No era la primera vez que asistía a mentiras y obviedades, a palabras que no terminaban de decirse para acabarse desdiciendo. Ese había resultado el lugar convertido por los adultos en mundo.
Jerarcas que eludían su responsabilidad, dineros esfumados e inflados que acaban en una frase campechana: "aquí no pasa ná", monarquías que costaron más que valieron. Acuerdos y acercamientos tardíos, mientras en los barrios abundan de pobres que esperan cerca de los cubos de basura y contenedores para hurgar una última oportunidad.
No ya no vale, basta de prostituir asambleas populares en anuncios de telefonía, basta de crear sueños y esperanzas en tecnocracias quirúrgicas que se ensañan y extirpan órganos vitales, basta de crear inútiles seres que sólo saben depender del consumo nutricio.
Trabajos no remunerados como flotador de las familiares economías menguantes.
Esta no es la primera vez, los principios están ocultos y se van desvelando selectivamente a dosis calculadas cada década, aprovechando a intercalarse antes de la llegada de la nueva crisis, ajustando que gobiernos conducen al desastre y, una vez ejecutado, que gobiernos intervienen en recoger los trozos rotos para reajustarlos a la baja.
Noticias inamovibles que no traen nada nuevo ni nada bueno.
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jueves, 17 de mayo de 2012
Principios Ocultos
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viernes, 9 de marzo de 2012
Un Último Reducto
A la deriva, traidos al pairo, a flote o a duras penas. Pero nada de sufrir por lo inabarcable, lo inalcanzable y lo imposible si poder respirar, pensar, ver y oír ya es suficiente.
La ropa que llevo pasará perfectamente otro invierno más, perfecto. Comer cada día menos en un hartazgo en medio de la superabundancia ociosa y pretenciosa que esconde buscadores hambrientos entre sus basuras detras de locales abarrotados de productos masivos con etiquetas de eterna felicidad: nuevo, oferta, ecológico, ahorro entre clientes ansiosos por llenar carros cada vez más enormes.
Tener que tener, soy infeliz tengo seis coches, soy infeliz no tengo ninguno, una especie animal desgraciada y desquiciada por el exceso y su democratizado acceso, estás dentro o fuera. Si consumes existes, si dejas de consumir nada vales y desapareces.
Nuevos niños ricos con zapatos nuevos, educación para hijos que serán futuros ministros en paro, el status medido en el escaparate, el vacío de verguenza por codiciar más y cada vez más deprisa.
La frugalidad y la moderación, esas cosas que predicaban nuestros abuelos. Generar lo que se necesita, el trabajo manual, gente pobre no necesita criado, eso que sigue existiendo en tres cuartas partes del mundo y de las cuales dos mueren por inanición. Resistencia al bombardeo mediático y la consunción del consumo.
Insaciables y feroces, muertos de hambre fagocitadora e instantánea, seguimos nuestra perfecta autotortura que consigue que suframos eternamente y nos importe más lo que dejamos de tener que lo que tenemos convertidos en Sísifos y Danaides y Prometeos modernos.
No es posible leer todos los libros, escuchar todas las músicas, estar a la útima de todo siempre, ser eternamente joven, haber visitado todos los países y hablar todas las lenguas, haber probado todas las cocinas, beber todas las bebidas, y que la vida sea un parque de atracciones, y por supuesto, ni mucho menos, tampoco un valle de lágrimas. Naturaleza humana, ¿vivir es sufrir o el hedonismo es la meta?
Nadie interesado en que hay detrás, debajo ni al fondo. pero si en la urgencia de no perder la oportunidad, la ocasión, rebaja y ser más listo que su vecino, su primo o su padre, ser la puta envidia de los demás, un deporte asaz conocido y practicado por pobres de espíritu.
Y es que cuando uno no puede ser otra cosa es sólo lo que posee.
La ropa que llevo pasará perfectamente otro invierno más, perfecto. Comer cada día menos en un hartazgo en medio de la superabundancia ociosa y pretenciosa que esconde buscadores hambrientos entre sus basuras detras de locales abarrotados de productos masivos con etiquetas de eterna felicidad: nuevo, oferta, ecológico, ahorro entre clientes ansiosos por llenar carros cada vez más enormes.
Tener que tener, soy infeliz tengo seis coches, soy infeliz no tengo ninguno, una especie animal desgraciada y desquiciada por el exceso y su democratizado acceso, estás dentro o fuera. Si consumes existes, si dejas de consumir nada vales y desapareces.
Nuevos niños ricos con zapatos nuevos, educación para hijos que serán futuros ministros en paro, el status medido en el escaparate, el vacío de verguenza por codiciar más y cada vez más deprisa.
La frugalidad y la moderación, esas cosas que predicaban nuestros abuelos. Generar lo que se necesita, el trabajo manual, gente pobre no necesita criado, eso que sigue existiendo en tres cuartas partes del mundo y de las cuales dos mueren por inanición. Resistencia al bombardeo mediático y la consunción del consumo.
Insaciables y feroces, muertos de hambre fagocitadora e instantánea, seguimos nuestra perfecta autotortura que consigue que suframos eternamente y nos importe más lo que dejamos de tener que lo que tenemos convertidos en Sísifos y Danaides y Prometeos modernos.
No es posible leer todos los libros, escuchar todas las músicas, estar a la útima de todo siempre, ser eternamente joven, haber visitado todos los países y hablar todas las lenguas, haber probado todas las cocinas, beber todas las bebidas, y que la vida sea un parque de atracciones, y por supuesto, ni mucho menos, tampoco un valle de lágrimas. Naturaleza humana, ¿vivir es sufrir o el hedonismo es la meta?
Nadie interesado en que hay detrás, debajo ni al fondo. pero si en la urgencia de no perder la oportunidad, la ocasión, rebaja y ser más listo que su vecino, su primo o su padre, ser la puta envidia de los demás, un deporte asaz conocido y practicado por pobres de espíritu.
Y es que cuando uno no puede ser otra cosa es sólo lo que posee.
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