La exigencia que denota su propio apellido y estirpe. La doble faz que arroja reveladores datos sobre su comportamiento y manipulación de todo y de todos.
Fuera, otra vez fuera. Otra vez solo en los días plomizos que le derriban echando su nuca hacia atrás. Deambular por la casa helada, las paredes mudas pero incapaces de acallar los murmullos incesantes de su cabeza parlante.
Una nueva incursión a cualquier hora del día o la noche, intempestivo siempre, infausto y desafortunado, un casual pasar a preguntar por aquel enser o cualquier otro asunto que nunca viene a cuento de nadie, sólo vive para su obsesión. Ha de mantener la atención, poco a poco o de golpe, exigirla cuando no es capaz de disimular y vuelve a desenvolver sus artes de embaucador trasnochado, de dictador y amo abandonado.
Y allí se encuentra a la puerta hoy todos sus enseres y una orden de alejamiento en el buzón. Y encima, alrededor, hay que revestirse con una camisa de fuerza para aguantar.
¿Cómo se puede apartar todo ese peso de su pecho? ¿ese ahogo que le sube aferrándose a su garganta?
Genes que aparecieron hace años en una cita inexcusable y ahora dominan por completo su ser inconsciente, falto de toda empatía y respeto.
Un interlocutor rápido, una excusa y un vínculo en el trance de muerte, incluso un fantasma que podría volver para reclamar atención.
Llevó todos sus disco y enseres y le dejó nombrado, de viva voz, heredero de sus tesoros que sólo para él lo eran. Imposible decir no, tampoco sí, parcial e irracional.
Los días transcurrieron entre un ingreso y otro, un episodio de exacerbar la realidad y poner al límite las competencias de las instituciones sanitarias. La exigencia que denota su propio apellido y estirpe. La doble faz que arroja reveladores datos sobre su comportamiento y manipulación de todo y de todos.
Fuera, otra vez fuera. Otra vez solo en los días plomizos que le derriban echando su nuca hacia atrás. Deambular por la casa helada, las paredes mudas pero incapaces de acallar los murmullos incesantes de su cabeza parlante.
Una nueva incursión a cualquier hora del día o la noche, intempestivo siempre, infausto y desafortunado, un casual pasar a preguntar por aquel enser o cualquier otro asunto que nunca viene a cuento de nadie, sólo vive para su obsesión. Ha de mantener la atención, poco a poco o de golpe, exigirla cuando no es capaz de disimular y vuelve a desenvolver sus artes de embaucador trasnochado, de dictador y amo abandonado.
Y allí se encuentra a la puerta hoy todos sus enseres y una orden de alejamiento en el buzón. Y encima, alrededor, hay que revestirse con una camisa de fuerza para aguantar.
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Cita Express
El calor nocturno aprieta la ciudad asfáltica, apenas refrescada desde camiones cisterna que provocan un olor a verano húmedo y ardoroso. El céntrico lugar donde han quedado, ella a su encuentro. Un taxi, prisas, desconocidos.
Baja del taxi y encuentra un hombre joven, alto y moreno, con gafas y cierto andar extraño que la llama por su nick. Ella pronuncia el de él, mientras es conducida a un edificio indescriptible. Recovecos y pasillos hasta un ascensor en el que él la atrae hacia si. Olor a perfume masculino en cantidades industriales la está mareando. Siente un bulto enorme mientras formula un clásico ¿llevas pistola o es que te alegras de verme? Risas, una planta de destino, puertas abiertas de ascensor. El la sujeta con un brazo, mientras abre la puerta de entrada a un despacho diminuto y de decoración anticuada. Coloca una pistola, en efecto, sobre el escritorio. Muebles sin gusto, apenas escritorio, silla, un sofá y un espejo. Otra puerta que él abre. Una cama un espejo arriba del techo y el espejo del despacho que es un cristal diáfano desde este otro lado. Otra puerta, un baño.
Se lanzan sin preámbulos sobre la cama, soltándose la ropa. Su enorme pene está durísimo. Viagra, sin duda. Ella no consigue excitarse. El olor del perfume apesta de forma casi nauseabunda mientras sólo es penetrada, follada y follada sin delicadeza alguna. Una y otra vez, incansablemente, una posición, luego otra, hasta que ya hastiada se siente un objeto, un agujero, y sólo quiere acabar el juego que ya le harta y hastía. El sigue excitado, infatigable, la cama se rompe con sus embestidas y ella decide que ya es hora de marcharse mientras amanece.
Una ducha juntos y le dice que es guardaespaldas, que quiere volver a verla, que tiene un hijo y está separado, que le encantan su coño y sus tetas.
Y a pesar de la ducha aún sigue sintiendo aquel perfume asfixiante intoxicando su piel durante el trayecto de vuelta. Hasta nunca.
Baja del taxi y encuentra un hombre joven, alto y moreno, con gafas y cierto andar extraño que la llama por su nick. Ella pronuncia el de él, mientras es conducida a un edificio indescriptible. Recovecos y pasillos hasta un ascensor en el que él la atrae hacia si. Olor a perfume masculino en cantidades industriales la está mareando. Siente un bulto enorme mientras formula un clásico ¿llevas pistola o es que te alegras de verme? Risas, una planta de destino, puertas abiertas de ascensor. El la sujeta con un brazo, mientras abre la puerta de entrada a un despacho diminuto y de decoración anticuada. Coloca una pistola, en efecto, sobre el escritorio. Muebles sin gusto, apenas escritorio, silla, un sofá y un espejo. Otra puerta que él abre. Una cama un espejo arriba del techo y el espejo del despacho que es un cristal diáfano desde este otro lado. Otra puerta, un baño.
Se lanzan sin preámbulos sobre la cama, soltándose la ropa. Su enorme pene está durísimo. Viagra, sin duda. Ella no consigue excitarse. El olor del perfume apesta de forma casi nauseabunda mientras sólo es penetrada, follada y follada sin delicadeza alguna. Una y otra vez, incansablemente, una posición, luego otra, hasta que ya hastiada se siente un objeto, un agujero, y sólo quiere acabar el juego que ya le harta y hastía. El sigue excitado, infatigable, la cama se rompe con sus embestidas y ella decide que ya es hora de marcharse mientras amanece.
Una ducha juntos y le dice que es guardaespaldas, que quiere volver a verla, que tiene un hijo y está separado, que le encantan su coño y sus tetas.
Y a pesar de la ducha aún sigue sintiendo aquel perfume asfixiante intoxicando su piel durante el trayecto de vuelta. Hasta nunca.
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miércoles, 23 de mayo de 2012
Escuela Canina
El agua puede hacer desaparecer todo lo que conocimos, todo aquello en lo que alguna vez creímos.
Canina anda la escuela, caninos todos, perros y apedreados, a perro flaco todo son pulgas.
Las encuestas y el recuento de votos son sólo un videojuego, quizá un videoclip también, una distracción de la atención, preparatorio de los últimos hachazos previos al derribo del árbol de la coherencia y el último reducto del sentido ¿común? No, sólo humano si alguna vez lo fuimos con esa presunción de dignidad.
Aquel tipo me cae bien, pero a su alrededor se afilan colmillos y cuchillos al respeto bajo el mismo juego que llaman democracia y que a unos permite sobrarse y otros pasarse. Devuelvan al erario público el dinero y las esperanzas truncadas en desesperanza.
Aquel otro se arruga donde apenas hace unos instantes clamaba vehemente con el sonido más alto que se usa para tener razón.
Lady Gaga es lo que se lleva, viva el Marketing para todos que el poder de las masas está en manos de las grandes corporaciones.
Escuela canina, huérfana y canina, perros de Pávlov entrenados para el futuro.
Canina anda la escuela, caninos todos, perros y apedreados, a perro flaco todo son pulgas.
Las encuestas y el recuento de votos son sólo un videojuego, quizá un videoclip también, una distracción de la atención, preparatorio de los últimos hachazos previos al derribo del árbol de la coherencia y el último reducto del sentido ¿común? No, sólo humano si alguna vez lo fuimos con esa presunción de dignidad.
Aquel tipo me cae bien, pero a su alrededor se afilan colmillos y cuchillos al respeto bajo el mismo juego que llaman democracia y que a unos permite sobrarse y otros pasarse. Devuelvan al erario público el dinero y las esperanzas truncadas en desesperanza.
Aquel otro se arruga donde apenas hace unos instantes clamaba vehemente con el sonido más alto que se usa para tener razón.
Lady Gaga es lo que se lleva, viva el Marketing para todos que el poder de las masas está en manos de las grandes corporaciones.
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sábado, 19 de mayo de 2012
Intermitencias
Otro día más transcurría entre pucheros, órdenes y desconciertos propios. Los fines de semana o días de descanso también seguían siendo entregados a la intendencia, a alimentar una prole y mantener el precario equilibrio que exige una familia en tiempos individualistas. En la mediana edad, esa que uno siempre tiene, justo y en la mitad, somos piedra de toque del tiempo y juzgamos jóvenes o viejos a nuestra escala y semejanza.
El transfondo mental transcurría en un magma creado entre sortear los escollos económicos, cada vez más numerosos y peligrosos, salir corriendo y dejarlo todo y mantener un estado de semi-ensoñamiento en su imaginación que alternaba con dosis de pragmática realidad en medio de aquella cocina llena de trabajo.
La soledad invadida, pero nunca compartida, era el marco en el que se movía laboralmente, familiarmente, socialmente.
Un día libre entre semana, al cruzar el umbral de aquella librería, se tropezó con él. Una disculpa divertida mirando a los ojos, un comentario, otra mirada, un despiste, una distraída atención que el lenguaje no verbal supo interpretar y captar antes que su propia consciencia.
Sin demasiado interés pero con cierta cortesía amistosa comenzaron a llamarse, luego a escribirse y algún tiempo después a quedar de tarde en tarde, pues siempre era complicado encajar horarios laborales. En común una enorme soledad limítrofe, mientras seguían siendo a la vez perfectos desconocidos.
Fraguando su propia esencia de miedos y deseos secretos, sin amor, sin continuidad, apenas en unos encuentros que no guardaban orden ni concierto, pero quizá sólo era que podían ser ellos mismos por primera vez después de tantos años, exhibidos ante el otro como forma de autocomplacencia y afirmación, ún camino distinto al que era y al que había sido. Otros yos.
Vericuetos y desincronización llevaron a encuentros cada vez más íntimos en los que el sexo se convertía en nexo y separación, resultaba tan complicado mantener objetivos comunes, descubrir a aquellas alturas de la vida regiones inexploradas y una personalidad sexual nunca ejercida. Pero también comprendían la muda certeza de su incompatibilidad en esas intermitencias que los separaban en el tiempo y el espacio.
Ella, activa, quiere explorarlo todo, ahora impúdica e imparable. Él, pasivo, cambio de roles y hormonas traicioneras, sólo quiere ser agasajado sexualmente, y aunque no entiende ni comparte la energía sexual que ella derrama sobre él, se deja llevar, en medio de una pasión desbordada de piel, olor, saliva, fluidos y estímulos visuales.
Han de inventar cada encuentro en una atemporalidad que continúa una historia imposible de confesiones comunes de sus vidas ajenas.
Por separado no encuentran el sentido de verse ni casi el momento de hacerlo, pero saben que volverán a encontrarse sin remedio, incluso sin sentido aparente, los encuentros intermitentes siguen una pauta no pactada y de limitada probabilidad presente y comprenden que buscan un instante de respiro en medio de sus vidas cada vez más anódinas.
El transfondo mental transcurría en un magma creado entre sortear los escollos económicos, cada vez más numerosos y peligrosos, salir corriendo y dejarlo todo y mantener un estado de semi-ensoñamiento en su imaginación que alternaba con dosis de pragmática realidad en medio de aquella cocina llena de trabajo.
La soledad invadida, pero nunca compartida, era el marco en el que se movía laboralmente, familiarmente, socialmente.
Un día libre entre semana, al cruzar el umbral de aquella librería, se tropezó con él. Una disculpa divertida mirando a los ojos, un comentario, otra mirada, un despiste, una distraída atención que el lenguaje no verbal supo interpretar y captar antes que su propia consciencia.
Sin demasiado interés pero con cierta cortesía amistosa comenzaron a llamarse, luego a escribirse y algún tiempo después a quedar de tarde en tarde, pues siempre era complicado encajar horarios laborales. En común una enorme soledad limítrofe, mientras seguían siendo a la vez perfectos desconocidos.
Fraguando su propia esencia de miedos y deseos secretos, sin amor, sin continuidad, apenas en unos encuentros que no guardaban orden ni concierto, pero quizá sólo era que podían ser ellos mismos por primera vez después de tantos años, exhibidos ante el otro como forma de autocomplacencia y afirmación, ún camino distinto al que era y al que había sido. Otros yos.
Vericuetos y desincronización llevaron a encuentros cada vez más íntimos en los que el sexo se convertía en nexo y separación, resultaba tan complicado mantener objetivos comunes, descubrir a aquellas alturas de la vida regiones inexploradas y una personalidad sexual nunca ejercida. Pero también comprendían la muda certeza de su incompatibilidad en esas intermitencias que los separaban en el tiempo y el espacio.
Ella, activa, quiere explorarlo todo, ahora impúdica e imparable. Él, pasivo, cambio de roles y hormonas traicioneras, sólo quiere ser agasajado sexualmente, y aunque no entiende ni comparte la energía sexual que ella derrama sobre él, se deja llevar, en medio de una pasión desbordada de piel, olor, saliva, fluidos y estímulos visuales.
Han de inventar cada encuentro en una atemporalidad que continúa una historia imposible de confesiones comunes de sus vidas ajenas.
Por separado no encuentran el sentido de verse ni casi el momento de hacerlo, pero saben que volverán a encontrarse sin remedio, incluso sin sentido aparente, los encuentros intermitentes siguen una pauta no pactada y de limitada probabilidad presente y comprenden que buscan un instante de respiro en medio de sus vidas cada vez más anódinas.
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O Así
Y así pasaron los años, la vida.
Ni preguntas ni no, tampoco nunca obtuvo respuesta alguna.
Había de asumir la indiscutible misión que uno se encuentra a cuestas antes de tener tiempo de huir.
Las historias siempre eran extrañas, siempre dispares, se daba cuenta de ello y reconocía cierta tendencia a encontrar siempre la misma contemplación de la soledad que, al fin y al cabo, sólo podía acabar aceptando. Acabaría escuchando y volviendo a escuchar, el diálogo estaba vetado en aquel don suyo de la escucha, todo oídos, siempre esa traicionera memoria capaz de recordar un nexo, un detalle que enlazaba una vez con otra, otra con una.
También era consciente de que aquellas amistades presuntas que mantuvo eran fruto de la asimetría y la conveniente comparación, nada como sentirse mejor que él en una inocente e igualmente odiosa comparativa. Sí, tal vez se cultivaba cierta lástima en todo aquello basada en una profunda inconsistencia.
Las preguntas sin respuesta, obviadas constantemente, a veces presuntamente respondidas en la vaguedad de lo inconsistente aupado a la categoría de sesuda respuesta vanagloriada de filosofado sentimiento.
No, sólo Ud. y yo desnudos, esos grandes desconocidos. Todo lo demás no sirve para nada.
Ni preguntas ni no, tampoco nunca obtuvo respuesta alguna.
Había de asumir la indiscutible misión que uno se encuentra a cuestas antes de tener tiempo de huir.
Las historias siempre eran extrañas, siempre dispares, se daba cuenta de ello y reconocía cierta tendencia a encontrar siempre la misma contemplación de la soledad que, al fin y al cabo, sólo podía acabar aceptando. Acabaría escuchando y volviendo a escuchar, el diálogo estaba vetado en aquel don suyo de la escucha, todo oídos, siempre esa traicionera memoria capaz de recordar un nexo, un detalle que enlazaba una vez con otra, otra con una.
También era consciente de que aquellas amistades presuntas que mantuvo eran fruto de la asimetría y la conveniente comparación, nada como sentirse mejor que él en una inocente e igualmente odiosa comparativa. Sí, tal vez se cultivaba cierta lástima en todo aquello basada en una profunda inconsistencia.
Las preguntas sin respuesta, obviadas constantemente, a veces presuntamente respondidas en la vaguedad de lo inconsistente aupado a la categoría de sesuda respuesta vanagloriada de filosofado sentimiento.
No, sólo Ud. y yo desnudos, esos grandes desconocidos. Todo lo demás no sirve para nada.
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