Eras una niña pequeña, viva y despierta,
tus ojos veían y amaban todo,
todo lo comprendías y aprendías con facilidad,
con felicidad: saber y comprender todo
¿qué podía ser mejor?
La necesidad de saber tanto como del aire,
como del agua.
Pero la mediocridad de muchos,
junto a la envidia de algunos,
te fue envolviendo
en una agonía de extrañeza.
Tú que tanto disfrutabas de aprender
y poder compartir ese saber
te viste abocada a limitación de tus profesores
y a su escarnio
por saber más que ellos,
al rídiculo y la burla de tus compañeros.
Y a cierta edad
comprendistes que sólo el aislamiento
podía librarte de esa exhibición de feria
a la que te sometían si te prestaban atención,
y diseñastes un traje mejor para pasar desapercibida
antes que ser obligada una y otra vez
por la crueldad de la estúpidez.
Y aquel mundo maravilloso, lleno de todo descubrimiento
se empezó a volver borroso y triste,
empañando tus ojos y tus días,
esos días y años que han pasado, ya eres una mujer,
la vida no ha sido fácil, llegaste a duras penas,
dolorosamente, a acabar
aquella estrecha formación
llamada académica
que resultaba tan insuficiente como aburrida
para tu voraz y absoluta filosofía.
Después vinieron los trabajos de crisis,
crisis de tres al cuarto,
cuarto de euro al día,
pese a que sabes tantas cosas
que la mayoría no imaginan,
pero sólo te queda esperar
el siguiente subempleo
de lo que sea y de lo que haya.
Meses de explotación seguidos
de meses de mayor desesperanza.
Eres un genio, eres superdotada,
pero tu mirada triste ya sólo muestra
el dolor lacerante
de todos tus recuerdos
encerrados en la única pregunta posible
¿por qué?
mentras esperas al fondo
en la cola del paro
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domingo, 17 de junio de 2012
Wendy
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Superdotados
jueves, 24 de mayo de 2012
Camisa de Fuerza
Se moría, no podía seguir ni un segundo más, aquella soledad que le oprimía y todo el pasado, su pasado que vuelve con todo el mal hecho pasando factura.
¿Cómo se puede apartar todo ese peso de su pecho? ¿ese ahogo que le sube aferrándose a su garganta?
Genes que aparecieron hace años en una cita inexcusable y ahora dominan por completo su ser inconsciente, falto de toda empatía y respeto.
Un interlocutor rápido, una excusa y un vínculo en el trance de muerte, incluso un fantasma que podría volver para reclamar atención.
Llevó todos sus disco y enseres y le dejó nombrado, de viva voz, heredero de sus tesoros que sólo para él lo eran. Imposible decir no, tampoco sí, parcial e irracional.
Los días transcurrieron entre un ingreso y otro, un episodio de exacerbar la realidad y poner al límite las competencias de las instituciones sanitarias. La exigencia que denota su propio apellido y estirpe. La doble faz que arroja reveladores datos sobre su comportamiento y manipulación de todo y de todos.
Fuera, otra vez fuera. Otra vez solo en los días plomizos que le derriban echando su nuca hacia atrás. Deambular por la casa helada, las paredes mudas pero incapaces de acallar los murmullos incesantes de su cabeza parlante.
Una nueva incursión a cualquier hora del día o la noche, intempestivo siempre, infausto y desafortunado, un casual pasar a preguntar por aquel enser o cualquier otro asunto que nunca viene a cuento de nadie, sólo vive para su obsesión. Ha de mantener la atención, poco a poco o de golpe, exigirla cuando no es capaz de disimular y vuelve a desenvolver sus artes de embaucador trasnochado, de dictador y amo abandonado.
Y allí se encuentra a la puerta hoy todos sus enseres y una orden de alejamiento en el buzón. Y encima, alrededor, hay que revestirse con una camisa de fuerza para aguantar.
¿Cómo se puede apartar todo ese peso de su pecho? ¿ese ahogo que le sube aferrándose a su garganta?
Genes que aparecieron hace años en una cita inexcusable y ahora dominan por completo su ser inconsciente, falto de toda empatía y respeto.
Un interlocutor rápido, una excusa y un vínculo en el trance de muerte, incluso un fantasma que podría volver para reclamar atención.
Llevó todos sus disco y enseres y le dejó nombrado, de viva voz, heredero de sus tesoros que sólo para él lo eran. Imposible decir no, tampoco sí, parcial e irracional.
Los días transcurrieron entre un ingreso y otro, un episodio de exacerbar la realidad y poner al límite las competencias de las instituciones sanitarias. La exigencia que denota su propio apellido y estirpe. La doble faz que arroja reveladores datos sobre su comportamiento y manipulación de todo y de todos.
Fuera, otra vez fuera. Otra vez solo en los días plomizos que le derriban echando su nuca hacia atrás. Deambular por la casa helada, las paredes mudas pero incapaces de acallar los murmullos incesantes de su cabeza parlante.
Una nueva incursión a cualquier hora del día o la noche, intempestivo siempre, infausto y desafortunado, un casual pasar a preguntar por aquel enser o cualquier otro asunto que nunca viene a cuento de nadie, sólo vive para su obsesión. Ha de mantener la atención, poco a poco o de golpe, exigirla cuando no es capaz de disimular y vuelve a desenvolver sus artes de embaucador trasnochado, de dictador y amo abandonado.
Y allí se encuentra a la puerta hoy todos sus enseres y una orden de alejamiento en el buzón. Y encima, alrededor, hay que revestirse con una camisa de fuerza para aguantar.
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