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sábado, 1 de abril de 2017

Nublado

Se ha ido cerrando la luz del día hasta constreñirse en una arrugada franja que sólo se perfila sobre la brillantez de los colores de árboles, lilas y algunas macetas floridas en las ventanas. El contraste sobre el gris cobalto acentúa la vibración lumínica del color hasta lo insospechado y el frío repentino y glaciar sorprende una primavera desnuda y exultante de gozo creador.

La ciudad se ha quedado casi desierta. Tardes de sábado muerto, de barrio muerto en calles vacías que transita un aire desapacible y triste, helado y duro.

Sirenas a lo lejos anuncian actividadades remotas e incógnitas, semáforos vacíos encienden y apagan su sincronismo neurótico sin coches ni peatones que los crucen.

Sucesos cotidianos y extraños como sombras ocultas que se ciernen y apagan luces, escamotean o usurpan posts, momentos de desasosiego y miedos atávicos ante amenazas remotas que nunca han cesado pese a los loores de la democracia y la libertad de expresión.

Tardes de espacio y tiempo, tan largamente soñados, como dice Proparoxítono de "edredón mío, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día", dulce momento de melancolía y sueños errantes en alertada soledad reflexiva y serena.

La luz siempre vuelve a resplandecer.

sábado, 8 de septiembre de 2012

Baksha

A estas "harturas" de la vida.

Aquí, seguía esperando el guiño de la fortuna esquiva que troque su mueca en sonrisa.

Uno cree ser único, especial y elegido para más altas cumbres y misiones, pero ésto se va pasando y dejando la dimensión rectangular de la tumba, lapidado en un profundo agotamiento.

La loca carrera de intentar cada día repetir el mismo error en la búsqueda, eterna y mortal, de completar un sentido, una entrega de sacrificado amor que no llega a ser más que inercia y temor, la vencida sin tercera, el estupor de la muerte al acabar de comprender la vida demasiado tarde.

Y allí me encontraba, bregando en enajenantes tareas, encontrando solución a embrollos y desidias, Teseo intrincado en laberintos sin la dicha de perecer ante el propio Minotauro sólo expuesta siempre a la mayor de la estupideces humanas, las jefaturas ignominiosas y los descalabros sin fin. El aliento de Júpiter en mis oídos ebrios de confianza para acabar siempre llegando al límite y sobrepasado éste una, mil, diez millones de veces, al fin rompía mi lealtad y ciega fe en la humana naturaleza, en la bondad infinita que habría de bendecir el sentido común y la paciencia, colmándolos de dones y parabienes. No, siempre acababa todo aquello tocado de una cobardía inepta embozada en una ramplona astucia.

Fagocito mi vida, devoro los segundos para producir más, para que el esfuerzo desbroce y allane el camino a transitar, para que algún día todo ésto sea suficiente. Pero nunca basta y nunca parará hasta devorarme por completo.

Proyecciones

El sol convierte el presente en una proyección infinita de fotones diferenciados entre absorciones y expulsiones cromatográficas y unas cuantas moscas en mis ojos cansados.

Puedo proyectar este momento en el futuro y en el pasado, sé que quisiera que fuera diferente pero las sensaciones de déjà vu me asaltan en un horrorizado reconocimiento de lo repetitivo que reconozco probable hasta en la visión de futuro.

La sequedad ocular, se suma al pellizco de náusea que me mantiene despierto en este ambiguo lugar donde represento una función, quizá la de una incógnita en una ecuación o un punto que tiende al infinito desconcierto, al absoluto aburrimiento.

Los silencios proyectan sombras en caulquier relación humana, siempre incierta y circunstancial, provocando miradas de reojo desconfiadamente, atisbando fantasmas y extraños sucesos de torcida interpretación y terribles significados.

Sostengo una mirada apantallada, recreo un absurdo morse con mi dedos sobre un teclado donde proyectar un borrador fallido de comunicación, un trance con mi córtex que abarca el vacío del ser, la insondable oscuridad bajo la que razona y mueve la mente hasta convertida en palabra.

viernes, 7 de septiembre de 2012

Carambola

Empecé a ir por allí casualmente, no me fijé demasiado pero él se dejó caer enseguida y con cierta timidez.

Tuve que volver a diario, no me daba tiempo de ir a comer a otro sitio, y él se fue adueñando de la situación poco a poco, era su medio, su lugar de trabajo, y estaba a sus anchas, y cuando me quise dar cuenta al cabo de un mes ya bromeabamos y teniamos una extraña complicidad.

Durante unos días no apareció y entonces me dí cuenta de que le echaba de menos, de que me había acostumbrado a su presencia y bromas que siempre me hacían reír. Al cabo de dos meses, se empeñó en presentarme a unas amigas suyas, convencido de que congeniaría con ellas de maravilla. Era tan amable y ocurrente, que me encontré aceptando su invitación.

La tarde en la que quedamos era la de un sábado aún cálido, y nos reunimos con otras tres chicas en un pub. Eran agradables. Percibí entonces algo que no había notado hasta entonces, y es que él estaba profundamente nervioso y desconcertado, algo fuera de lo habitual.

Después de una tarde correcta aunque algo simple, me despedí y no volví a verle hasta el siguiente lunes. Entonces le ví inusualmente triste y me confesó que estaba profundamente enamorado de una de las chicas y ella no le hacía caso.

Poco a poco las quedadas se fueron sucediendo y, aún no entiendo bien cómo, me encontré en medio de una historia que me daba igual pero en la que yo le estaba ayudando sin saber el porqué.

Y fue un miércoles, cuando me dirigía a comer de nuevo a aquel bar, comprendí claramente que me daba igual aquel tipo, su historia, su vida, su pasado o su futuro, y como no me interesaba en absoluto, ni encontraba un sólo motivo para seguir aguantándole, dí un giro que desvió mi trayectoria. 180º para siempre.

Sueños y Pesadillas

De la marea subiendo entre las rocas, rescatar los objetos dispersos sobre ellas, quizá una toalla ó algunas otras cosas que no identifico. El agua clara sobre negras rocas, inexorable marea que anega todo en ese mar extraño y transparente que asciende ya por mi cintura.


Ante la puerta, abriendo la puerta, detrás de la puerta. Está. El suelo lleno de moscas muertas y serrín, tienen que venir. La habitación no puede estar así.


En medio del edificio, la necesidad de cesar en aquella locura. Abrir otra puerta y andar hacia adelante sin rumbo, lejos, no volver a pensar en todo aquella maraña. Tanta energía desperdiciada, tanto ruido y tan pocos hechos. Sufrimiento gratuito, quizá todo sufrimiento lo es.


Un nuevo problema, ella estaba embarazada. Otra infanta coneja, mientras la música de las ferias recupera el calendario y oscila entre el retumbón y la copla aflamencada de cantantes y orquestas mercenarias.

sábado, 4 de agosto de 2012

Irreductible

Entre Agustina de Aragón y la doncella de Orleans, una Santa Teresa de incombustible convicción y palabra creyente.

Una mortaja de mortificación humana encendida de trascendidos ardores guerreros, otras veces, incluso, de carne humeante y olor a chamusquina.

Tantos frentes como estrellas, tantos como líneas surcan y circunvalan el cerebro, mas sin cejar en el empeño, antes la muerte, para seguir viviendo y enfrentando vientos no propicios, sin resignación posible, con el grito de la justicia en los ojos airados.

Una loca sin tratamiento posible, un ser extraño, enajenada en el pensamiento de la utopía como realidad patente y factible.

Un cuerpo doliente y descolocado al que no sabe donde poner tantas veces, un olvido de ese lugar por el pensamiento, su hogar donde vive y entre líneas asoma.

Y sin embargo, una sola palabra de desamor puede hundir toda esa flota irreductible.

miércoles, 1 de agosto de 2012

Efecto 2000

Una nueva vida en un remoto lugar. Nos trasplantamos en verano y comencé a llevar a cabo una labor intensa de retos mentales y búsqueda de soluciones. El horario de 7 a 15 horas permitía llevar a cabo el resto de las ocupaciones familiares y personales.

Me habían regalado un módem de 56 Kbps y me conectaba en casa escasamente un hora al día y a ratos perdidos.

Los meses fueron transcurriendo entre un ambiente laboral de amos y estómagos agradecidos que nunca pude comprender y menos compartir. Mi trabajo daba los resultados esperados por mí en la resolución de las necesidades operativas.

Fue llegando el otoño a aquel remoto lugar, donde las calles se fueron vaciando hasta de perros y sólo el viento constante las barría día y noche de las escasas hojas de exiguos árboles.

Días acortados y fríos, cada vez más helados, sobre una tierra dura, dura como el alma de sus habitantes. Pensar es peligroso.

Finalizaba 1999 y hacía meses que no se hablaba de otra cosa más que el efecto 2000 que podría provocar tantos y tan impensables problemas. Se invirtieron dotaciones para el estudio y resolución de los posibles y presuntamente catastróficos efectos. Finalizaba 1999 y comenzaba el 2000. No había sido para tanto, quizá para mucho menos o para nada.

El día 6 de enero pasamos el día, lejos del remoto lugar, con toda la familia. Recibí una llamada especial: un regalo. En ella se me comunicaba que el siguiente día laboral mi horario se cambiaba a jornada partida sin más explicaciones. Asombrada pregunté el motivo y el hecho de que no se me hubiera comunicado en la propia empresa el día anterior. Ninguna explicación.

Inicié un nuevo cometido profesional, ya solucionado el anterior, y me asignaron a una habitación atestada de papeles, facturas, dossieres que en mi nueva jornada partida llevó tres meses de trabajo. El ambiente enrarecido y cada vez más.

Los días fríos y duros, duros como el alma seca de esos seres que me rodeaban. Pensar es peligroso. Al terminar aquella tarea, no había más trabajo, no me daban más trabajo e inventaron cualquier escusa para tenerme como a un niño castigado delante de una pantalla, inventariando moscas.

Volvió la primavera tardía, cuando él tuvo un problema coronario debido al esfuerzo y turnos rotativos semanales mañana y noche, a las mentiras, al dolor de la incertidumbre, los sueños rotos de las promesas incumplidas. Pruebas e intervenciones en una ciudad apartada de aquel lugar. Le pude acompañar los días que estipulaba la ley.

Viernes tarde, salía de trabajar para ir deprisa al hospital, cuando me llamaron. "No vamos a renovarte el contrato, te vas al paro unos meses y luego te volvemos a coger". Sólo eso. Mi voz resonó vibrante; "No hace falta que me volváis a coger nunca. Tengo dos hijos, una familia, y merecen algo mejor que ésto".

Salí disparada a otra ciudad, hacia el hospital, sintiendo en mi diafragma una puñalada que me ahogaba. Mis ojos ya no miraban igual, no comprendía el motivo. ¿Qué más tenía que haber hecho? ¿Besarles el culo? Sólo hice mi trabajo bien ¿Entonces? Pensar y saber son peligrosos. Ser uno mismo también.

domingo, 22 de julio de 2012

Testamento

La enfermedad fue larga y penosa, la certeza constante de la única solución era que acabara cuanto antes y terminar de una vez tanto sufrimiento en una agonía que nunca aceptó resignado. Su carácter, genio y figura, se reveló aún si cabe más agrio e indómito, incapaz de prepararse para morir como también había sucedido con su vida y la que nos tocó junto a él. Ese padre estricto, maniático, dominante y tirano al que sólo supimos evitar con el tiempo, se nos moría y no se dejaba siquiera consolar.


En un supremo acto de madurez afectiva le cuidamos a turnos, conseguimos a duras penas que comiera y tomará la medicación que no pasará sólo aquel trance. El perdón infinito, la compasión ante el error que había cometido injustamente con todos y cada uno de nosotros, la pena por no poder ayudarle a llegar al fin en paz consigo mismo siquiera.

El testamento fue complicado de descifrar y aplicar entre posesiones y deudas contraídas, una sucesión de contradicciones, haberes y debes que no cuadraba.


Rebuscando papeles encontré las cartas, amarillas, casi pulverizadas dentro de una caja de puros habanos que aún guardaba su aroma oscuro e intenso, iban dirigidas a él pero también había otras que el había escrito, el remitente y el destinatario de unas y otras era el mismo nombre, nadie que yo como hermana mayor recordará de los parientes, amigos o conocidos de la familia.


Hablaban de un verano lejano, un viaje maravilloso, una diversión inolvidable para ir encontrando poco a poco, una a una, el nacimiento de una pasión desbordada y plagada de celos, ansias de un encuentro, quejas y reproches, reconciliaciones y despedidas ... Una correspondencia que abarcaba casi dos décadas y en las que nosotros ya existíamos.


No podía dar crédito a lo que leía, pero ante mis ojos iba apareciendo el hombre que verdaderamente fue mi padre y comencé a comprender todo el odio que había crecido dentro de él, esa vida de negación y obligados cumplimientos contra su propio ser y naturaleza.


La clave de toda nuestra historia, un error y una mentira. Destruí las cartas y nunca dije nada a mis hermanos.


Todos fuimos víctimas.

sábado, 21 de julio de 2012

La Mujer Desnuda

Siempre enredada en juegos infantiles, inconsciente del mundo masculino salvo por dos hermanos que la hacían rabiar, un niño extraño que, camino del colegio, hacía cosas raras y las asustaba a ella y sus amigas sin llegar a entender que le pasaba, sólo que tenían que salir corriendo. También una figura paterna y autoritaria. En aquella época sólo ellos llevaban los pantalones.

Sus hermanos murmuraban con secreto de vez en cuando, mientras miraban un cartel que un día acabó cayendo en sus manos y abrió, sin que la vieran. Una foto desplegable con la imagen de una mujer completamente desnuda salvo por los tacones, una mujer rubia de gesto exultante, con pezones rojos y un pubis depilado, y aunque ella aun no sabía bien que era lo que veía, sólo sintió que aquella cara de satisfacción, de poderosa diosa Afrodita, la impresionó. Ella se exhibía delante de hombres sin taparse ni mostrar preocupación alguna, sólo era admirada y deseada mientras en las caras del público al fondo de la foto se reflejaban expresiones de deseo, lascivia, codicia. Decidió entonces, secretamente, que también ella sería como esa mujer.

Comenzó, entonces, a ver una realidad que antes no existía y a ser consciente de su cuerpo, una necesidad cada vez más apremiante de explorarlo y medirlo, para saber si estaba en el camino. Luego vinieron otras exploraciones con alguna amiga que le enseñó caricias que le sorprendieron pero no le interesaban demasiado, aunque si le divertía compartir fantasías y sueños. Luego el primer chico, un idiota que la hizo llorar, luego muchos más. Con ellos compartía más caricias y juegos pero no aquellas fantasías ni sueños.

Tras broncas innumerables en su casa y dos implantes de pecho, para dar la talla, ahora trabaja en el Bagdad.

viernes, 20 de julio de 2012

Años

Nunca les pregunté los años que tienen, y aún así no dejaban de empapelar mis oídos de sus gratuitas opiniones. Cierto terror malamente ocultado, una ansiedad fagocitadora, entre los desencajados perfiles vistos venir cada vez más a menudo, aquellos pequeños seres atormentados que han de colocar su opinión para ser, para existir en alguna parte y, a ser posible, en mi mundo.

Soportadas con aburrimiento e infinita paciencia aquellas reclamaciones constantes de atención hasta que un día las líneas de lo permitido se sobrepasan y la estupidez lo invade todo. Así es la ignorancia, temeraria y soberbia.

Al cabo de aquellos años, siempre medidas: tiempo, espacio, constricciones y ubicación, le encontré sin búsqueda. Un hombre insospechado, un hombre de costumbres sencillas y complicadas reacciones químicas mentales. Algo tosco, falto de caricias y entrega. A veces meditabundo, otras exultante de alegría casi infantil, alguna otras taciturno y pesimista.

Abrí aquella caja que era yo misma, quería hacerlo aunque inconscientemente. Ofrecía y derramaba las flores y los frutos en los que me había convertido sobre él, el tiempo de la sazón, la plenitud del sexo y los sueños ocultos llenos de fantasías. Un nuevo yo donde encontrar el Jardín de las Delicias, el compañero de juegos y viajes, cómplice de los besos y las hondas conversaciones.

Sé que tenía ese potencial, pero las circunstancias nunca nos acompañaban.

Tres Incógnitas

La reducción se produjo en una sola tarde y en apenas tres horas, entre las 18 y las 21 horas. El calor apretaba repetinamente sin tiempo para decidirse por una indumentaria adecuada, bajando la cuesta, cruzando el parque en el que pájaros y niños pugnan en su algarabía.

De frente, por sorpresa, no, no esperaba verle y tardé unos segundos en componer mi extrañeza. Algo no cuadraba, pero su locuacidad me impedía despejar la incógnita planteada. Su vida ahora era más perfecta y tenía tiempo, tanto que no sabía que hacer con él. Me confesaba que seguía solo y que las compañías de los últimos tiempos habían resultado más peligrosas que insulsas y aquel calentón inicial había acabado de mala manera.

Contemplaba su cara mientras seguía desahogándose entre justificaciones, y repentinamente comprendí su vanidad aunque fui pudorosa. Pelo y cejas casi grisáceas mostraban ahora un oscuro y tono rojizo, el rostro terso en una mueca tensada de si mismo, aunque sus ojos seguían implorando la misma necesidad de tiempo, de compañía, de apurar el instante y prolongarlo, la necesidad de una vida común para empezar a llamarla propia. Sin cesar de hablar, de justificarse, de hacerse comprender. Un hombre al fin y al cabo.

Nos despedimos con cierto cariño y comprensión implícitos en los silencios, cierto deje de solidaridad y ánimo.

Avancé unos pocos pasos, y me encontré un pretérito anterior. Su tiempo ahora se llena de trabajo, no dejar espacio al tiempo ni a ninguna otra cosa, mejor solo que mal acompañado, se sigue defendiendo de la vida detrás de la mirada huidiza y una palabra fácil que desvía la conversación hacia donde más le conviene o al menos lejos de donde no quiere llegar.

El pasado es un lugar magnífico para recordar y encontrar nexos comunes que no comprometen en exceso a las partes, generalmente recuerdos casi idénticos aunque otras veces se convierten en versiones opuestas o datos fallidos. Su cuerpo enjuto algo más reseco, esconde cierto rictus resabiado entre un chorro de palabras a su alrededor que no permitirá llegar nunca al centro de quién quiera que alguna vez fue.

Ya es tarde, ya llega el autobús. Hasta pronto, a ver si nos vemos, pronto. Siempre "pronto" es la palabra mágica que nos hace sentir bien, aunque inconscientemente intuimos el largo e indeterminado lapso que el tiempo nos deparará.

Detrás de otras vidas, la propia, más cansada, menos segura, también el tiempo nos pasa por encima y ahora nos asalta y envuelve de miedos sorprendentes y hasta ahora desconocidos. Antes impensable: el miedo, ahora el suelo cotidiano que nos falla bajo los pies, la certeza del ser que se quiebra y de nada sirve ya y sin embargo nos obliga a seguir.

Siempre incógnitas por despejar.

martes, 10 de julio de 2012

Ave de Rapiña

Una mañana perdida en su memoria apareció, nítida, claramente, ante el hecho de que su vida sólo había girado entorno a él. Él, al que ella conocía mejor que nadie, él, que la atormentaba con sus indecisiones y cambios de humor, sus acciones hechas y deshechas, sus exigencias y arrumacos, esa media pasión agridulce llena de altibajos y sinsabores, él: primer y único hombre de su vida. Ponía toda su vida en él por ser lo único que conocía y lo único que quería conocer. Ave enjaulada en una vida, una casa, unos hijos, suficiente, de sobra.

Padres mayores, niña mimada, vida muelle y, desde hace muchos años, esto del matrimonio.

Pero aquella mañana el vacío del abismo se abria a sus pies, y lloró, gimió, maldijo y se desesperó por no haber podido, sabido, olido, darse cuenta de que él la había dejado. Primero fueron ausencias por viajes, luego algunas copas nocturnas, luego ya no hubo explicaciones.

Llamaba a sus socios para preguntarles y no obtenía respuestas ni siquiera en el móvil. Así que un dia se levantó dispuesta a investigar y reclamar lo suyo, y se presentó con alguna excusa en medio de la empresa en donde, rápidamente, la dejaron encargada a una secretaria que la atendería en todo. Susceptible, persistente, día a día siguió presentándose de forma que acabó consiguiendo un despacho. Los socios sugerían que debería hacerse cargo de los negocios y evitaban mencionar el paradero de aquel majadero que era, al fin y al cabo, como le llamaban.

Vivía cada segundo para obtener indicios de lo suyo: él. Aquel despacho la hundía en un sillón de cuero demasiado grande, la conectaba a un teléfono que jamás sonaba y a una ventana, donde imaginaba que lo volvería a ver. Tantas horas, tantos días pensando sin pensar.

Consultó a un vidente de fama que, fácilmente, le fue sonsacando datos y componiendo lo que ella sabía y todos sabían. Él, sí, él la había abandonado por otra, que típico, que clásico, pero no, escuche: no, no es culpa de él, es una mala mujer que lo retiene con sus artes, lo tiene encantado. Pero él volverá, sí, volverá humillado a sus pies, señora. Son 50.000 de las de antes. Ella salé llorosa, temblorosa de ira pero sonriente. Ella, sí, acabará triunfando.

Y así pasó el tiempo, sólo tenía que esperar. Y cuando volvió, hizo presa de él.

viernes, 6 de julio de 2012

Burros

La búsqueda diaria le llevo ante el anuncio de una buena nueva. Una página web de nombre sugerente que sonaba a abundancia y tesoros, una nueva dimensión en la ardua tarea para reinsertarse social y laboralmente, porque lo uno saca de lo otro. Grandes palabras, promesas de promesas inconmensurables, garantías de un posible éxito, y sobre todo una terapia con burros que corregiría cualquier desvío en la cadena a la que volver a engancharse.

Por fin, de nuevo, albricias, aprovechar el atasco para acabar de despertar a la irrealidad, ganar un sueldo que nunca da más que para ir tirando a base de quiebros y fintas, pagar con presteza y temor cada recibo ingente y facturas de astronómicas cifras y geométricas progresiones.

Compartir apariencias con otros seres en forma de consumo y felicidad instantánea e incuestionable.

La mujer de la limpieza frotó y frotó hasta que la pieza quedo impoluta, luego lo llaman arte.

Desasosiego

Bellos jóvenes, despreocupados, de elegancia adquirida a golpe de gimnasio y marca.

Charlaban animadamente y me llegaban algunos fragmentos de su conversación, entrecortados por el ruido de los motores detrás de la cristalera.

Y cierto horror llamó mi atención para seguir escuchando aquella discusión. Se hablaba vacía, fatua, tópicamente, cuestionando los cometidos, la acción y repercusión del Ministerio de Igualdad. "Habría que matarlas a todas", soltó con ligereza e inconsciencia aquel "joven", el mismo que durante toda la mañana se había quejado amargamente de su trabajo, pese a confesar entre risas lo nulo de su esfuerzo, y que se repartía entre los corrillos para hablar del "tengo" y "conozco" a toda costa. Los más jóvenes le miraron en silencio, algunos incluso con complicidad, por la "gracia" que había soltado. Todos callaban. Pero todos seguían hablando de coches, dinero, viajes, con una pasmosa seguridad.

Jóvenes ¿qué son el futuro?, no, ya son el presente. Jóvenes que salen para vivir un sueño nocturno de copas y apariencia, de conocerse los garitos de moda, frustrados por no ganar más ni poder volar más alto, ni más lejos, aún en el nido de no pensar, en la alergia eterna de sentir un compromiso con la realidad. "Y no puedo ir en el metro por que no aguanto el olor del sudor de los inmigrantes y los curritos".

Aquel "hombrecito" siguió haciendo el recuento de sus ex-novias como algo estupendo.

jueves, 5 de julio de 2012

El Frenazo

Una luz verde, una ámbar y una roja, no fueron suficientes. Algo en su interior saltó, una sustancia química nueva activó algún neurotransmisor hasta entonces desconocido o en desuso. El frenazo, el volantazo y allí se encontró delante de un lugar de nombre imposible, absurdo y paradisíaco de neones recortados formando siluetas femeninas. La necesidad de follar, la urgencia de sentir una piel nueva, o sólo sentir de nuevo. Sumergirse en aguas desconocidas y frescas para bucear lo inexplorado, lo propio más que lo ajeno, un bólido donde montar para escapar un instante.

El cree elegir pero ella lo capta con su mirada experta: nuevo, un no habitual, y le habla fresca e inocentemente para no espantarlo.

Alcohol, penumbra, proximidad, ligeras insinuaciones. Acción: una mano descuidada, un tirante que se baja, risas, roces perversamente inocentes le van acercando al verdadero objeto de sus deseos, hablar es una excusa formal, el sexo la finalidad.

Ella le incita, le excita, le gusta, sabe explorar todo su cuerpo de forma inesperada y experta, haciéndole perder ese sentido masculino y pesado que toda la vida le ha dominado y se convierte en un juguete entre sus manos, su lengua, sus dientes y sexo, se siente pasivo y mareado, una nueva dimensión, un yo sexual no expresado nunca, la sexualidad de macho a la caza es la única que ha conocido siempre. Y de pronto tiene miedo, un miedo cerval y atroz, a esta hembra que le somete y desconcierta, que le despoja de sus prejuicios, su pasado, toda su experiencia y los tira y pisotea. Se da cuenta de que no quiere tocarla, en realidad nunca quiso tocar a ninguna mujer, sólo ser satisfecho y pagar. Innecesaria la emoción compartida, volcado, al fin, en sus propio y desenfrenado orgasmo.

sábado, 23 de junio de 2012

Casi Nada

Casi te amo, casi dejo todo por tí, casi me he despertado del sueño.

Nada era lo que parecía cuando consulté el, desde hacia tiempo olvidado. mapa de mis sueños rotos.

Registré actividad sísmica alrededor de mi suelo y sólo eran hormonas desencadenando tempestades en mi cuerpo.

Me reí ante tí de mi puta calavera inoculada en mi propio veneno, mientras lloraba mares de sangre y hiel desbordados.

Un día me recogí del suelo y me acogí de nuevo en mi seno

Casi nada queda de aquello pero, pienso, luego quedo yo al menos.

viernes, 22 de junio de 2012

Esfuerzo Descompensado

El esfuerzo de cada día, de tantos años, contra viento y marea, contra todo pronóstico. Una fuerza de la naturaleza, una infinita y asombrosa capacidad de pensamiento y trabajo.

En sus manos, abierta, la carta que dice NO, sin más, sin sentido ni motivo. Dinero que se ahorran, sólo dinero, costes y ahorro efectivo.

Uno trabaja por el dinero, por el reto, por el trabajo pero también por el reconocimiento y/o la compensación.

Cada pocos días, cada semana recibía aquella frase, estamos mirando lo tuyo, tanto, tan mirado que acabó perdiéndose de vista. Ella no sacaba el asunto, la cortesía y la paciencia son virtud y profesionalmente no vale mendigar ¿o sí?

Mano de obra de lujo, capaz de mover el mundo a precio de saldo, el dinero se va a otros bolsillos en medio de viejos trucos de trilero. Qué Dios se lo pague, dijo la puta monja mientras Benedicto enseña los dientes en un poster fanático.

Deslizamientos

El teléfono volvió a sonar. No quería parecer ansioso, así que dejó que volviera a sonar y contestó con voz de estar profundamente ocupado en oto asuntos de inexcusable importancia.

Las estrategias laborales son insospechadas, una histriónica representación que a veces se rompe y saltan los alambres y rellenos del muñeco empresarial, incluso a veces le saltan a uno un ojo. Y hablando de ojos, sentía de nuevo aquella desapacible sensación detrás del derecho. Sabía el significado de aquellos síntomas inequívocos, ineludibles, el desprendimiento de retina se repetiría con aquella tensión ocular,

Era un hombre pequeño y rojizo, de cuellos de camisa obsoletos y amarillentos, su profesión de perro amaestrado le había dado para ir escalando puestos, a veces oler alguna entrepierna, otras lamer algún culo. Sus modales delataban una contención sexual que escapaba a veces por el rabillo de su ojos y la comisura de sus labios en forma de saliva, una saliva presta a deglutir a su presa, aunque nunca llegaba a manifestarse abiertamente. Apenas una mirada turbia y aviesa aparecía durante unos segundos como poso de aquella reacción química abortada.

Las reuniones rayaban siempre al borde de la tarde, en la crítica hora donde no había comido casi ninguno. Aquello formaba parte de la presión en las negociaciones, hambre, prisa por irse, tensión añadida. Generalmente imperaba el tedio de todos los sentidos, incluido el común, y se entraba en empecinadas discusiones sobre el significado de palabras y hasta la colocación de comas o puntos que abocaban en la interpretación disyuntiva de los conceptos.

A veces me encontré cerrando los ojos, extenuada, profundamente desinteresada en aquella experiencia colectiva falta de consistencia y solidaridad, vacía de respeto y unión. Arduas negociaciones, frases frontón, vuelta a empezar, negativas, y aquellos deslizamientos fantasmas que misteriosamente acababan reduciendo a lo jíbaro las ínfimas subidas salariales.

Pasaron los años y volví a encontrarlo, escalones abajo y vencido, relegado de su antiguo poder y posición a un siniestro despacho en el que no sabía que debería hacer, esperando la ineludible patada que sabía vendría en cualquier momento aunque no de dónde.

domingo, 17 de junio de 2012

Desnudo

Siempre me sorprendió encontrar nada bajo su piel. Apenas a veces un impulso loco, un arranque repentino para alejarse de aquella muerte en vida que llevaba comedidamente.

Y a pesar de sentirme en su boca, su sexo y sus fluidos mientras recorría mi cuerpo convulsamente sentía, sin embargo, que no estaba allí. No estaba conmigo. Los silencios son demasiado elocuentes cuando no existen palabras sentidas que decir.

La despedida siempre me traía un regusto amargo, un par de lágrimas sostenidas detrás de los ojos, hay que ser valiente. Hoy también. Una promesa a mi misma de no volver nunca a verle. Pero los sueños siempre nos traicionan, y siempre volvía a intentarlo un poco más cerca del sueño para volver a perderlo otra vez.

El calor se respira como fiebre en el nocturno agosto, Milton Nascimento pone besos partidos a cada interrogante, a cada punto suspensivo que asalta el miedo a la equivocación, a cambiar la inercia del destino para abrazar por completo la soledad. Envolver mi propia locura, mi propios sentidos desconocidos, un mundo que explorar a solas, demasiado tarde.

Un Pobre Hombre

A pulsos con la vida, siempre aparecía algun iluso empeñado en otorgarle superdotaciones y altares cuando bastante tenía con sus solas dudas, oscilando entre las más intrínsecas y un entusiasmo que no tardaría en ser aplacado por la mediocridad y las mentiras. Sobrevivía al tedio de conversaciones que pugnaban encontrar un sentido dentro del mismo círculo forzando un circunflejo acento para la propia autoafirmación.

La maldad siempre atisbaba cercana, animales recelosos de territorios y cuotas públicas, el terror y sus múltiples advocaciones, la segregación por edad, raza, sexo, condición y el ansia del poder por controlar opinión e información.

Nacer de culo no fue sino la premonición de lo que vendría después. Sobrevivir a la locura, instaurada como status quo, remar en un barco de locos y ser tirado por la borda una y otra vez, con un destino prefijado de volver a intentar subir de nuevo para intentar permanecer en la normalidad, navegando un sólo mar sin isla desierta donde refugiarse. Todos los paraísos perdidos.

El amor hacía tiempo que se había disipado como una niebla que todo llegó a cubrir de onírico bálsamo, mientras la acritud se concretaba mordiente en la pesada carga del egoísmo ajeno, el entontecimiento en que tantos se amparan para lampar sus anchas.

Y aun así recibía visos y señales, golpes de pecho y plegarias, súplicas para que prestará su atención a aquellos ricos y poderosos que se empeñaban en que fuera su profeta y mesías.