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domingo, 22 de julio de 2012

Planes

Un plan, un diseño, un entretenimiento para cada semana, cada mes y cada año. El sentido de la vida no podía no existir de ninguna manera y eso eran los planes, el futuro siempre ocupado y previsto.

Se inmiscuyó en su vida sin querer, sin propósito alguno ni por su parte ni siquiera por la de él. Un momento de aburrimiento y un leve atisbo de curiosidad fueron la conjunción bajo la que se encontraron. Un significado oculto e irremediablemente interpretado de forma divergente y conveniente por cada uno de ellos. Horóscopos leidos de reojo, matrículas de números en series de significados y significantes en arcanos sentidos. Algo tiene que tener un sentido, alguno, todo lo tiene.

El primer encuentro, palpitaciones de nuevo adolescentes en una puesta en marcha de vieja maquinaria casi oxidada y arrancada con dificultad a la seducción y a un sexo ajenos, calientes y desapasionados. La falta de entrega de uno, la curiosidad del otro, la torpeza y el descubrimiento, mezclas extrañas, inconcebibles fórmulas. Dones derramados y escamoteados, la desnudez impúdica frente el más velado recato. O simplemente, quizá no había nada detrás de aquellos supuestos secretos. Sí, era eso, nada, y una inmensa nada.

La espada a la salida del motel les expulsa de un paraiso jamás alcanzado. La puerta abierta, frutas mordidas de gusanos, cómplices del vacío. Insulsos, ajenos, extraños, solitarios encuentros vuelven y esperan para adentrarse más en la desnuda desesperanza tanto del que busca como del que rehuye.

Sus encuentros se van distanciando, él pone excusas, o a él se lo parecen, quizá él también pone excusas por despecho. No está enamorado, no hay pasión, pero ese reconocimiento egoista de ser el elegido, el supremo, el único es lo que le obliga a seguir, ese ansia de protagonismo, el sentirse deseado.

Pero tiene que empezar a plantearse dejarlo ya, no queda otra, así no van a ninguna parte y es imposible hacer planes.

domingo, 17 de junio de 2012

Desnudo

Siempre me sorprendió encontrar nada bajo su piel. Apenas a veces un impulso loco, un arranque repentino para alejarse de aquella muerte en vida que llevaba comedidamente.

Y a pesar de sentirme en su boca, su sexo y sus fluidos mientras recorría mi cuerpo convulsamente sentía, sin embargo, que no estaba allí. No estaba conmigo. Los silencios son demasiado elocuentes cuando no existen palabras sentidas que decir.

La despedida siempre me traía un regusto amargo, un par de lágrimas sostenidas detrás de los ojos, hay que ser valiente. Hoy también. Una promesa a mi misma de no volver nunca a verle. Pero los sueños siempre nos traicionan, y siempre volvía a intentarlo un poco más cerca del sueño para volver a perderlo otra vez.

El calor se respira como fiebre en el nocturno agosto, Milton Nascimento pone besos partidos a cada interrogante, a cada punto suspensivo que asalta el miedo a la equivocación, a cambiar la inercia del destino para abrazar por completo la soledad. Envolver mi propia locura, mi propios sentidos desconocidos, un mundo que explorar a solas, demasiado tarde.

domingo, 10 de junio de 2012

Macho Alfa Dominante

Sé que lo tienes complicado, tantas especies y tantos roles genéticamente definidos por tantos años de evolución y ahora se te ve mermado.

Mala suerte haber venido a parar a esta especie y en estos tiempos.

Las cosas ya no son lo que eran. Ahora las hembras toman la iniciativa, ¿o en realidad siempre la habían tomado hasta aquellos tiempos en que el matriarcado llegó a ser insufrible y os rebelastéis contra la creación, la verdera creación de la vida y el mundo?

Macho Alfa dominante en celo, perdido en un mundo que escapa a tu control.

sábado, 9 de junio de 2012

Grandísimos y Enormes Tópicos

Y entonces llegamos al clímax, después de habernos devorado con la mirada y luego con nuestras bocas, deslizándonos sobre las humedades de nuestros cuerpos, galopando, velas al viento desplegadas, desbocados, mástiles, maromas, maromos, calores, trasudores, alboroto y pezones erectos como erectos eran sus penes, pues ya no era uno eran varios cientos, y ella no era ya sino una viciosa insaciable, una boca de riego en su coño, una felación infinita en el chorro de la Vía Láctea.

Sucumbimos y nos arrastramos, nos revolcamos, era el verano, el calor y la líbido, la carne y el pecado, lujuria lúbrica, sementales enhiestos asaeteando sin piedad culos en pompa, y nunca hubo más temperatura en los termómetros ni fueron mayores las oleadas del deseo.

Brazos, piernas, lenguas, falos, vaginas, humedades, tetas bamboleantes, ojos en blanco, éxtasis, consunciones y consumaciones, besos, caricias e inagotables fuentes, y hasta cataratas, de placer seguían las descripciones con señales y pelos. Escupo, con perdón, pues me he tragado uno con tantos y tan vívidos escritos.

Y en semejante maremagnum descriptivo, incluso usando de huertas. barcos, fontanería y hasta el cuerpo de bomberos o la policía como inspiración, bostecé en aquel pesado certamen de relatos breves sobre un ligue de verano en el que todos pretendían alcanzar la gloria, pero sobre todo la envidia y la admiración.

viernes, 8 de junio de 2012

Previsible

De todo lo visible y lo invisible mi instinto me avisó de lo que era tan previsible. La experiencia ya tiene su bagaje pero a la vez se resiste a darlo todo por sentado sin experimentar antes.

Privada representación de contexto perplejo y estéril sensualidad, libertad no necesariamente reñida con imaginación y arte para una siempre necesaria provocación de la estimulación mental.

¿Sexo gráfico?, limítrofe en palabras y actividad o ¿sexo mental? extenso como la piel prolongada en deseo y mundo onírico compartido fugazmente como cómplices estrellas errantes de un firmamento divino.

martes, 29 de mayo de 2012

Montenegro

Su boca, sus facciones, se marcaban de un aire asiático antiguo y peligroso, cuando me hablaba en un idioma intermedio, no el suyo, no el mío. Sentí que podía sucumbir a aquella fascinada contemplación, mientras maniobraba en la distracción de mis propios pensamientos y plantaba cara a la cruda realidad, vulgar y prosáica.  En el fondo no sentía la menor empatía ni simpatía hacia aquel tipo rudo de maneras directas y exigentes, aunque sí cierto temeroso olfato de hembra por explorar los límites de su poderío sexual de macho.

"Sé que cuando me di la vuelta por el pasillo, se quedó mirando mi culo y la ondulación de mis caderas mientras me alejaba. Cualquier excusa era tan buena como tonta para venir a verme de nuevo a la celda donde me encontraba encerrada con las otras mujeres.

No tenía el menor sentido convertirme ahora en su puta, en un momento breve e intenso donde bajar la guardia y perder los papeles en un juego al que le faltaría el tiempo que exijo y nunca existe.

Hubiera preferido volver a las semanas anteriores, donde otros brazos y besos prolongaban el convencimiento mutuo de saber el lugar dónde queríamos estar, mientras su voz y nuestras risas se mezclaban nuestra dulzura en momentos íntimos ahora ya fuera de lo establecido".

Pero aquel mundo había terminado y una mujer tiene que seguir viviendo a pesar de sus captores, sabía de la necesidad de encontrar un "protector" para sobrevivir al exterminio de las violaciones y la exposición como moneda de cambio. Sabe quién tiene el poder ahora y que habrá de someterse a su voluntad para asegurar su vida.




jueves, 24 de mayo de 2012

Cita Express

El calor nocturno aprieta la ciudad asfáltica, apenas refrescada desde camiones cisterna que provocan un olor a verano húmedo y ardoroso. El céntrico lugar donde han quedado, ella a su encuentro. Un taxi, prisas, desconocidos.

Baja del taxi y encuentra un hombre joven, alto y moreno, con gafas y cierto andar extraño que la llama por su nick. Ella pronuncia el de él, mientras es conducida a un edificio indescriptible. Recovecos y pasillos hasta un ascensor en el que él la atrae hacia si. Olor a perfume masculino en cantidades industriales la está mareando. Siente un bulto enorme mientras formula un clásico ¿llevas pistola o es que te alegras de verme? Risas, una planta de destino, puertas abiertas de ascensor. El la sujeta con un brazo, mientras abre la puerta de entrada a un despacho diminuto y de decoración anticuada. Coloca una pistola, en efecto, sobre el escritorio. Muebles sin gusto, apenas escritorio, silla, un sofá y un espejo. Otra puerta que él abre. Una cama un espejo arriba del techo y el espejo del despacho que es un cristal diáfano desde este otro lado. Otra puerta, un baño.

Se lanzan sin preámbulos sobre la cama, soltándose la ropa. Su enorme pene está durísimo. Viagra, sin duda. Ella no consigue excitarse. El olor del perfume apesta de forma casi nauseabunda mientras sólo es penetrada, follada y follada sin delicadeza alguna. Una y otra vez, incansablemente, una posición, luego otra, hasta que ya hastiada se siente un objeto, un agujero, y sólo quiere acabar el juego que ya le harta y hastía. El sigue excitado, infatigable, la cama se rompe con sus embestidas y ella decide que ya es hora de marcharse mientras amanece.

Una ducha juntos y le dice que es guardaespaldas, que quiere volver a verla, que tiene un hijo y está separado, que le encantan su coño y sus tetas.

Y a pesar de la ducha aún sigue sintiendo aquel perfume asfixiante intoxicando su piel durante el trayecto de vuelta. Hasta nunca.

sábado, 19 de mayo de 2012

Intermitencias

Otro día más transcurría entre pucheros, órdenes y desconciertos propios. Los fines de semana o días de descanso también seguían siendo entregados a la intendencia, a alimentar una prole y mantener el precario equilibrio que exige una familia en tiempos individualistas. En la mediana edad, esa que uno siempre tiene, justo y en la mitad, somos piedra de toque del tiempo y juzgamos jóvenes o viejos a nuestra escala y semejanza.

El transfondo mental transcurría en un magma creado entre sortear los escollos económicos, cada vez más numerosos y peligrosos, salir corriendo y dejarlo todo y mantener un estado de semi-ensoñamiento en su imaginación que alternaba con dosis de pragmática realidad en medio de aquella cocina llena de trabajo.

La soledad invadida, pero nunca compartida, era el marco en el que se movía laboralmente, familiarmente, socialmente.

Un día libre entre semana, al cruzar el umbral de aquella librería, se tropezó con él. Una disculpa divertida mirando a los ojos, un comentario, otra mirada, un despiste, una distraída atención que el lenguaje no verbal supo interpretar y captar antes que su propia consciencia.

Sin demasiado interés pero con cierta cortesía amistosa comenzaron a llamarse, luego a escribirse y algún tiempo después a quedar de tarde en tarde, pues siempre era complicado encajar horarios laborales. En común una enorme soledad limítrofe, mientras seguían siendo a la vez perfectos desconocidos.

Fraguando su propia esencia de miedos y deseos secretos, sin amor, sin continuidad, apenas en unos encuentros que no guardaban orden ni concierto, pero quizá sólo era que podían ser ellos mismos por primera vez después de tantos años, exhibidos ante el otro como forma de autocomplacencia y afirmación, ún camino distinto al que era y al que había sido. Otros yos.

Vericuetos y desincronización llevaron a encuentros cada vez más íntimos en los que el sexo se convertía en nexo y separación, resultaba tan complicado mantener objetivos comunes, descubrir a aquellas alturas de la vida regiones inexploradas y una personalidad sexual nunca ejercida. Pero también comprendían la muda certeza de su incompatibilidad en esas intermitencias que los separaban en el tiempo y el espacio.

Ella, activa, quiere explorarlo todo, ahora impúdica e imparable. Él, pasivo, cambio de roles y hormonas traicioneras, sólo quiere ser agasajado sexualmente, y aunque no entiende ni comparte la energía sexual que ella derrama sobre él, se deja llevar, en medio de una pasión desbordada de piel, olor, saliva, fluidos y estímulos visuales.

Han de inventar cada encuentro en una atemporalidad que continúa una historia imposible de confesiones comunes de sus vidas ajenas.

Por separado no encuentran el sentido de verse ni casi el momento de hacerlo, pero saben que volverán a encontrarse sin remedio, incluso sin sentido aparente, los encuentros intermitentes siguen una pauta no pactada y de limitada probabilidad presente y comprenden que buscan un instante de respiro en medio de sus vidas cada vez más anódinas.

lunes, 14 de mayo de 2012

Mudar La Piel

Siempre había soñado con la admiración y el deseo de cada hombre que conocía, tal vez siempre buscaba un padre, un dios bondadoso en cada uno de ellos. En realidad no era aún muy experta, sólo contaba con la gracia y belleza que juventud e inocencia que no era otra cosa que gnorancia, acompañadas de la temeridad que imprimen las hormonas desatadas de una adolescente en medio de un desarrollo prematuro e incompleto. Tal vez era una simple hecho natural, la necesidad animal de la hembra de encontrar una macho dominante y experto


Era capaz de ofrecerse y cambiar de parejas en la misma tarde, la misma noche, varias veces. Una necesidad de acaparar y estar en todas las situaciones posibles. Una manifestación de poder sexual, una sacerdotisa del placer que en realidad buscaba su autoafirmación y un secreto consuelo emocional en la rendición y admiración de sus compañeros de juegos. Ellos apenas veían a una aprendiz de Lolita, un polvo estupendo y fácil en aquella belleza que vestía su flexible cuerpo.


Aquella mañana vagaba por los habituales lugares nocturnos ahora desiertos y cerrados, no sabía donde ir mientras buscaba la sombra en medio del calor de julio, quizá con un poco de suerte alguien la viera y la invitase a tomar algo. Hacía algunos días que no comía, pero con unos canutos sería suficiente.
El se acercó, la había visto algunas veces, y comenzaron a hablar. Ella no sabía bien quién era él pero cuando ofreció ir a su casa no lo pensó demasiado y allí entraron. La frescura de un portal umbrío, la llave, unos canutos sentados, una conversación que no sabe como acaba en una bañera y ella desnuda metida en el agua, él la mira y se acaricia el mástil erecto mientras ella se da cuenta de que no quiere estar allí, que no le gusta ese tío viejo que la mira intentando provocar su deseo, un deseo que no encuentra dentro de si misma. Tras una pequeña discusión en la que él sólo mira su coño y sus tetas, decide irse con cierta alarma por si él se pone bruto.


Volvió a vagar por las calles, sólo canutos, ahora tiene verdadero hambre, está cansada y sólo quiere que la quieran y la cuiden, que la dejen volver a ser una niña otra vez.


Recuerda que allí cerca vivía su primer novio y en una alarde de nostalgia, llama al telefonillo. No es él, no. Ha contestado su hermano. Sube las antiguas escaleras de gastados escalones de madera. Sí, su hermano, él no estaba. Un amigo F., barba, la piel negra y ojos enrojecidos. Algo de comer y de nuevo la insinuación, la reacción, el deseo de despertarlo en otros y allí, blanco, negro, sus penes y el rosado de sus glandes la exploran, manos y bocas confusos y confundidos en el sabor de sexos y saliva. La piel sobre la piel y en la piel. Sólo quiere dormir pero no la dejan, quieren más, lo quieren todo y ahora.


Cuando la tarde cae, camino de la noche vuelve a la calle, dolorida. Quizá debiera volver a casa de una vez por todas.

martes, 3 de abril de 2012

Juegos

Se disfrazó de sus mejores sonrisas, la gala de la juventud, y una vez más acudió a la cita, otra distinta pero previsible como todas. El juego comenzó. Unos fueron al bingo, otros a las carreras, otros a la ruleta, otros al sexo cifrado en disfraces de bailes de máscaras. Extrañas formas. Formas de relación ajenas e intermediarias de personas desconocidas con una excusa común.

El me encuentra en la calle otro día y me vuelve a mirar liquidamente con mirada bovina, azul y lasciva en la que no encuentra nunca la distancia exacta para charlar, en realidad monologar sobre sus recuerdos y extrañezas de no habernos vuelto a ver. Es insistente, pesado. Me mandará flores, frutas y regalos caros con tarjetas bellamente decoradas y tópicos versos mal escritos.

Torpes formas, fines descubiertos, recubiertos del dinero que le sobra, Ningún interés.

Educadamente, respondo que ha sido divertido gracias, pero ya no quiero jugar más ni siempre a lo mismo.

Esconde la angustia azul de su mirada bovina, el sudor de sus manos engarfiadas de poseer lo inaprensible. La etiqueta del cóctel y de sus camisas con iniciales bordadas detrás de una corbata castradora de hombres y como triste simbolismo fálico en recuerdo de que es un hombre.

No alcanza a entender más que lo que tiene en su cabeza o entrepierna y quiere conseguir que sea su pasatiempo, su juego prohibido.

domingo, 1 de abril de 2012

Tipos

Llegué al bar de carretera dispuesta a todo, a comerme lo que hiciera falta. Mi primer cliente, aquella noche, fue un tipo bajito y calvo con la lascivia disfrazada y oculta en un laberinto de alma atormentada que, tras escuchar un rato sus contradicciones, acabó dándome la vuelta para meterme una polla corta y gruesa por el culo, mientras me manoseaba nerviosamente las tetas con unas manos aún más cortas que su pene.

Despaché a aquel tipo, que pretendía continuar haciéndose el simpático e inmiscuirse en mi vida para seguir contándome la suya y me arreglé. Lavado, maquillaje, ropa, lista para salir en busca de otro cliente. Un par de gin-tonics después allí estaba. Un tipo previsible, madurito y experimentado que comenzó por calentarme la oreja a base de pollas, coños, tetas, lamidas y corridas mientras babeaba y lanzaba miradas incendiarias a mi escote. Al borde del aburrimiento con tal repertorio aproveché para comerle el rabo y aprovechar, de paso, mis involuntarios bostezos en algo que le hiciera aullar. Así al menos, dejó de enumerar todas y cada una de las partes de sus limitados conocimientos de anatomía y práctica sexual.

Una vez terminada la operación, recibí una llamada para un servicio a domicilio. Un lujoso piso con cierta patina de confesionario y esplendores pasados. El servicio era caro, el cometido no demasiado frecuente.

La madre era casi una momia en una silla de ruedas y su hijo un tipo mayor de carnes ajadas y bigotito que me ofreció el dinero por adelantado, sin más, mientras tomaba asiento al lado de su madre.

El animal soberbio, un enorme perro blanco, elegante y experto, un verdadero macho alfa, que de inmediato me hizo sentir completamente mojada y caliente. Jugué con él mientras me iba quitando la ropa. Su lengua lamía mi piel desnuda mientras sus patas me arañaban con delicadeza. Mientras lo acariciaba e iba buscando su verga le ofrecí, a cuatro patas, mi coño que lamió olfateándolo y empujándolo con su hocico, mientras su rosado y enorme glande se expandía en toda su hermosura. Me coloqué lo mejor que pude, de cara a mi público, un ángulo suficiente para que vieran como era follada por tan majestuoso ejemplar pero también para que vieran mi cara de puta viciosa mientras disfrutaba de aquel inesperado y bien dotado compañero de juegos.

En medio de la excitación que me producía aquel Romeo con sus ritmicas embestidas y excitados gemidos, mientras yo también jadeaba y gritaba como una auténtica perra ofreciéndome de par en par, distinguí la cara amoratada, la lividez en el rostro de aquella vieja, que aparentemente sin moverse quedó de medio lado en la silla. Sin poder parar, sometida a la canina y poderosa naturaleza de aquel macho, comprendí la sardónica sonrisa del hijo, aquel voyeur que no pestañeaba y que había logrado su propósito. Por fin había acabado con ella.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Actriz Porno del Este

Yo le hablaba, su cara de muñeca de cera impasible en el límite de lo angélico y lo diabólico, no hay músculo, arruga, expresión que delate emoción o inteligencia.

Le hablaba y ella, inamovible, no parpadea ni siquiera respira.

Ahora habla, repentinamente dice entenderlo todo cuando sé que miente, cuando nada ha comprendido, ni media palabra, pero asiente, sumisa e inalterable. Sé que cuando me dé la vuelta cogerá de nuevo el móvil y, coqueta, sus ojos verdes brillarán de maldad mientras sacude su melena de rubio veneciano y su boca se curva en un mohín de desdén.

La volví a ver años más tarde en la pantalla, sus tetas resultaban más enormes en el Cinemascope, más si tenía en cuenta la fragilidad de su anatomía de finas y menudas líneas, su boca entreabierta gemía en falsete mientras un partenaire de descomunales atributos abría sus piernas e introducía su pene en aquel coño que recordaba pequeño y caliente. Aún podía oler y paladear aquella piel que mezclaba almizcle con miel, aquella seda que me envolvía y me hacia odiarla con más pasión, la pasión del que no puede dejar de lado su vicio, sumiso y puteado, cornudo y apaleado, ella era más de lo que podía soñar y nunca fue mía por más que yo hablaba, razonaba, seducía y la obligaba a someterse a mis deseos. Siempre escapaba, quizá nunca llegó a estar allí aquella mirada verde, impasible.

Ahora todos la follan en la película, pero ella sólo mira al Este.

sábado, 10 de marzo de 2012

Tríade

Enfrento el lienzo en blanco y pinto la historia de una mujer y dos hombres, la historia, nunca bien vista, de un amor a tres bandas que podría tener diferentes posibilidades amatorias, sexuales, sentimentales, corporales, experimentales.


Una mujer y dos hombres, uno a uno. Los dos son amados, los dos desconocidos entre si que se piensan únicos. Odiosas comparaciones, medias naranjas, medias noches.


Hombres amantes y la mujer entregados a una nueva dimensión de juegos sexuales y plenitud, al descubrimiento del universo de la piel y nuevas pulsaciones trirítmicas.


Ella sufre por no poder compartirlos juntos, abrir su corazón de par en par, su cuerpo entregado y tomado por los dos para ser tres en sacro orgasmo y trinidad.


Las versiones son infinitas.


viernes, 9 de marzo de 2012

Nadie

No somos nadie, dicen los viejos sabios con gran razón. Apenas un envoltorio de fluídos, órganos, humores y amores. Un dolor que quiere ser curado, un amor que quiere ser amado.

La imaginación nos da la pureza, la belleza, el sentimiento necesarios para que este saco de huesos sea vida más allá de su existencia y trascienda hacia otros para elevarse a la mutua comprensión y conocimiento.

Nadie tiene derecho sobre nadie, no podemos aprehendernos ni atarnos, ceñirnos ni constreñirnos a los roles pues somos más que macho o hembra. Ójala un día sea tan normal como obvío.

El Último Gin Tonic

Doblegaban las fuerzas al final de un largo día de trabajo, cuando la oportunidad de unas risas y un momento de relajo se presentó inesperadamente. La barra del bar acoge a cualquiera que pueda pagar sus consumiciones y los tres podían o querían en mayor o menor medida. Dos hombres y una chica, el juego de la seducción servida y premeditadamente oculta. Cigarros van, vienen, un gin tonic cada uno. Dos machos y una hembra en el cortejo de quién puede llevársela. Todo tipo de proezas, todo tipo de barbaridades de machos en despliegue y ronda para ser admirados por los dulces y asombrados ojos de la joven. El humo les envuelve creando complicidad y electricidad entre los tres cuerpos cuyas hormonas se van atrayendo. Cualquiera de los dos compitiendo por llevarse el trofeo de forma velada mientras gin tonic a gin tonic, cigarro a cigarro se va tejiendo la red.

Ella sonríe feliz de ser atendida tan solicitamente por dos machos adultos, intuye apenas el peligro del deseo que provoca pero se siente adulada en su ego de joven hembra aún algo inexperta y que incoscientemente busca la experiencia de un macho alfa dominante aunque tenga el lomo plateado.

Las horas pasan, y el trasiego de tabaco y gin tonics resulta alarmante cuando ella se da cuenta de que se ahoga con el cigarro que tiene en la mano y que moverse provoca un desastre de equilibrio a su alrededor. Ellos la miran soprendidos, profesionales como son del "drinking" y ella no está para más aguante ni para juegos, se levanta como puede y se dirige a la salida más próxima donde, contra un árbol apoyada, vomita hasta el alma en un esfuerzo tan duro y seco como todos los gin tonic que lleva encima. Ellos se miran fuera del establecimiento a su lado y sin mediar palabra uno coge su coche y se va, sin más. El otro la ayuda y sujeta para acercarla a casa.

Esta noche los cálculos de todos han salido mal.

Polichinela

Joven, ambiciosa, algo asustada, llegó a la cosmopolita ciudad procedente de un país de mantilla y comunión diarias, de palio a prohombres de escasa altura moral, inferior humanidad y ausencia intelectual, y curas siniestros y amenazantes.

Gigantesca, fría, humeda, ciudad de temprana nocturnidad y días eternamente grises.

Clases de idioma en las mañanas. Por las tardes trabajo en un hotel de un barrio algo apartado en donde también tenía su alojamiento.

Relaciones laborales y estudiantiles con gente de casi cualquier parte del mundo le fueron abriendo los ojos de su propia y limitada vida hasta la fecha.

Algunas relaciones esporádicas fueron uno de los descubrimientos en los que se embarcó. Sexualidad iniciada, reconocida y liberada con algunas contradicciones entre la educación recibida y el agudo deseo del momento vivido. Dulces pecados en su mente aún más deliciosos por la transgresión de sus principios educativos.

Al fin de la jornada laboral, un miércoles por la noche, se cruzó con un huésped nuevo. Casi dos metros de altura, larga barba canosa y rubia, una presencia impactante y él la miró con ojos de fuego eterno, de profeta enloquecido cuando ella se estremeció sin saber el motivo, pero con la certeza de algo inevitable. Con un leve acento extranjero indeterminado se dirigió a ella y le pregunto sin preámbulos si estaba preparada y disponible. Muda de asombro apenas pudo afirmar con su cabeza y se encontró siguiéndole fuera del hotel. ´

Atravesaron calles brillantes mientras ella apresuraba su paso y su respiración a las largas zancadas de aquel gigante que la sostenía del brazo. Alcanzaron un portal y subieron dos plantas. Un timbre, una puerta azul, una oscura presencia que les abrió la puerta a una habitación.

La empujó contra la pared y comenzó a manosearla indiferentemente sin besarla, sólo mirándola. Excitada por la sorpresa y el miedo apenas vislumbrando el brillo candente de sus ojos comenzó a intuir un brillo metálico en la pared. El le colocó las argollas sin que ella opusiera resistencia y rompiendo su ropa la azotó mientras ella sentía que perdía la noción del bien y del mal y ya no comprendía nada. No sabía si quería gritar pidiendo ayuda, si podría salir huyendo o debería completar el acto, la representación que le recordó a los guiñoles que había visto en un parque: Polichinela y ella su Judy maltratada.

sábado, 3 de marzo de 2012

Sólo los Solos

La mucosa nasal se secó formando costras y heridas agravadas por el humo del cigarro. Aquel verano era de una claridad postnuclear y el calor detenía la actividad de la ciudad hasta lo fantasmal.
Trabajaba hasta catorce horas diarias en el proyecto a destajo. 8 de rigor y las restantes para ahuyentar los demonios de la soledad y para remontar la nueva mala racha económica.
Salió ya de noche y llamó a su móvil en el que nadie contestó. Silencio.
Volvió a casa para volver a conectarse a otra pantalla y, aburridamente, intentar cambiar su vida a un trabajo mejor, un conocimiento mejor, un mundo mejor, un día mejor cuando el banner se coló y le habló de lo que le pasaba. Un punto de encuentro dónde partir a medias la soledad o intentar ahuyentarla.
Se dío de alta en aquel espacio de corazones solitarios con la idea de compartir tiempo, alma y cuerpo mientras el verano ardía.
Pasaron algunos meses y, a la vuelta de las vacaciones, se produjo el primer contacto. Un breve flirteo que acabó en un encuentro rápido en una intercambiador, una coca-cola con un beso final y furtivo sin sentido.
A los pocos días un nuevo encuentro, recogida en un "mini" previsiblemente alquilado pues su altura no se correspondía con aquel habitáculo. Hotel, desnudez y un sexo largo y blando, falto de suficiente erección y de toda pasión. Apenas un breve y siguiente encuentro y hasta otra, también tan fugaz y breve como tibia. Después un e-mail de despedida por motivos tópicos. Un profesional del desamor.
Vacía, desierta e incapacitada de su verdadero epicentro amatorio, volvió a apostar en esa feria de cadáveres buscando la vida y encontró ficciones exentas de toda pasión hasta que el invierno y los catarros se mezclaron con sus propios fluidos vaginales y el coito resultó tan excitante como el olor de los urinarios públicos.
Pensó entonces en dedicarse a la prostitución, así al menos sacaría algo de todo ello.

viernes, 24 de febrero de 2012

La Estancia

La habitación tiene paredes de color incierto y forma indeterminada. Los muebles van apareciendo y desapareciendo en las distintas situaciones que va provocando nuestra imaginación.

Puedes ser tú, yo, todos o ninguno, nosotros y otros los que vamos llenando de fantasías y sexo en todas sus vertientes esta estancia, esta noche representándonos desnudamente ante nuestros propios actos advertidamente insospechados.

domingo, 19 de febrero de 2012

El Hombre Impenitente

Tocaba el teclado con su grupo y hacía bolos por bodas, fiestas en pueblos y algún otro trabajo. Su mujer, y su segundo matrimonio, mucho más joven que él era la cantante. Una mujer muy guapa y vistosa: un pibón que dicen.


El peinaba una mata blanca de pelo y vestía de forma juvenil a sus cincuentalargos en un look que algunos calificarían como madurito interesante en Benidorm.


Pero él tenía una calentura, una fiebre, un volcán que le dominaba. Confesó que su mujer le tenía controlado el dinero pero que él procuraba ir sacándoselo con excusas varias para que no le expoliase de todos sus bienes y le montase la definitiva y última bronca.


Aquí, allí, en todas partes encontraba nuevos objetos a su excitación. Cualquier mujer le ponía en un estado de sexual levantamiento que sólo podría solucionar poseyéndola o intentándolo al menos. No, no llegaba a ser un violador pero sí un ingenuo arrastrado por sus, por su único instinto.


Una noche ante unos whiskies nos contó que paseando por la playa había visto a una joven pareja haciéndose el amor en la playa y que no pudo menos que acercarse para ver si le admitían. Creo que los muchachos salieron despavoridos ante aquel loco. Al final de la noche, muchos más whiskies después, entre lágrimas confesó que había entrado en una iglesia para pedirle a dios que le arrancará semejante calentura. Pero él era el hombre impenitente.

lunes, 13 de febrero de 2012