Hace demasiados años que sabe la respuesta y, de hecho, ya ni siquiera toma como propios los problemas, que son más bien circunstancias ajenas a si mismo, a su voluntad, pero con las que convive como algo inevitable y algunas veces algo más molestamente que otras. Fiel a si mismo aunque leal hacia los demás. Sólo el silencio es el espacio, el estado en el que quiere estar, la placidez y la tranquilidad, el sosiego, pero todos gritan y se desgañitan hablando de todo y de nada, de si mismos una vez y todas, aduciendo que todo está mal, es censurable y susceptible de ser convertido en queja, discusión o simplemente convertido en argumento subjetivo.
Si simplemente dice que es su aniversario, la respuesta será: "y el de mi prima, el de mi abuelo e incluso el de cualquier vecino" y la conversación tomará derroteros tan remotos como indeseables. Aún peor es la adulación y la apelación a la vanidad, asuntos que siempre incumben al favor, la llamada de atención y la manipulación como armas veladas de quién los emplea con presumibles fines. Ninguna comprensión, ningún respeto ni deseo de comunicación, nulas empatía y objetividad en el entendimiento, imposible convivencia. Compulsión a la egolatría y al compadecimiento propio, nuevos narcisos atrapados en una pretendida libertad social y personal que pretenden, a toda costa, reflejar su imagen como semejanza del mundo.
Le aburren, aunque nunca da indicios de ello, y lleva tantos años haciéndolo tan bien que casi ya no lo nota ni él. Últimamente, anda un tanto preocupado pues a fuerza de expulsar fuera malos rollos, pesados y egoístas, también está dejando de lado muchos recuerdos y hasta algunos pensamientos propios. Se siente más liviano, algo más feliz tal vez, pero le da miedo perder recuerdos aunque en realidad ya no le hacen falta. El pasado, ese pesado compañero de viaje, que dicen imprescindible para el aprendizaje y la experiencia y del que a esta edad ha decidido soltar amarras como de un lastre inútil. Del futuro no habla, sólo quiere ser lo que es, este momento presente, mientras los demás le vigilan, alarmados, por su pretensión de fuga de la irrealidad.
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viernes, 8 de junio de 2012
Consciencia
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reflexión,
relato
viernes, 9 de marzo de 2012
Un Último Reducto
A la deriva, traidos al pairo, a flote o a duras penas. Pero nada de sufrir por lo inabarcable, lo inalcanzable y lo imposible si poder respirar, pensar, ver y oír ya es suficiente.
La ropa que llevo pasará perfectamente otro invierno más, perfecto. Comer cada día menos en un hartazgo en medio de la superabundancia ociosa y pretenciosa que esconde buscadores hambrientos entre sus basuras detras de locales abarrotados de productos masivos con etiquetas de eterna felicidad: nuevo, oferta, ecológico, ahorro entre clientes ansiosos por llenar carros cada vez más enormes.
Tener que tener, soy infeliz tengo seis coches, soy infeliz no tengo ninguno, una especie animal desgraciada y desquiciada por el exceso y su democratizado acceso, estás dentro o fuera. Si consumes existes, si dejas de consumir nada vales y desapareces.
Nuevos niños ricos con zapatos nuevos, educación para hijos que serán futuros ministros en paro, el status medido en el escaparate, el vacío de verguenza por codiciar más y cada vez más deprisa.
La frugalidad y la moderación, esas cosas que predicaban nuestros abuelos. Generar lo que se necesita, el trabajo manual, gente pobre no necesita criado, eso que sigue existiendo en tres cuartas partes del mundo y de las cuales dos mueren por inanición. Resistencia al bombardeo mediático y la consunción del consumo.
Insaciables y feroces, muertos de hambre fagocitadora e instantánea, seguimos nuestra perfecta autotortura que consigue que suframos eternamente y nos importe más lo que dejamos de tener que lo que tenemos convertidos en Sísifos y Danaides y Prometeos modernos.
No es posible leer todos los libros, escuchar todas las músicas, estar a la útima de todo siempre, ser eternamente joven, haber visitado todos los países y hablar todas las lenguas, haber probado todas las cocinas, beber todas las bebidas, y que la vida sea un parque de atracciones, y por supuesto, ni mucho menos, tampoco un valle de lágrimas. Naturaleza humana, ¿vivir es sufrir o el hedonismo es la meta?
Nadie interesado en que hay detrás, debajo ni al fondo. pero si en la urgencia de no perder la oportunidad, la ocasión, rebaja y ser más listo que su vecino, su primo o su padre, ser la puta envidia de los demás, un deporte asaz conocido y practicado por pobres de espíritu.
Y es que cuando uno no puede ser otra cosa es sólo lo que posee.
La ropa que llevo pasará perfectamente otro invierno más, perfecto. Comer cada día menos en un hartazgo en medio de la superabundancia ociosa y pretenciosa que esconde buscadores hambrientos entre sus basuras detras de locales abarrotados de productos masivos con etiquetas de eterna felicidad: nuevo, oferta, ecológico, ahorro entre clientes ansiosos por llenar carros cada vez más enormes.
Tener que tener, soy infeliz tengo seis coches, soy infeliz no tengo ninguno, una especie animal desgraciada y desquiciada por el exceso y su democratizado acceso, estás dentro o fuera. Si consumes existes, si dejas de consumir nada vales y desapareces.
Nuevos niños ricos con zapatos nuevos, educación para hijos que serán futuros ministros en paro, el status medido en el escaparate, el vacío de verguenza por codiciar más y cada vez más deprisa.
La frugalidad y la moderación, esas cosas que predicaban nuestros abuelos. Generar lo que se necesita, el trabajo manual, gente pobre no necesita criado, eso que sigue existiendo en tres cuartas partes del mundo y de las cuales dos mueren por inanición. Resistencia al bombardeo mediático y la consunción del consumo.
Insaciables y feroces, muertos de hambre fagocitadora e instantánea, seguimos nuestra perfecta autotortura que consigue que suframos eternamente y nos importe más lo que dejamos de tener que lo que tenemos convertidos en Sísifos y Danaides y Prometeos modernos.
No es posible leer todos los libros, escuchar todas las músicas, estar a la útima de todo siempre, ser eternamente joven, haber visitado todos los países y hablar todas las lenguas, haber probado todas las cocinas, beber todas las bebidas, y que la vida sea un parque de atracciones, y por supuesto, ni mucho menos, tampoco un valle de lágrimas. Naturaleza humana, ¿vivir es sufrir o el hedonismo es la meta?
Nadie interesado en que hay detrás, debajo ni al fondo. pero si en la urgencia de no perder la oportunidad, la ocasión, rebaja y ser más listo que su vecino, su primo o su padre, ser la puta envidia de los demás, un deporte asaz conocido y practicado por pobres de espíritu.
Y es que cuando uno no puede ser otra cosa es sólo lo que posee.
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lunes, 6 de febrero de 2012
Faroleros
Cantaba una canción infantil madrileña:
"Soy el farolero de la Puerta 'l Sol,
cojo mi escalera y enciendo el farol.
Después de encendido, me pongo a contar
y siempre me sale la cuenta cabal ..."
Los nuevos faroleros de Madrid venden La Farola (p.e.), apenas una portada presentida en su mano mientras cada vez se extienden más y más gracias a una pobreza sin eufemismos ni ambages de crisis. Das lo que puedas por un "periódico" que queda como excusa para mantener una dignidad precursora de la mendicidad y que, tácitamente, no reclamarás pues no es que no se venda, es que no se entrega ni resulta necesario.
Apenas unas monedas después de un día entero para sujetar el estómago hoy y llegar al de mañana. Sincero agradecimiento por entregar una moneda mirando a los ojos, tocando la mano, dando una palabra amable de consuelo que se convierte en un momento de humanidad universal.
Quisiera poder ayudar siempre pero son tantos...
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