En un cajón ordena fragmentos que componen su vida insospechada y que dejará después de su existencia para que otros los encuentren y tal vez la recompongan. Allí están antiguas fotos, con diversos peinados y modas pero, más joven o más vieja, sus ojos delatan quién es y ha sido, quizá el gesto cansado traiciona y vela ligeramente el rostro.
Aparta algunos objetos inservibles, un bolígrafo recuerdo de Chile que ya no funciona, un recogedor de pelo, bueno éste lo rescata por si alguna vez ... No sabe, tampoco tiene mucho sentido dejar crecer ese pelo de animal que se va apagando, cada vez más canas, cada vez menos ganas de vivir como se supone que toca hacerlo. Inaceptable resignación de pesada digestión, mientras sigue hurgando el cajón que contiene esos breves retazos inconexos, quizá debería acompañarlo de un guión o unas instrucciones para que sea comprensible alguna vez a alguien. Un diario vacío con tres hojas arrancadas, en las que escribió algún poema ya muerto y arrojado a la basura. Algunos collares y pendientes, talismanes y fetiches que usó en algún momento de vanidad y coquetería.
Una piedra pequeña de olivina, una diminuta concha y una flor seca, recuerdos, enterrados entre otros recuerdos amontonados, ésto se puede tirar, ésto no.
Ha recuperado las tarjetas de donante de órganos y de ojos para meterlas en la cartera y llevarlas en el bolso, al menos algo importante.
A medida que pasan los años el contenido del cajón se va reduciendo y se va distanciando de cada objeto, de cada recuerdo. Y así sucede con su mente, se va vaciando de tormentos y emociones para dejar sólo pasar el sol para permitir ver y calentar los huesos y la piel. Poco más hace falta.
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miércoles, 13 de junio de 2012
miércoles, 9 de mayo de 2012
Suya
Me quería, siempre lo hizo, a su manera, claro.
Me rodeaba con sus brazos y, desafiando al mundo, decía: "eres mía".
Arrebatador, aquel rapto de todos mis sentidos y persona que me otorgaba una dimensión única, un orgullo de hembra, aunque inconscientemente algo en el fondo de mi mente saltaba y ponía en funcionamiento un sistema de alerta límbica en la delgada línea que separa el dolor del placer, el amor del odio, la vida de la muerte., pero en sus brazos olvidaba.
Algo inexplicable me ocurría, sólo sabía que era él, sin explicaciones, sin razonamientos posibles, algo animal: instinto y olfato, buscaba su rastro en el aire, en el hueco de la cama, en el color de las plantas que regaba, en el recuerdo de como mi cuerpo adquiría dimensiones desconocidas cuando el suyo abría caminos inexplorados en él. Suya, yo sólo podía ser suya, no importaba que no me dedicase una caricia dulce, una mirada de cariño, un poco más de tiempo, ya lo haría.
El volverá a tratarme con esa pasión que yo sé que tiene, no importa que a veces haya sobresaltos o alguna bofetada, me quiere, sólo es que está cansado, demasiado estrés, los problemas, pero sé que acabará volviendo el amor, ese que todo lo perdona, como yo le perdono.
Ya no salgo a la calle, ni siquiera hay comida, y él sólo vuelve a dormir y a veces ¿o es siempre? me da puñetazos, patadas mientras me insulta. Sólo espero que no se acerque, que se vaya, pero también vivo pendiente de cuando va a volver y aunque no sé porqué empieza todo otra vez sólo quisiera hacerme pequeña e inadvertida, poder desaparecer.
Hoy no se ha ido y mientras me viola, me sigue pegando sin parar. He intentado apartarme y he tropezado con la mesilla, me he golpeado la sien. Contengo la respiración mientras una charco de sangre caliente se entiende bajo mi cabeza, duele tanto, todo duele, el cuerpo, el corazón, el vientre, las manos, los ojos hinchados de llanto y golpes, las cicatrices y los moratones, la vida es una náusea permanente que se clava en cada respiración, pero ahora no respiro, inmóvil me he quedado en el suelo según he caído. Como loco ha empezado a andar de un lado a otro, mientras sigue gritando y rompiendo todo a su paso, sé que puede ser el fin de mi vida, quizá es lo que quiero que todo acabe y por eso no respiro. Un portazo.
No ha vuelto hoy ni tampoco ayer, pero no puedo irme ni moverme. El teléfono suena ¿Y si es él? Debo cogerlo o quizá no, vuelve a sonar, cuatro, cinco veces. Si intento arrastrarme podría volver, ¿y si no se ha ido y me vigila? Tiro del cable, y escucho que llaman de la comisaría y preguntan por familiares de ....
Se le han encontrado flotando en el Manzanares.
Me rodeaba con sus brazos y, desafiando al mundo, decía: "eres mía".
Arrebatador, aquel rapto de todos mis sentidos y persona que me otorgaba una dimensión única, un orgullo de hembra, aunque inconscientemente algo en el fondo de mi mente saltaba y ponía en funcionamiento un sistema de alerta límbica en la delgada línea que separa el dolor del placer, el amor del odio, la vida de la muerte., pero en sus brazos olvidaba.
Algo inexplicable me ocurría, sólo sabía que era él, sin explicaciones, sin razonamientos posibles, algo animal: instinto y olfato, buscaba su rastro en el aire, en el hueco de la cama, en el color de las plantas que regaba, en el recuerdo de como mi cuerpo adquiría dimensiones desconocidas cuando el suyo abría caminos inexplorados en él. Suya, yo sólo podía ser suya, no importaba que no me dedicase una caricia dulce, una mirada de cariño, un poco más de tiempo, ya lo haría.
El volverá a tratarme con esa pasión que yo sé que tiene, no importa que a veces haya sobresaltos o alguna bofetada, me quiere, sólo es que está cansado, demasiado estrés, los problemas, pero sé que acabará volviendo el amor, ese que todo lo perdona, como yo le perdono.
Ya no salgo a la calle, ni siquiera hay comida, y él sólo vuelve a dormir y a veces ¿o es siempre? me da puñetazos, patadas mientras me insulta. Sólo espero que no se acerque, que se vaya, pero también vivo pendiente de cuando va a volver y aunque no sé porqué empieza todo otra vez sólo quisiera hacerme pequeña e inadvertida, poder desaparecer.
Hoy no se ha ido y mientras me viola, me sigue pegando sin parar. He intentado apartarme y he tropezado con la mesilla, me he golpeado la sien. Contengo la respiración mientras una charco de sangre caliente se entiende bajo mi cabeza, duele tanto, todo duele, el cuerpo, el corazón, el vientre, las manos, los ojos hinchados de llanto y golpes, las cicatrices y los moratones, la vida es una náusea permanente que se clava en cada respiración, pero ahora no respiro, inmóvil me he quedado en el suelo según he caído. Como loco ha empezado a andar de un lado a otro, mientras sigue gritando y rompiendo todo a su paso, sé que puede ser el fin de mi vida, quizá es lo que quiero que todo acabe y por eso no respiro. Un portazo.
No ha vuelto hoy ni tampoco ayer, pero no puedo irme ni moverme. El teléfono suena ¿Y si es él? Debo cogerlo o quizá no, vuelve a sonar, cuatro, cinco veces. Si intento arrastrarme podría volver, ¿y si no se ha ido y me vigila? Tiro del cable, y escucho que llaman de la comisaría y preguntan por familiares de ....
Se le han encontrado flotando en el Manzanares.
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viernes, 9 de marzo de 2012
Un Último Reducto
A la deriva, traidos al pairo, a flote o a duras penas. Pero nada de sufrir por lo inabarcable, lo inalcanzable y lo imposible si poder respirar, pensar, ver y oír ya es suficiente.
La ropa que llevo pasará perfectamente otro invierno más, perfecto. Comer cada día menos en un hartazgo en medio de la superabundancia ociosa y pretenciosa que esconde buscadores hambrientos entre sus basuras detras de locales abarrotados de productos masivos con etiquetas de eterna felicidad: nuevo, oferta, ecológico, ahorro entre clientes ansiosos por llenar carros cada vez más enormes.
Tener que tener, soy infeliz tengo seis coches, soy infeliz no tengo ninguno, una especie animal desgraciada y desquiciada por el exceso y su democratizado acceso, estás dentro o fuera. Si consumes existes, si dejas de consumir nada vales y desapareces.
Nuevos niños ricos con zapatos nuevos, educación para hijos que serán futuros ministros en paro, el status medido en el escaparate, el vacío de verguenza por codiciar más y cada vez más deprisa.
La frugalidad y la moderación, esas cosas que predicaban nuestros abuelos. Generar lo que se necesita, el trabajo manual, gente pobre no necesita criado, eso que sigue existiendo en tres cuartas partes del mundo y de las cuales dos mueren por inanición. Resistencia al bombardeo mediático y la consunción del consumo.
Insaciables y feroces, muertos de hambre fagocitadora e instantánea, seguimos nuestra perfecta autotortura que consigue que suframos eternamente y nos importe más lo que dejamos de tener que lo que tenemos convertidos en Sísifos y Danaides y Prometeos modernos.
No es posible leer todos los libros, escuchar todas las músicas, estar a la útima de todo siempre, ser eternamente joven, haber visitado todos los países y hablar todas las lenguas, haber probado todas las cocinas, beber todas las bebidas, y que la vida sea un parque de atracciones, y por supuesto, ni mucho menos, tampoco un valle de lágrimas. Naturaleza humana, ¿vivir es sufrir o el hedonismo es la meta?
Nadie interesado en que hay detrás, debajo ni al fondo. pero si en la urgencia de no perder la oportunidad, la ocasión, rebaja y ser más listo que su vecino, su primo o su padre, ser la puta envidia de los demás, un deporte asaz conocido y practicado por pobres de espíritu.
Y es que cuando uno no puede ser otra cosa es sólo lo que posee.
La ropa que llevo pasará perfectamente otro invierno más, perfecto. Comer cada día menos en un hartazgo en medio de la superabundancia ociosa y pretenciosa que esconde buscadores hambrientos entre sus basuras detras de locales abarrotados de productos masivos con etiquetas de eterna felicidad: nuevo, oferta, ecológico, ahorro entre clientes ansiosos por llenar carros cada vez más enormes.
Tener que tener, soy infeliz tengo seis coches, soy infeliz no tengo ninguno, una especie animal desgraciada y desquiciada por el exceso y su democratizado acceso, estás dentro o fuera. Si consumes existes, si dejas de consumir nada vales y desapareces.
Nuevos niños ricos con zapatos nuevos, educación para hijos que serán futuros ministros en paro, el status medido en el escaparate, el vacío de verguenza por codiciar más y cada vez más deprisa.
La frugalidad y la moderación, esas cosas que predicaban nuestros abuelos. Generar lo que se necesita, el trabajo manual, gente pobre no necesita criado, eso que sigue existiendo en tres cuartas partes del mundo y de las cuales dos mueren por inanición. Resistencia al bombardeo mediático y la consunción del consumo.
Insaciables y feroces, muertos de hambre fagocitadora e instantánea, seguimos nuestra perfecta autotortura que consigue que suframos eternamente y nos importe más lo que dejamos de tener que lo que tenemos convertidos en Sísifos y Danaides y Prometeos modernos.
No es posible leer todos los libros, escuchar todas las músicas, estar a la útima de todo siempre, ser eternamente joven, haber visitado todos los países y hablar todas las lenguas, haber probado todas las cocinas, beber todas las bebidas, y que la vida sea un parque de atracciones, y por supuesto, ni mucho menos, tampoco un valle de lágrimas. Naturaleza humana, ¿vivir es sufrir o el hedonismo es la meta?
Nadie interesado en que hay detrás, debajo ni al fondo. pero si en la urgencia de no perder la oportunidad, la ocasión, rebaja y ser más listo que su vecino, su primo o su padre, ser la puta envidia de los demás, un deporte asaz conocido y practicado por pobres de espíritu.
Y es que cuando uno no puede ser otra cosa es sólo lo que posee.
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domingo, 26 de febrero de 2012
Principios de la Monarquía
Una vez se ha aprendido a decir NO y a decir MÍO, es pan comido y merendado.
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