La perfecta razón, el supremo equilibrio. Mi vida. Y ahora aquel ser inacabado venía a acusarme de sus desgracias, a reclamar lo suyo, lo que quiera fuese.
Sí, mi vida perfecta, mi profundo conocimiento de mi mismo, calculadas mis respuestas, el dominio preciso de mi tiempo se fundieron en negro ante aquella iracundia que esgrimía y amenazaba con acabar con todo mi proceso mental, esa composición magistral que alcancé tras largos años de estudio, calculadas y sobrias costumbres, productivo e infatigable trabajo.
Intoxicado de poder, loco, demasiado joven como para haber aprendido algo y menos aún haberlo comprendido. Mi indiferencia inicial dió lugar a la compasión y hasta algunas teorías explicativas. De éstas pasé al odio hacia aquel ser equivocado e imperfecto que tenía la osadía de reprender mi trabajada perfección.
Aquel triste idiota que osaba sentarse en el despacho que hubiera debido ser mío en justicia. Ese pequeño monstruo que exhibe cada día su coche y hace ostentación de su dedicación y de ser imprescindible a la compañía .
La confusión y la agitación se han ido apoderando de mi fuero interno. Me siento infinitamente más viejo, más desconcertado, nunca antes esto me había sucedido. Toda mi vida de constante y lógica progresión ascendente y esfuerzos siempre acordes a las expectativas y viceversa.
Un mudo grito se resiste en mi garganta, por soltar de viva voz el secreto que todos saben y es común, ha de serlo sin duda. No es posible que nadie lo vea, llevamos demasiado tiempo callando en estos nuevos y agresivos tiempos de estrategias que ahora atacan, empleando nuevos arietes contra la razón y el sentido común en personajes carentes por completo de toda empatía, escrúpulos y experiencia humana.
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miércoles, 13 de junio de 2012
Fuero Interno
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domingo, 10 de junio de 2012
Juventud Divina
Sus bellos ojos delatan la distancia de la exclusión, un cierre de filas entorno al clan de la edad idónea y los intereses comunes: argot y freakismo, son la consigna.
Dicen que uno no es nunca demasiado rico ni demasiado delgado, tal vez nunca demasiado joven pero sí, sin duda, demasiado mayor y así sus ojos me lo declaran de forma atemorizada y hostil. No, no pretendo quitarles su derecho a no contemplar el resto del mundo que no se haya hecho a su imagen y semejanza. No pretendo que miren el error de nuestras vidas construidas erróneamente sobre palabras en desuso: sacrificio, compromiso, esperanza, mañana, pero sin ellas no habrían llegado nunca a este lugar desde donde me miran indolentes, desafiantes amos del Paraíso que no existe para mí y por ello a mis ojos ocultan.
Adolescencias eternas, cambios de planes, meteorología del corazón, pero poco a poco inciden en la dinámica previsible. Unos escapan de malas hierbas tempranamente encendidas. Otros experimentan nacimientos sorprendidos y boquiabiertos, aquellos dan un vuelco a su vida o al globo terráqueo, mientras otros quedan en el limbo de alguna sustancia indebida y nociva.
El mundo, aun al revés, sigue siendo el mismo viejo planeta.
Dicen que uno no es nunca demasiado rico ni demasiado delgado, tal vez nunca demasiado joven pero sí, sin duda, demasiado mayor y así sus ojos me lo declaran de forma atemorizada y hostil. No, no pretendo quitarles su derecho a no contemplar el resto del mundo que no se haya hecho a su imagen y semejanza. No pretendo que miren el error de nuestras vidas construidas erróneamente sobre palabras en desuso: sacrificio, compromiso, esperanza, mañana, pero sin ellas no habrían llegado nunca a este lugar desde donde me miran indolentes, desafiantes amos del Paraíso que no existe para mí y por ello a mis ojos ocultan.
Adolescencias eternas, cambios de planes, meteorología del corazón, pero poco a poco inciden en la dinámica previsible. Unos escapan de malas hierbas tempranamente encendidas. Otros experimentan nacimientos sorprendidos y boquiabiertos, aquellos dan un vuelco a su vida o al globo terráqueo, mientras otros quedan en el limbo de alguna sustancia indebida y nociva.
El mundo, aun al revés, sigue siendo el mismo viejo planeta.
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