El esfuerzo de cada día, de tantos años, contra viento y marea, contra todo pronóstico. Una fuerza de la naturaleza, una infinita y asombrosa capacidad de pensamiento y trabajo.
En sus manos, abierta, la carta que dice NO, sin más, sin sentido ni motivo. Dinero que se ahorran, sólo dinero, costes y ahorro efectivo.
Uno trabaja por el dinero, por el reto, por el trabajo pero también por el reconocimiento y/o la compensación.
Cada pocos días, cada semana recibía aquella frase, estamos mirando lo tuyo, tanto, tan mirado que acabó perdiéndose de vista. Ella no sacaba el asunto, la cortesía y la paciencia son virtud y profesionalmente no vale mendigar ¿o sí?
Mano de obra de lujo, capaz de mover el mundo a precio de saldo, el dinero se va a otros bolsillos en medio de viejos trucos de trilero. Qué Dios se lo pague, dijo la puta monja mientras Benedicto enseña los dientes en un poster fanático.
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viernes, 22 de junio de 2012
miércoles, 13 de junio de 2012
Horario
Veía como las horas se resistían a abandonar aquel recinto azulado. A veces la perspectiva se hacía infinita cuando sumía sus ojos en una lejanía inexistente, pero siempre acababa en un golpe cortante y brusco para volver al punto presente y cortoplacista de una visión cercana.
La boca se le ha secado, otro día sin hablar con nadie, el despacho es así, a veces nadie viene, no llaman y ni siquiera escriben. A veces no hace falta nada, ni nadie. Un día no hace falta ni él.
Intentará un regreso aferrado a un diario cualquiera, una distracción cualquiera, mezclando desconfianza y un oculto interés a su alrededor mientras una nube de incógnito le resguarda.
Una habitación le espera, no una casa, no una familia, ni siquiera una pareja y tampoco una mascota. Su mundo, sus pertenencias, todo se reduce a una maleta, también el pasado se guarda en ella.
M volvió a entrar en el juego del trabajo dos meses después, quizá había perdido algo pero no recordaba bien el qué.
Llegó dispuesto a hablar otra vez, lleno de explicaciones y anécdotas. La oficina parecía espaciosa y la gente amable, pero había olvidado cortarse las uñas y eso era algo que le martirizaba. Entro en la cocina y uso las tijeras que en ella había, alguién le vió pero no le importó demasiado.
Una semana después oscilaba entre tomar infinitas y caóticas notas inconexas y dormitar ante las explicaciones de un compañero que intentaba explicarle la aplicación que debía usar. No, algo no estaba bien, pero no pasaba nada, todos parecían amables ...
Los primeros viernes de cada mes solían dar un pequeño refrigerio y él estaba encantado con ese ponerse las botas y gratis. Podía, incluso, intentar algún acercamiento a alguna compañera con la que intentar algo más con un poco de suerte. Pero el resto de los días, aquel horario hasta las tantas era insufrible y se dedicaba a hacer una fotosíntesis ectoplásmica en un medio que cada vez se le iba haciendo más hostil. Los compañeros no eran ya tan amables, incluso se atrevían a reconvenirle en alguna ocasión. Había algunos corrillos con risas que se helaban cuando él pasaba.
Algo no iba bien, pero él seguía mirando cada vez más cerca y como un perro hambriento a aquellas compañeras cuyas blusas marcaban provocadores pechos, eso es lo que ellas buscaban sin duda, las muy zorras. Casí podía oler sus coños húmedos.
Cuando recibió la visita de un responsable de RRHH en su propia mesa y ante la vista de todos sus compañeros, suplicó, gritó y amenazó, ante aquella cara atónita, con que si le despedían tendrían que buscarle otro trabajo.
Algo no iba bien, pero él no volvió a ser consciente.
La boca se le ha secado, otro día sin hablar con nadie, el despacho es así, a veces nadie viene, no llaman y ni siquiera escriben. A veces no hace falta nada, ni nadie. Un día no hace falta ni él.
Intentará un regreso aferrado a un diario cualquiera, una distracción cualquiera, mezclando desconfianza y un oculto interés a su alrededor mientras una nube de incógnito le resguarda.
Una habitación le espera, no una casa, no una familia, ni siquiera una pareja y tampoco una mascota. Su mundo, sus pertenencias, todo se reduce a una maleta, también el pasado se guarda en ella.
M volvió a entrar en el juego del trabajo dos meses después, quizá había perdido algo pero no recordaba bien el qué.
Llegó dispuesto a hablar otra vez, lleno de explicaciones y anécdotas. La oficina parecía espaciosa y la gente amable, pero había olvidado cortarse las uñas y eso era algo que le martirizaba. Entro en la cocina y uso las tijeras que en ella había, alguién le vió pero no le importó demasiado.
Una semana después oscilaba entre tomar infinitas y caóticas notas inconexas y dormitar ante las explicaciones de un compañero que intentaba explicarle la aplicación que debía usar. No, algo no estaba bien, pero no pasaba nada, todos parecían amables ...
Los primeros viernes de cada mes solían dar un pequeño refrigerio y él estaba encantado con ese ponerse las botas y gratis. Podía, incluso, intentar algún acercamiento a alguna compañera con la que intentar algo más con un poco de suerte. Pero el resto de los días, aquel horario hasta las tantas era insufrible y se dedicaba a hacer una fotosíntesis ectoplásmica en un medio que cada vez se le iba haciendo más hostil. Los compañeros no eran ya tan amables, incluso se atrevían a reconvenirle en alguna ocasión. Había algunos corrillos con risas que se helaban cuando él pasaba.
Algo no iba bien, pero él seguía mirando cada vez más cerca y como un perro hambriento a aquellas compañeras cuyas blusas marcaban provocadores pechos, eso es lo que ellas buscaban sin duda, las muy zorras. Casí podía oler sus coños húmedos.
Cuando recibió la visita de un responsable de RRHH en su propia mesa y ante la vista de todos sus compañeros, suplicó, gritó y amenazó, ante aquella cara atónita, con que si le despedían tendrían que buscarle otro trabajo.
Algo no iba bien, pero él no volvió a ser consciente.
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Fuero Interno
La perfecta razón, el supremo equilibrio. Mi vida. Y ahora aquel ser inacabado venía a acusarme de sus desgracias, a reclamar lo suyo, lo que quiera fuese.
Sí, mi vida perfecta, mi profundo conocimiento de mi mismo, calculadas mis respuestas, el dominio preciso de mi tiempo se fundieron en negro ante aquella iracundia que esgrimía y amenazaba con acabar con todo mi proceso mental, esa composición magistral que alcancé tras largos años de estudio, calculadas y sobrias costumbres, productivo e infatigable trabajo.
Intoxicado de poder, loco, demasiado joven como para haber aprendido algo y menos aún haberlo comprendido. Mi indiferencia inicial dió lugar a la compasión y hasta algunas teorías explicativas. De éstas pasé al odio hacia aquel ser equivocado e imperfecto que tenía la osadía de reprender mi trabajada perfección.
Aquel triste idiota que osaba sentarse en el despacho que hubiera debido ser mío en justicia. Ese pequeño monstruo que exhibe cada día su coche y hace ostentación de su dedicación y de ser imprescindible a la compañía .
La confusión y la agitación se han ido apoderando de mi fuero interno. Me siento infinitamente más viejo, más desconcertado, nunca antes esto me había sucedido. Toda mi vida de constante y lógica progresión ascendente y esfuerzos siempre acordes a las expectativas y viceversa.
Un mudo grito se resiste en mi garganta, por soltar de viva voz el secreto que todos saben y es común, ha de serlo sin duda. No es posible que nadie lo vea, llevamos demasiado tiempo callando en estos nuevos y agresivos tiempos de estrategias que ahora atacan, empleando nuevos arietes contra la razón y el sentido común en personajes carentes por completo de toda empatía, escrúpulos y experiencia humana.
Sí, mi vida perfecta, mi profundo conocimiento de mi mismo, calculadas mis respuestas, el dominio preciso de mi tiempo se fundieron en negro ante aquella iracundia que esgrimía y amenazaba con acabar con todo mi proceso mental, esa composición magistral que alcancé tras largos años de estudio, calculadas y sobrias costumbres, productivo e infatigable trabajo.
Intoxicado de poder, loco, demasiado joven como para haber aprendido algo y menos aún haberlo comprendido. Mi indiferencia inicial dió lugar a la compasión y hasta algunas teorías explicativas. De éstas pasé al odio hacia aquel ser equivocado e imperfecto que tenía la osadía de reprender mi trabajada perfección.
Aquel triste idiota que osaba sentarse en el despacho que hubiera debido ser mío en justicia. Ese pequeño monstruo que exhibe cada día su coche y hace ostentación de su dedicación y de ser imprescindible a la compañía .
La confusión y la agitación se han ido apoderando de mi fuero interno. Me siento infinitamente más viejo, más desconcertado, nunca antes esto me había sucedido. Toda mi vida de constante y lógica progresión ascendente y esfuerzos siempre acordes a las expectativas y viceversa.
Un mudo grito se resiste en mi garganta, por soltar de viva voz el secreto que todos saben y es común, ha de serlo sin duda. No es posible que nadie lo vea, llevamos demasiado tiempo callando en estos nuevos y agresivos tiempos de estrategias que ahora atacan, empleando nuevos arietes contra la razón y el sentido común en personajes carentes por completo de toda empatía, escrúpulos y experiencia humana.
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lunes, 11 de junio de 2012
Perfil
Aquel perfil resultaba idóneo. Capaz, voluntarioso, amable, inteligente, confiable, con sentido del humor y del deber, incluso aunque nadie se lo pidiera. Presentaba todas las características afines a sus propósitos.
El primer paso había sido desinformar debidamente y crear una incertidumbre suficientemente sólida, nada mejor que la incomunicación y la negación para conseguirlo. La mayoría cree en que existe una democracia a todos los niveles y, por ese sueño, pasa toda su vida laboral perplejo.
El segundo refutar escuetamente y sin lugar a replica todo argumento, a ser posible con un sólo calificativo rozando levemente lo personal y que desarmara al adversario.
Y al fin el más delicioso, el más genuino grado de sofisticado control: a partir de la nada, del vacío mental generar expectación, algo que producía uno de los más culminantes placeres de la erótica del poder sobre las masas.
Mientras iban colocando zanahorias y minas, iniciaron algunos cantos de sirena hacia aquel perfil que tan repentinamente se sentía apreciado, tenido en cuenta, reconocido y, sorprendentemente, requerido de diálogo.
Aquella utopía podía ser ahora, la posibilidad de cambiar y mejorar las cosas desde dentro, tal vez también conseguir un sentimiento de pertenencia al grupo desde la necesidad de transformar su propia vida, incluida por supuesto una compensación económica aun de forma modesta.
Primero alabaron su colaboración inestimable, con carácter urgente y unas condiciones algo sacrificadas. El perfil habló y aceptó. Después, las condiciones ya no serían aquellas sino otras provisionales aunque igualmente, aceptó. La crisis recortante y exprimidora que a todos nos exige hombros arrimados, comprensión y buenas voluntades.
Llegaron sus vacaciones e improvisadamente, el perfil fue requerido para realizar una labor imprevista. Su primera reacción fue aceptar pero en función de condiciones que habría que determinar por lo extraordinario del caso, una ligera presión dado el sacrificio que creía justa. Conseguir unas mínimas condiciones que se estudiarían conforme a la exigencia. Un departamento lo pasó a otro, un jefe a otro y al cabo de varios días, la respuesta reposaba encima de una mesa donde ... no había respuesta ni condiciones, sólo el traspaso de aquellos días vacacionales interrumpidos a un periodo posterior. El apremio de lo administrativo se impuso y alguien recordó al perfil y decididió llamarle.
Segunda modificación de condiciones, segunda aceptación de ¿cuántas? Precedentes peligrosos, con buenas voluntades no se va a la compra. Comenzó a comprender e intuir la verdadera naturaleza, pero postpuso su respuesta unas horas. La jugada se representó nitidamente ante sus ojos: Trabajo sucio y mano de obra barata, pedir de forma que parecen venir dando, no había más, pero lo peor alguién estaba siendo pagado por tomar decisiones que no tomaba. Cogió el teléfono y llamó, la respuesta era "no", y expuso sus motivos quizá no a la persona adecuada, no, sólo a otro perfil.
La edad y la experiencia no son nunca suficientes aunque sirven para aumentar la capacidad de reacción.
El primer paso había sido desinformar debidamente y crear una incertidumbre suficientemente sólida, nada mejor que la incomunicación y la negación para conseguirlo. La mayoría cree en que existe una democracia a todos los niveles y, por ese sueño, pasa toda su vida laboral perplejo.
El segundo refutar escuetamente y sin lugar a replica todo argumento, a ser posible con un sólo calificativo rozando levemente lo personal y que desarmara al adversario.
Y al fin el más delicioso, el más genuino grado de sofisticado control: a partir de la nada, del vacío mental generar expectación, algo que producía uno de los más culminantes placeres de la erótica del poder sobre las masas.
Mientras iban colocando zanahorias y minas, iniciaron algunos cantos de sirena hacia aquel perfil que tan repentinamente se sentía apreciado, tenido en cuenta, reconocido y, sorprendentemente, requerido de diálogo.
Aquella utopía podía ser ahora, la posibilidad de cambiar y mejorar las cosas desde dentro, tal vez también conseguir un sentimiento de pertenencia al grupo desde la necesidad de transformar su propia vida, incluida por supuesto una compensación económica aun de forma modesta.
Primero alabaron su colaboración inestimable, con carácter urgente y unas condiciones algo sacrificadas. El perfil habló y aceptó. Después, las condiciones ya no serían aquellas sino otras provisionales aunque igualmente, aceptó. La crisis recortante y exprimidora que a todos nos exige hombros arrimados, comprensión y buenas voluntades.
Llegaron sus vacaciones e improvisadamente, el perfil fue requerido para realizar una labor imprevista. Su primera reacción fue aceptar pero en función de condiciones que habría que determinar por lo extraordinario del caso, una ligera presión dado el sacrificio que creía justa. Conseguir unas mínimas condiciones que se estudiarían conforme a la exigencia. Un departamento lo pasó a otro, un jefe a otro y al cabo de varios días, la respuesta reposaba encima de una mesa donde ... no había respuesta ni condiciones, sólo el traspaso de aquellos días vacacionales interrumpidos a un periodo posterior. El apremio de lo administrativo se impuso y alguien recordó al perfil y decididió llamarle.
Segunda modificación de condiciones, segunda aceptación de ¿cuántas? Precedentes peligrosos, con buenas voluntades no se va a la compra. Comenzó a comprender e intuir la verdadera naturaleza, pero postpuso su respuesta unas horas. La jugada se representó nitidamente ante sus ojos: Trabajo sucio y mano de obra barata, pedir de forma que parecen venir dando, no había más, pero lo peor alguién estaba siendo pagado por tomar decisiones que no tomaba. Cogió el teléfono y llamó, la respuesta era "no", y expuso sus motivos quizá no a la persona adecuada, no, sólo a otro perfil.
La edad y la experiencia no son nunca suficientes aunque sirven para aumentar la capacidad de reacción.
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