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domingo, 22 de julio de 2012

Planes

Un plan, un diseño, un entretenimiento para cada semana, cada mes y cada año. El sentido de la vida no podía no existir de ninguna manera y eso eran los planes, el futuro siempre ocupado y previsto.

Se inmiscuyó en su vida sin querer, sin propósito alguno ni por su parte ni siquiera por la de él. Un momento de aburrimiento y un leve atisbo de curiosidad fueron la conjunción bajo la que se encontraron. Un significado oculto e irremediablemente interpretado de forma divergente y conveniente por cada uno de ellos. Horóscopos leidos de reojo, matrículas de números en series de significados y significantes en arcanos sentidos. Algo tiene que tener un sentido, alguno, todo lo tiene.

El primer encuentro, palpitaciones de nuevo adolescentes en una puesta en marcha de vieja maquinaria casi oxidada y arrancada con dificultad a la seducción y a un sexo ajenos, calientes y desapasionados. La falta de entrega de uno, la curiosidad del otro, la torpeza y el descubrimiento, mezclas extrañas, inconcebibles fórmulas. Dones derramados y escamoteados, la desnudez impúdica frente el más velado recato. O simplemente, quizá no había nada detrás de aquellos supuestos secretos. Sí, era eso, nada, y una inmensa nada.

La espada a la salida del motel les expulsa de un paraiso jamás alcanzado. La puerta abierta, frutas mordidas de gusanos, cómplices del vacío. Insulsos, ajenos, extraños, solitarios encuentros vuelven y esperan para adentrarse más en la desnuda desesperanza tanto del que busca como del que rehuye.

Sus encuentros se van distanciando, él pone excusas, o a él se lo parecen, quizá él también pone excusas por despecho. No está enamorado, no hay pasión, pero ese reconocimiento egoista de ser el elegido, el supremo, el único es lo que le obliga a seguir, ese ansia de protagonismo, el sentirse deseado.

Pero tiene que empezar a plantearse dejarlo ya, no queda otra, así no van a ninguna parte y es imposible hacer planes.

miércoles, 13 de junio de 2012

Horario

Veía como las horas se resistían a abandonar aquel recinto azulado. A veces la perspectiva se hacía infinita cuando sumía sus ojos en una lejanía inexistente, pero siempre acababa en un golpe cortante y brusco para volver al punto presente y cortoplacista de una visión cercana.

La boca se le ha secado, otro día sin hablar con nadie, el despacho es así, a veces nadie viene, no llaman y ni siquiera escriben. A veces no hace falta nada, ni nadie. Un día no hace falta ni él.

Intentará un regreso aferrado a un diario cualquiera, una distracción cualquiera, mezclando desconfianza y un oculto interés a su alrededor mientras una nube de incógnito le resguarda.

Una habitación le espera, no una casa, no una familia, ni siquiera una pareja y tampoco una mascota. Su mundo, sus pertenencias, todo se reduce a una maleta, también el pasado se guarda en ella.

M volvió a entrar en el juego del trabajo dos meses después, quizá había perdido algo pero no recordaba bien el qué.

Llegó dispuesto a hablar otra vez, lleno de explicaciones y anécdotas. La oficina parecía espaciosa y la gente amable, pero había olvidado cortarse las uñas y eso era algo que le martirizaba. Entro en la cocina y uso las tijeras que en ella había, alguién le vió pero no le importó demasiado.

Una semana después oscilaba entre tomar infinitas y caóticas notas inconexas y dormitar ante las explicaciones de un compañero que intentaba explicarle la aplicación que debía usar. No, algo no estaba bien, pero no pasaba nada, todos parecían amables ...

Los primeros viernes de cada mes solían dar un pequeño refrigerio y él estaba encantado con ese ponerse las botas y gratis. Podía, incluso, intentar algún acercamiento a alguna compañera con la que intentar algo más con un poco de suerte. Pero el resto de los días, aquel horario hasta las tantas era insufrible y se dedicaba a hacer una fotosíntesis ectoplásmica en un medio que cada vez se le iba haciendo más hostil. Los compañeros no eran ya tan amables, incluso se atrevían a reconvenirle en alguna ocasión. Había algunos corrillos con risas que se helaban cuando él pasaba.

Algo no iba bien, pero él seguía mirando cada vez más cerca y como un perro hambriento a aquellas compañeras cuyas blusas marcaban provocadores pechos, eso es lo que ellas buscaban sin duda, las muy zorras. Casí podía oler sus coños húmedos.

Cuando recibió la visita de un responsable de RRHH en su propia mesa y ante la vista de todos sus compañeros, suplicó, gritó y amenazó, ante aquella cara atónita, con que si le despedían tendrían que buscarle otro trabajo.

Algo no iba bien, pero él no volvió a ser consciente.

viernes, 8 de junio de 2012

Cenicero

Deposita la ceniza del cigarrillo anterior. Un paquete acabado que arruga, uno nuevo del que va extrayendo el siguiente cigarrillo.

Mira por la ventana, volutas de humo se escapan atravesadas de rayos de un sol que atraviesa la ventana, motas de polvo que caen despacio y convierten el mundo en un cosmos pequeño y desapercibido a otros pero que siempre consigue ver, cada vez más frecuente y nítidamente.

Otro cigarrillo, encendedor y cajetilla extraída de un cartón, el perro cerca que mira comprensivo cuando le habla.

Ahora atiende el leve murmullo, la agitación que le vuelve a acompañar, lavarle, limpiarle, cambiarle, y sentarle otro día más en el sillón de mimbre y, entre almohadones, acomodarle, una guardia amable, unos cariños y caricias en la cara. Quizá esa tarde tengan alguna visita fugaz, algún amigo de los hijos que se quede un rato más, ella al menos siempre lo intenta.

La sonrisa desvaida como el color de su pelo, los sueños vagarosos y el cenicero siempre cerca, ese aura ahumada, la misma escena que compone desde hace 16 años.

Todos le dicen que salga, que se vaya un momento y a veces sueña que lo hace, pero el miedo al adiós no dado, el miedo a que él tenga miedo porque él no puede decirlo, hace tanto tiempo que olvidó quién es exactamente ella y desde luego quién es él, consiguen que siga otro día más, otra noche más a su lado sin salir jamás.

jueves, 24 de mayo de 2012

Camisa de Fuerza

Se moría, no podía seguir ni un segundo más, aquella soledad que le oprimía y todo el pasado, su pasado que vuelve con todo el mal hecho pasando factura.

¿Cómo se puede apartar todo ese peso de su pecho? ¿ese ahogo que le sube aferrándose a su garganta?

Genes que aparecieron hace años en una cita inexcusable y ahora dominan por completo su ser inconsciente, falto de toda empatía y respeto.

Un interlocutor rápido, una excusa y un vínculo en el trance de muerte, incluso un fantasma que podría volver para reclamar atención.

Llevó todos sus disco y enseres y le dejó nombrado, de viva voz, heredero de sus tesoros que sólo para él lo eran. Imposible decir no, tampoco sí, parcial e irracional.

Los días transcurrieron entre un ingreso y otro, un episodio de exacerbar la realidad y poner al límite las competencias de las instituciones sanitarias. La exigencia que denota su propio apellido y estirpe. La doble faz que arroja reveladores datos sobre su comportamiento y manipulación de todo y de todos.

Fuera, otra vez fuera. Otra vez solo en los días plomizos que le derriban echando su nuca hacia atrás. Deambular por la casa helada, las paredes mudas pero incapaces de acallar los murmullos incesantes de su cabeza parlante.

Una nueva incursión a cualquier hora del día o la noche, intempestivo siempre, infausto y desafortunado, un casual pasar a preguntar por aquel enser o cualquier otro asunto que nunca viene a cuento de nadie, sólo vive para su obsesión. Ha de mantener la atención, poco a poco o de golpe, exigirla cuando no es capaz de disimular y vuelve a desenvolver sus artes de embaucador trasnochado, de dictador y amo abandonado.

Y allí se encuentra a la puerta hoy todos sus enseres y una orden de alejamiento en el buzón. Y encima, alrededor, hay que revestirse con una camisa de fuerza para aguantar.

sábado, 19 de mayo de 2012

Intermitencias

Otro día más transcurría entre pucheros, órdenes y desconciertos propios. Los fines de semana o días de descanso también seguían siendo entregados a la intendencia, a alimentar una prole y mantener el precario equilibrio que exige una familia en tiempos individualistas. En la mediana edad, esa que uno siempre tiene, justo y en la mitad, somos piedra de toque del tiempo y juzgamos jóvenes o viejos a nuestra escala y semejanza.

El transfondo mental transcurría en un magma creado entre sortear los escollos económicos, cada vez más numerosos y peligrosos, salir corriendo y dejarlo todo y mantener un estado de semi-ensoñamiento en su imaginación que alternaba con dosis de pragmática realidad en medio de aquella cocina llena de trabajo.

La soledad invadida, pero nunca compartida, era el marco en el que se movía laboralmente, familiarmente, socialmente.

Un día libre entre semana, al cruzar el umbral de aquella librería, se tropezó con él. Una disculpa divertida mirando a los ojos, un comentario, otra mirada, un despiste, una distraída atención que el lenguaje no verbal supo interpretar y captar antes que su propia consciencia.

Sin demasiado interés pero con cierta cortesía amistosa comenzaron a llamarse, luego a escribirse y algún tiempo después a quedar de tarde en tarde, pues siempre era complicado encajar horarios laborales. En común una enorme soledad limítrofe, mientras seguían siendo a la vez perfectos desconocidos.

Fraguando su propia esencia de miedos y deseos secretos, sin amor, sin continuidad, apenas en unos encuentros que no guardaban orden ni concierto, pero quizá sólo era que podían ser ellos mismos por primera vez después de tantos años, exhibidos ante el otro como forma de autocomplacencia y afirmación, ún camino distinto al que era y al que había sido. Otros yos.

Vericuetos y desincronización llevaron a encuentros cada vez más íntimos en los que el sexo se convertía en nexo y separación, resultaba tan complicado mantener objetivos comunes, descubrir a aquellas alturas de la vida regiones inexploradas y una personalidad sexual nunca ejercida. Pero también comprendían la muda certeza de su incompatibilidad en esas intermitencias que los separaban en el tiempo y el espacio.

Ella, activa, quiere explorarlo todo, ahora impúdica e imparable. Él, pasivo, cambio de roles y hormonas traicioneras, sólo quiere ser agasajado sexualmente, y aunque no entiende ni comparte la energía sexual que ella derrama sobre él, se deja llevar, en medio de una pasión desbordada de piel, olor, saliva, fluidos y estímulos visuales.

Han de inventar cada encuentro en una atemporalidad que continúa una historia imposible de confesiones comunes de sus vidas ajenas.

Por separado no encuentran el sentido de verse ni casi el momento de hacerlo, pero saben que volverán a encontrarse sin remedio, incluso sin sentido aparente, los encuentros intermitentes siguen una pauta no pactada y de limitada probabilidad presente y comprenden que buscan un instante de respiro en medio de sus vidas cada vez más anódinas.

viernes, 9 de marzo de 2012

Tallus

Tallus posee la belleza ajada del abandono.

Tallus fuma. Enciende el amanecer con un cigarro, un café y otro cigarrillo.

La piel engrosada y fría, la cara hinchada, los sentidos embotados.

Vive en una pequeña habitación y es de mediana edad ¿qué edad?

Tallus gasta su paupérrima pensión en tabaco y cerveza, a veces algo de comida.

Tallus tose, tose toda la noche, cada noche, entre duermevelas agitados y apneas tose hasta el amanecer. Tose como si fuera a romperse, como si quisiera deshacerse de si mismo.

Tallus recuerda vagos y confusos sentimientos de amor y odio de los que guarda alguna raíz casi seca en la que a veces tropieza. No le quedan familia ni amigos.

Tallus no habla nada a nadie y, sin embargo, otras veces habla demasiado a cualquiera en las pocas ocasiones que sale.

Tallus espera, no espera nada, sólo la muerte.

jueves, 8 de marzo de 2012

Pocking - Día del Padre

... que es la necesidad de estar solo o de compartir esta soledad, lo cual resulta más doloroso por el contraste mutuo. Ir por el mundo anónimamente sin solución al dolor. Un trozo de pulmón devastado.


Este es el mundo que queréis vivir o en el que tenéis que hacerlo.


Soluble al tacto, siento el roce de las miradas en las que educación o indiferencia conducen al mismo punto.


Luego en Frankfurt la habitación tiene un color burdeos en un pequeño y sencillo hotel de escaso lujo.


Dibujo la luz y el matiz dos veces, y no estoy segura de haberlo colocado en el orden verdadero. Recuerdo haberlos dibujado y recordado muchas veces. Dibujo la hoz y el martillo que recuerdo de una infancia en la que tomamos posturas ideológicas puestas sobre esa esperanza en el futuro.


Luego escribo, mientras me retiran la bandeja y tengo la impresión de que quieren que me retire yo también. La misma impresión que antes en las horas muertas.


De vuelta al incierto devenir de los tiempos, de mi tiempo, la incertidumbre de algo diferente, de algo interior por ocurrir sucumbe a la búsqueda de la conexión con ayer para seguir mañana.


Tras tanta parafernalia simplemente, de nuevo, empezar.


Fugaces visiones de la realidad pasan o ¿soy yo el movimiento? Gentes de las que en un minuto puedo comprender una historia o rechazarla.


Quiero escapar de mi misma, de todo compromiso visible e invisible.


George repite mecánicamente el mismo ritual al llegar.

sábado, 3 de marzo de 2012

Rutinas

Nunca se sabe como puede empezar todo. A veces, adverbialmente, cómo,  también. Locuciones, verbos, adverbios, adjetivos, nombre o pronombres, todo comienza de alguna forma predeterminada y si todo ello se incorpora indiscutido en indiscutible se transforma en la rutina neurótica de los animales que intentamos ocultar y matar bajo ese barniz de educación, cultura, que a su vez se acaba matando a base de ambición y estupidez colectivas altamente, una epidemia que nutre el nuevo mundo económico que genera directrices precisas para retroalimentarse eternamente.

El despertador suena cada día a la misma hora, todos los días de su vida. 

Ya no existen vacaciones, eso es algo del pasado. Cogerá el mismo tren cada mañana, calculado el trayecto, tiempo y distancia no pueden variar jamás. Un periódico gratuito que ojear brevemente, siempre demasiado sensacionalismo o un mundo en el que sólo parece pasar lo mismo que ayer. Pantallas gigantes ofrecen también noticias oportunas a todo el que va y viene, pero si alguién permanece más tiempo comprenderá que siempre son las mismas, un bucle informativo que apenas varia en presentadores y orden cada día.

Siempre llega y sus piernas ofrecen cierta resistencia a entrar en un lugar permanentemente ajeno, gentes con las que jamás habría tratado, asuntos que empeñan su tiempo y su vida con complicaciones disparatadas e inauditas, siempre un nuevo reto con el absurdo, siempre un permanente desafío con la idiotez.

Un café, combustible para seguir sin respirar el resto del día, una comida insípida deglutida sin gana y rápidamente, para aprovechar el paseo bajo un cielo pesado e hiriente que agolpa la soledad sobre la garganta muda, un encuentro con la vida que no se tiene, con la inquietud de lo que falta y no se tiene realmente. La respiración contenida del animal enjaulado. 

Vuelta al otro lado de la ciudad entre una mezcla de cansancio y agotamiento. Llegar a casa, comer algo, anular la mente con un poco de televisión y mucho más de anuncios, dejarlo por imposible y volver al letargo que nunca llega a sueño, un duermevela en el que se deslizan una vaga desazón que interrumpe, otra vez, el viejo despertador que suena a la misma hora, todos los días de su vida. 

Sólo los Solos

La mucosa nasal se secó formando costras y heridas agravadas por el humo del cigarro. Aquel verano era de una claridad postnuclear y el calor detenía la actividad de la ciudad hasta lo fantasmal.
Trabajaba hasta catorce horas diarias en el proyecto a destajo. 8 de rigor y las restantes para ahuyentar los demonios de la soledad y para remontar la nueva mala racha económica.
Salió ya de noche y llamó a su móvil en el que nadie contestó. Silencio.
Volvió a casa para volver a conectarse a otra pantalla y, aburridamente, intentar cambiar su vida a un trabajo mejor, un conocimiento mejor, un mundo mejor, un día mejor cuando el banner se coló y le habló de lo que le pasaba. Un punto de encuentro dónde partir a medias la soledad o intentar ahuyentarla.
Se dío de alta en aquel espacio de corazones solitarios con la idea de compartir tiempo, alma y cuerpo mientras el verano ardía.
Pasaron algunos meses y, a la vuelta de las vacaciones, se produjo el primer contacto. Un breve flirteo que acabó en un encuentro rápido en una intercambiador, una coca-cola con un beso final y furtivo sin sentido.
A los pocos días un nuevo encuentro, recogida en un "mini" previsiblemente alquilado pues su altura no se correspondía con aquel habitáculo. Hotel, desnudez y un sexo largo y blando, falto de suficiente erección y de toda pasión. Apenas un breve y siguiente encuentro y hasta otra, también tan fugaz y breve como tibia. Después un e-mail de despedida por motivos tópicos. Un profesional del desamor.
Vacía, desierta e incapacitada de su verdadero epicentro amatorio, volvió a apostar en esa feria de cadáveres buscando la vida y encontró ficciones exentas de toda pasión hasta que el invierno y los catarros se mezclaron con sus propios fluidos vaginales y el coito resultó tan excitante como el olor de los urinarios públicos.
Pensó entonces en dedicarse a la prostitución, así al menos sacaría algo de todo ello.

domingo, 19 de febrero de 2012

El Hombre Impenitente

Tocaba el teclado con su grupo y hacía bolos por bodas, fiestas en pueblos y algún otro trabajo. Su mujer, y su segundo matrimonio, mucho más joven que él era la cantante. Una mujer muy guapa y vistosa: un pibón que dicen.


El peinaba una mata blanca de pelo y vestía de forma juvenil a sus cincuentalargos en un look que algunos calificarían como madurito interesante en Benidorm.


Pero él tenía una calentura, una fiebre, un volcán que le dominaba. Confesó que su mujer le tenía controlado el dinero pero que él procuraba ir sacándoselo con excusas varias para que no le expoliase de todos sus bienes y le montase la definitiva y última bronca.


Aquí, allí, en todas partes encontraba nuevos objetos a su excitación. Cualquier mujer le ponía en un estado de sexual levantamiento que sólo podría solucionar poseyéndola o intentándolo al menos. No, no llegaba a ser un violador pero sí un ingenuo arrastrado por sus, por su único instinto.


Una noche ante unos whiskies nos contó que paseando por la playa había visto a una joven pareja haciéndose el amor en la playa y que no pudo menos que acercarse para ver si le admitían. Creo que los muchachos salieron despavoridos ante aquel loco. Al final de la noche, muchos más whiskies después, entre lágrimas confesó que había entrado en una iglesia para pedirle a dios que le arrancará semejante calentura. Pero él era el hombre impenitente.