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domingo, 10 de junio de 2012

En El Desván

Entre mis parientes encontré espías rusos, sombrereros franceses e italianos anarquistas.

Encontré olvidos, rencillas, soberbias e iracundias, posesiones y usurpaciones.

Cajas de sombreros de tules apolillados, cajones de cómodas de caoba atestados de joyas improbables.

El brillo del cristal de roca y el olor de la madera del palo de rosa.

jueves, 24 de mayo de 2012

Camisa de Fuerza

Se moría, no podía seguir ni un segundo más, aquella soledad que le oprimía y todo el pasado, su pasado que vuelve con todo el mal hecho pasando factura.

¿Cómo se puede apartar todo ese peso de su pecho? ¿ese ahogo que le sube aferrándose a su garganta?

Genes que aparecieron hace años en una cita inexcusable y ahora dominan por completo su ser inconsciente, falto de toda empatía y respeto.

Un interlocutor rápido, una excusa y un vínculo en el trance de muerte, incluso un fantasma que podría volver para reclamar atención.

Llevó todos sus disco y enseres y le dejó nombrado, de viva voz, heredero de sus tesoros que sólo para él lo eran. Imposible decir no, tampoco sí, parcial e irracional.

Los días transcurrieron entre un ingreso y otro, un episodio de exacerbar la realidad y poner al límite las competencias de las instituciones sanitarias. La exigencia que denota su propio apellido y estirpe. La doble faz que arroja reveladores datos sobre su comportamiento y manipulación de todo y de todos.

Fuera, otra vez fuera. Otra vez solo en los días plomizos que le derriban echando su nuca hacia atrás. Deambular por la casa helada, las paredes mudas pero incapaces de acallar los murmullos incesantes de su cabeza parlante.

Una nueva incursión a cualquier hora del día o la noche, intempestivo siempre, infausto y desafortunado, un casual pasar a preguntar por aquel enser o cualquier otro asunto que nunca viene a cuento de nadie, sólo vive para su obsesión. Ha de mantener la atención, poco a poco o de golpe, exigirla cuando no es capaz de disimular y vuelve a desenvolver sus artes de embaucador trasnochado, de dictador y amo abandonado.

Y allí se encuentra a la puerta hoy todos sus enseres y una orden de alejamiento en el buzón. Y encima, alrededor, hay que revestirse con una camisa de fuerza para aguantar.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Guitarras

Suenan rasgadas en la noche, elevando "Alma, Corazón y Vida" a la quinta esencia del tipismo otra noche más. La actuación programada de antemano, la improvisación se deja a los espontáneos que, coreados de sus amigos, se lanzan al inexisitente escenario.

Fue una noche mágica, cuando el churrasco humeaba en las mesas y El Cóndor desplegaba su maduro y enérgico vuelo entre la cocina y la canción, siempre de buena gana, su atractiva presencia con ese leve deje de seductor y encantador hombre culto y vívido que ha amado mucho, que ha sufrido mucho.

Del alcohol que empapa sus besos tristes y desesperanzados, amigo de sus amigos, de sus hermanos desaparecidos por el horror humano, de una vida llena del amor sexual que ahora le falta, del largo, largo exilio, no se habla mientras sigue el patrón preestablecido de la actuación y calla sus gustos en favor de los del público, ese público variopinto que busca ser divertido para empezar a entretenerse. Él calla todos los cantos de la vida que esconde, hombre público retorciéndose en lo privado.

Esa noche el aforo no estuvo completo, no hubo espontáneos y el repertorio se cantó entero. Esa noche el público empezó a marcharse antes y quedamos pocos, tan pocos que podíamos hablar, escucharnos y mirarnos a los ojos, y entonces comenzó el verdadero concierto de la emoción, de los recuerdos, de la vida que hemos pasado y por donde hemos pasado. Y recuperamos nuestra memoria de almas tapiadas cuando Violeta Parra nos ponía sus versos eternos de nuevo en la voz y el tango más arrastrao nos tumbaba de amargura, en medio de una noche fría y protectora.

sábado, 19 de mayo de 2012

El Pasado

Cuando vuelve y te mira a los ojos el pasado, tal vez te sientas de nuevo perdido, inundado y azotado por los mismos sentimientos, o tal vez no. Sabrás entonces si algo ha cambiado en tí.

Marqué la distancia para adquirir el olvido, me impuse castigo y penitencia, yo que no creo en pecado ni dios que lo fundó.

Fui deshaciéndome de tí entre otros ojos, manos y caricias mecánicas tan ajenas al amor, a nosotros, a aquellos momentos de complicidad nocturna en que el mundo nos pertenecía por completo libres, locos y felices, despreocupados por unos instantes que llamamos eternidad, amamos nuestra libertad encontrada ante nosotros y reconocida por única, quizá última vez.

Perdida en los brazos de tu recuerdo como no espero ser abrazada de nuevo.

jueves, 3 de mayo de 2012

Curso

Marzo comenzó y apenas quince días bastaron para volver a fumar, tras unos meses de haber conseguido dejarlo para siempre, como siempre.

Inmersa en el curso, una oportunidad, un tren que pasa y hay que coger, lleve adónde lleve, incluso a ninguna parte. Pero el viaje no es ese, el viaje interior es donde el reto comienza en uno mismo hacia uno mismo. La dificultad estriba en su escasa autoestima, los vapuleos y avatares de la vida, una edad que nunca corresponde al resto del grupo, su forma de vida y escaso tiempo. 

Pero sigue, las horas de estudio se roban al sueño, los apuntes acompañan sus trayectos de ida y vuelta, las esperas y demoras, cualquier intervalo. Las preguntas, necesita preguntar porque necesita saber, comprender y conocer. 

Su vida ha dado un vuelco, el mundo previsible donde lleva tantos años pisando segura ya no existe. Pero al menos sigue aquel vínculo escaso, lejano pero único que mantiene su centro más íntimo en una conexión de sexo y comunicación casi sarisfechamente compartidos. El sexo oral, escrito, vibrado y sentido, imaginado y practicado, buscado y provocado, susurrado y rugido en la pasión. Escaso, lejano pero único. Un regalo de los dioses.

Los exámenes suceden sus días, intercalados entre horas interminables de clase que apenas dejan tiempo para estudiar. Intercambian correos ardientes, confesiones íntimas que abren caminos inexplorados pues nadie nunca supo tanto de ella, ni siquiera ella misma se había conocido así. Pero en el fondo sabe bien que es ella la que se da, la que se entrega una y otra vez, y maneja el timón de su imaginación. Siempre acaba sintiendo una inmediata y contenida necesidad de más, de todo, que provoca una leve decepción, el regusto en los labios de que no es suficiente. 

Y él también lo sabe en el sabor de sus besos en la despedida, cuando abre el correo y lee cada frase entre líneas, reproches mudos que él mismo se hace, pero es demasiado trabajo, demasiada entrega y dedicación, el miedo de perder la forma por el fondo, exige tanto que no puede encontrarlo en su interior. Y pergeña la despedida sin despedida, los encuentros asépticos en donde la emoción se evitará, sólo palabras validas pero también dentro de circunloquios donde evitará atravesar los terrenos de la piel, menos aún rozar los del alma desnuda. 

Ella estudia y estudia, la rutina se rompe con sus correos, a veces alguna llamada suya, quizá ya está acabando abril, otro año más, cuando abre en la pantalla su "carta", carta envenenada. Se siente rechazada, no comprende que es eso de compartir sin darlo todo, excusas, sólo comprende que son excusas y miedo. Se siente enferma, el pecho le duele, se ahoga, y el diagnóstico osteocondritis sólo se llama angustia. Pero sigue doloridamente hasta la meta, hacia ninguna parte, hacia ella misma, sólo esa es la razón y la única realidad, la deslealtad, el camino partido el nexo emocional roto y desvinculado.

Acepta sus reglas, comprende mejor que él quién es él mismo. Tal vez también se averguenza de su propia falta de orgullo y poder, pero comprende que él no es todo que incluso es poco más que nada.

Han pasado tres años, sus encuentros tardíos y previsibles siguen la costumbre de una promesa indeterminada en el futuro, una leve mención de él, una cortés declinación de ella. Un viejo y gastado cariño que no puede dar más de si. 

lunes, 12 de marzo de 2012

Reconocimiento

Nada quedó, apenas funcionan dos escaleras mecánicas: una de subida, otra de bajada, y un hilo musical fantasma, vestigio de otros tiempos de prosperidad ilusoria, de consumo anhelado y anhelante. La ciudad ha diezmado su población y apenas se ve ¿gente?, no ya no hay gente sólo individuos huidizos, esquivos y rápidos en sus movimientos desconfiados. El aire azota los corredores del centro comercial moviendo letreros rotos entre verjas oxidadas. Siguen aún legibles algunos letreros viejos, perdidos, rotos, antiguos, anunciando se vende, se alquila, esas cosas que solían hacerse antes de la gran revelación. Incomprensible vida ya acabada: trabajar, comprar, comprar, trabajar.

Botines arañados entre los cada vez más escasos incautos, rapiña como forma de vida, desconfianza y supervivencia.

Viejas fábricas vacías donde dejaron su tiempo tantos humanos.

Mi pantalla enfoca otro cartel: “Se vende este terreno” ¿Cómo es posible? ¿La tierra también se vendía?

viernes, 24 de febrero de 2012

Contemplaciones

Encontré espías rusos, sombrereros franceses e italianos anarquistas.

Olvidos, rencillas, soberbias e iracundias, posesiones y usurpaciones.

Cajas de sombreros de tules apolillados, cajones de cómodas de caoba atestados de joyas improbables.

El brillo del cristal de roca y el olor de la madera del palo de la rosa.

Un diente de oro que a veces rió y otras enseño los colmillos.

Un ombligo añejo y envuelto en papel de seda que indica origen, pertenencia y estirpe.

Sangre en una tarjeta plastificada que revela una adscripción a un grupo de condición mortal.

Fotos desvaídas que muestran jovenes que conocí viejos.

Heridas abiertas y cicatrices retorcidas de color blanquecino.

Un papel pintado de flores naranjas, un cuarto angosto y oscuro con una ventana a un patio de luces.


Un perfume indeleble que ya no existe y unas cuentas desperdigadas de cristal de roca, junto al recuerdo de una filosofal amatista perdida en mi recuerdo.


Historias ciertas, modificadas, recontadas, interpretadas u olvidadas, parciales e incompletas, pasadas o aprendidas.


También comportamientos que encuentro nuevos en mi, así sin más contemplaciones.