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viernes, 6 de julio de 2012

Burros

La búsqueda diaria le llevo ante el anuncio de una buena nueva. Una página web de nombre sugerente que sonaba a abundancia y tesoros, una nueva dimensión en la ardua tarea para reinsertarse social y laboralmente, porque lo uno saca de lo otro. Grandes palabras, promesas de promesas inconmensurables, garantías de un posible éxito, y sobre todo una terapia con burros que corregiría cualquier desvío en la cadena a la que volver a engancharse.

Por fin, de nuevo, albricias, aprovechar el atasco para acabar de despertar a la irrealidad, ganar un sueldo que nunca da más que para ir tirando a base de quiebros y fintas, pagar con presteza y temor cada recibo ingente y facturas de astronómicas cifras y geométricas progresiones.

Compartir apariencias con otros seres en forma de consumo y felicidad instantánea e incuestionable.

La mujer de la limpieza frotó y frotó hasta que la pieza quedo impoluta, luego lo llaman arte.

lunes, 4 de junio de 2012

Prisas

Ahora los días recorren rápidas estaciones apresurando años sin control. Todo rodaba preestablecidamente en felices días de crecimiento y esperanza sin sombras. Un mundo infantil y bello en el que podía aún procurar que el amor pusiera su magia en cada instante para convertirlo en un sueño, mi sólo sueño.

Quisiste coger la vida y hacerla tuya, a tu aire, siempre fue bastante complicado todo como para hacerlo más pero no escuchabas más que tus pulsaciones aceleradas y el afán por romperlo y dejarlo todo atrás. No dejes claro que me conoces cuando te busco y no te encuentro. No pretendas saberlo todo cuando nada me ha sido revelado ni siquiera a mí.

domingo, 27 de mayo de 2012

Tres Monos

El buscador pensaba, mientras el resto de las aplicaciones abiertas se quedaba colgado.
Delante de la pantalla, un minuto con la mirada perdida, la reflexión del ser, quién soy, dónde estoy, qué estoy haciendo o que me gustaría hacer en realidad. Un lunes más.
Habló y razonó lógica, secuencialmente. Los hechos eran patentes y tangibles los resultados de su gestión, pero el primer mono dijo "No hables, no hay dinero".


A su alrededor veía la dispar promoción de algunos empleados que llevaban escaso tiempo o con muchos menos logros que él. Eso sí, siempre fue consciente de que la adulación y el don de la oportunidad en el propio provecho nunca había entró en sus deberes laborales, ética profesional le llaman a esa gran desconocida. También observaba dispendios y despilfarros por doquier en cambios de moquetas, lámparas, algunos despachos, móviles de última generación y la flota de la empresa, los viajes de recompensa. Todo ello sólo para los elegidos. Pero el segundo mono dijo "No mires, no hay dinero".


Las murmuraciones, la envidia, el odio y la zancadillas, los chismes y rumores eran atmósfera y caldo de cultivo en aquel escaparate donde habían transcurrido sus 30 años de experiencia laboral y había dejado más horas y esfuerzo que lo que le habían pagado, y pese a ello siempre había conseguido sortear con cierta fortuna y pericia las salpicaduras que pudieran llegarle de tales inmundicias. Y como buen mono, se dijo "No escuches, total no hay dinero".

jueves, 24 de mayo de 2012

Cita Express

El calor nocturno aprieta la ciudad asfáltica, apenas refrescada desde camiones cisterna que provocan un olor a verano húmedo y ardoroso. El céntrico lugar donde han quedado, ella a su encuentro. Un taxi, prisas, desconocidos.

Baja del taxi y encuentra un hombre joven, alto y moreno, con gafas y cierto andar extraño que la llama por su nick. Ella pronuncia el de él, mientras es conducida a un edificio indescriptible. Recovecos y pasillos hasta un ascensor en el que él la atrae hacia si. Olor a perfume masculino en cantidades industriales la está mareando. Siente un bulto enorme mientras formula un clásico ¿llevas pistola o es que te alegras de verme? Risas, una planta de destino, puertas abiertas de ascensor. El la sujeta con un brazo, mientras abre la puerta de entrada a un despacho diminuto y de decoración anticuada. Coloca una pistola, en efecto, sobre el escritorio. Muebles sin gusto, apenas escritorio, silla, un sofá y un espejo. Otra puerta que él abre. Una cama un espejo arriba del techo y el espejo del despacho que es un cristal diáfano desde este otro lado. Otra puerta, un baño.

Se lanzan sin preámbulos sobre la cama, soltándose la ropa. Su enorme pene está durísimo. Viagra, sin duda. Ella no consigue excitarse. El olor del perfume apesta de forma casi nauseabunda mientras sólo es penetrada, follada y follada sin delicadeza alguna. Una y otra vez, incansablemente, una posición, luego otra, hasta que ya hastiada se siente un objeto, un agujero, y sólo quiere acabar el juego que ya le harta y hastía. El sigue excitado, infatigable, la cama se rompe con sus embestidas y ella decide que ya es hora de marcharse mientras amanece.

Una ducha juntos y le dice que es guardaespaldas, que quiere volver a verla, que tiene un hijo y está separado, que le encantan su coño y sus tetas.

Y a pesar de la ducha aún sigue sintiendo aquel perfume asfixiante intoxicando su piel durante el trayecto de vuelta. Hasta nunca.

lunes, 14 de mayo de 2012

Mudar La Piel

Siempre había soñado con la admiración y el deseo de cada hombre que conocía, tal vez siempre buscaba un padre, un dios bondadoso en cada uno de ellos. En realidad no era aún muy experta, sólo contaba con la gracia y belleza que juventud e inocencia que no era otra cosa que gnorancia, acompañadas de la temeridad que imprimen las hormonas desatadas de una adolescente en medio de un desarrollo prematuro e incompleto. Tal vez era una simple hecho natural, la necesidad animal de la hembra de encontrar una macho dominante y experto


Era capaz de ofrecerse y cambiar de parejas en la misma tarde, la misma noche, varias veces. Una necesidad de acaparar y estar en todas las situaciones posibles. Una manifestación de poder sexual, una sacerdotisa del placer que en realidad buscaba su autoafirmación y un secreto consuelo emocional en la rendición y admiración de sus compañeros de juegos. Ellos apenas veían a una aprendiz de Lolita, un polvo estupendo y fácil en aquella belleza que vestía su flexible cuerpo.


Aquella mañana vagaba por los habituales lugares nocturnos ahora desiertos y cerrados, no sabía donde ir mientras buscaba la sombra en medio del calor de julio, quizá con un poco de suerte alguien la viera y la invitase a tomar algo. Hacía algunos días que no comía, pero con unos canutos sería suficiente.
El se acercó, la había visto algunas veces, y comenzaron a hablar. Ella no sabía bien quién era él pero cuando ofreció ir a su casa no lo pensó demasiado y allí entraron. La frescura de un portal umbrío, la llave, unos canutos sentados, una conversación que no sabe como acaba en una bañera y ella desnuda metida en el agua, él la mira y se acaricia el mástil erecto mientras ella se da cuenta de que no quiere estar allí, que no le gusta ese tío viejo que la mira intentando provocar su deseo, un deseo que no encuentra dentro de si misma. Tras una pequeña discusión en la que él sólo mira su coño y sus tetas, decide irse con cierta alarma por si él se pone bruto.


Volvió a vagar por las calles, sólo canutos, ahora tiene verdadero hambre, está cansada y sólo quiere que la quieran y la cuiden, que la dejen volver a ser una niña otra vez.


Recuerda que allí cerca vivía su primer novio y en una alarde de nostalgia, llama al telefonillo. No es él, no. Ha contestado su hermano. Sube las antiguas escaleras de gastados escalones de madera. Sí, su hermano, él no estaba. Un amigo F., barba, la piel negra y ojos enrojecidos. Algo de comer y de nuevo la insinuación, la reacción, el deseo de despertarlo en otros y allí, blanco, negro, sus penes y el rosado de sus glandes la exploran, manos y bocas confusos y confundidos en el sabor de sexos y saliva. La piel sobre la piel y en la piel. Sólo quiere dormir pero no la dejan, quieren más, lo quieren todo y ahora.


Cuando la tarde cae, camino de la noche vuelve a la calle, dolorida. Quizá debiera volver a casa de una vez por todas.