Escribo uno, dos, tres relatos, sigo escribiendo mientras ando, cuando trabajo , cuento, hablo y respiro. Cuando mi sexo eleva mi cuerpo como un pájaro escribo, cuando lloro y en el silencio escribo.
Dudo pero escribo, pienso y escribo. Sucumbo y escribo. No concibo sino parir palabras de mis pensamientos vivos y cortar cordones umbilicales al acabar cada escrito.
Desvelo, revuelo, entrego y tomo, tomo y me obligo al escrito en mi frente a su ombligo roto de ser nacido.
Pernoctan pensamientos después de desbandadas desconcertadas del día, campan a sus anchas en el momento de la reflexión y se recuentan perdidos de tantos momentos no tenidos en cuenta, no escuchados ni apuntados y ahora olvidados que me obsesiono en volver a encontrar. Pero ya no tienen la forma exacta ni perfecta en que se mostraron.
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domingo, 10 de junio de 2012
Obsesión
viernes, 9 de marzo de 2012
Coleccionismo
Todo perfecto, organizado y a mano.
Los álbumes de las mariposas en tapas color champán abajo a la derecha. Los de fotos de amigos arriba a la izquierda, fondo derecha los cd's de música. Miles de álbumes de coleccionista.
Estanterías alrededor de la mesa y las paredes disponen a su conveniencia el universo que ha confeccionado a su imagen y semejanza. Colecciones de todo lo que es posible coleccionar.
Pero sigue buscando a su alrededor nuevas formas de coleccionismo y se ha dado cuenta de que hay una que aún no tiene. Ha puesto sus ojos en una nueva colección: corazones de otros seres. Habrá de ser rápido, cauteloso para no dejar huellas, un seductor profesional huele a sus víctimas y entra a derecho al descabello del corazón para que éste no tenga casi tiempo de notar sufrimiento alguno y así, intacto, luzca espléndidamente en su álbum.
Los álbumes de las mariposas en tapas color champán abajo a la derecha. Los de fotos de amigos arriba a la izquierda, fondo derecha los cd's de música. Miles de álbumes de coleccionista.
Estanterías alrededor de la mesa y las paredes disponen a su conveniencia el universo que ha confeccionado a su imagen y semejanza. Colecciones de todo lo que es posible coleccionar.
Pero sigue buscando a su alrededor nuevas formas de coleccionismo y se ha dado cuenta de que hay una que aún no tiene. Ha puesto sus ojos en una nueva colección: corazones de otros seres. Habrá de ser rápido, cauteloso para no dejar huellas, un seductor profesional huele a sus víctimas y entra a derecho al descabello del corazón para que éste no tenga casi tiempo de notar sufrimiento alguno y así, intacto, luzca espléndidamente en su álbum.
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domingo, 19 de febrero de 2012
El Hombre Impenitente
Tocaba el teclado con su grupo y hacía bolos por bodas, fiestas en pueblos y algún otro trabajo. Su mujer, y su segundo matrimonio, mucho más joven que él era la cantante. Una mujer muy guapa y vistosa: un pibón que dicen.
El peinaba una mata blanca de pelo y vestía de forma juvenil a sus cincuentalargos en un look que algunos calificarían como madurito interesante en Benidorm.
Pero él tenía una calentura, una fiebre, un volcán que le dominaba. Confesó que su mujer le tenía controlado el dinero pero que él procuraba ir sacándoselo con excusas varias para que no le expoliase de todos sus bienes y le montase la definitiva y última bronca.
Aquí, allí, en todas partes encontraba nuevos objetos a su excitación. Cualquier mujer le ponía en un estado de sexual levantamiento que sólo podría solucionar poseyéndola o intentándolo al menos. No, no llegaba a ser un violador pero sí un ingenuo arrastrado por sus, por su único instinto.
Una noche ante unos whiskies nos contó que paseando por la playa había visto a una joven pareja haciéndose el amor en la playa y que no pudo menos que acercarse para ver si le admitían. Creo que los muchachos salieron despavoridos ante aquel loco. Al final de la noche, muchos más whiskies después, entre lágrimas confesó que había entrado en una iglesia para pedirle a dios que le arrancará semejante calentura. Pero él era el hombre impenitente.
El peinaba una mata blanca de pelo y vestía de forma juvenil a sus cincuentalargos en un look que algunos calificarían como madurito interesante en Benidorm.
Pero él tenía una calentura, una fiebre, un volcán que le dominaba. Confesó que su mujer le tenía controlado el dinero pero que él procuraba ir sacándoselo con excusas varias para que no le expoliase de todos sus bienes y le montase la definitiva y última bronca.
Aquí, allí, en todas partes encontraba nuevos objetos a su excitación. Cualquier mujer le ponía en un estado de sexual levantamiento que sólo podría solucionar poseyéndola o intentándolo al menos. No, no llegaba a ser un violador pero sí un ingenuo arrastrado por sus, por su único instinto.
Una noche ante unos whiskies nos contó que paseando por la playa había visto a una joven pareja haciéndose el amor en la playa y que no pudo menos que acercarse para ver si le admitían. Creo que los muchachos salieron despavoridos ante aquel loco. Al final de la noche, muchos más whiskies después, entre lágrimas confesó que había entrado en una iglesia para pedirle a dios que le arrancará semejante calentura. Pero él era el hombre impenitente.
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