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miércoles, 13 de junio de 2012

Despertar

Ojeaba un libro de Danza, apenas debía tener cinco tal vez seis años. Fascinada contemplaba las imágenes con una extraña e inexplicable emoción de asistir a algo extraordinario: la expresión del arte en los cuerpos de los bailarines en estática representación aún sin llegar a comprenderlo totalmente.

Páginas, una tras otra pasadas con cuidado, hasta que al volver una apareció una foto de Margot Fonteyn y Rudolph Nureyev enmarcada en una orla ovalada y sentí el arrebato de lo sublime con tal intensidad que me encontré recortando aquella imagen para retenerla para siempre conmigo. Me corté el dedo con el filo de la hoja del libro y me hice sangre. Recuerdo aún hoy la severa reprimenda por cargarme el libro y haber cogido las tijeras, así como la veneración que sigo sintiendo por la Danza y mi despertar al Erotismo.

domingo, 10 de junio de 2012

En El Desván

Entre mis parientes encontré espías rusos, sombrereros franceses e italianos anarquistas.

Encontré olvidos, rencillas, soberbias e iracundias, posesiones y usurpaciones.

Cajas de sombreros de tules apolillados, cajones de cómodas de caoba atestados de joyas improbables.

El brillo del cristal de roca y el olor de la madera del palo de rosa.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Guitarras

Suenan rasgadas en la noche, elevando "Alma, Corazón y Vida" a la quinta esencia del tipismo otra noche más. La actuación programada de antemano, la improvisación se deja a los espontáneos que, coreados de sus amigos, se lanzan al inexisitente escenario.

Fue una noche mágica, cuando el churrasco humeaba en las mesas y El Cóndor desplegaba su maduro y enérgico vuelo entre la cocina y la canción, siempre de buena gana, su atractiva presencia con ese leve deje de seductor y encantador hombre culto y vívido que ha amado mucho, que ha sufrido mucho.

Del alcohol que empapa sus besos tristes y desesperanzados, amigo de sus amigos, de sus hermanos desaparecidos por el horror humano, de una vida llena del amor sexual que ahora le falta, del largo, largo exilio, no se habla mientras sigue el patrón preestablecido de la actuación y calla sus gustos en favor de los del público, ese público variopinto que busca ser divertido para empezar a entretenerse. Él calla todos los cantos de la vida que esconde, hombre público retorciéndose en lo privado.

Esa noche el aforo no estuvo completo, no hubo espontáneos y el repertorio se cantó entero. Esa noche el público empezó a marcharse antes y quedamos pocos, tan pocos que podíamos hablar, escucharnos y mirarnos a los ojos, y entonces comenzó el verdadero concierto de la emoción, de los recuerdos, de la vida que hemos pasado y por donde hemos pasado. Y recuperamos nuestra memoria de almas tapiadas cuando Violeta Parra nos ponía sus versos eternos de nuevo en la voz y el tango más arrastrao nos tumbaba de amargura, en medio de una noche fría y protectora.

lunes, 13 de febrero de 2012

Sábados Sin Noches

Eramos tan jóvenes y dóciles como para no salir más allá de las diez de la noche. Dicen que la necesidad es la madre de la invención y, sin poder precisar bien como sucedió, comenzamos a improvisar fiestas los sábados por la mañana. Sábados en los que descubríamos música recien hecha de The Police en bailes improvisados y alguna copa rápida para estimular y deshinbir nuestros jóvenes cuerpos aún tan inexpertos. La recompensa era "enrollarse" y ser "enrollado" la meta.


Pequeños cachorros, años después descubrí que sólo nos separó la edad de los ritos de tantos adultos que siguen jugando a lo mismo.


Placeres rápidos e incompletos, pasatiempos de bolsillo para acortar el viaje.

domingo, 12 de febrero de 2012

Recuerdos Cinematográficos


Sesiones dobles en el cine Astoria con algún indicio remoto del No-do, que aún entonces existía tal repelente secuencia de rápidas imágenes de guión rancio y pretendidamente ingenioso y graciosillo que elevaba al espectador a la incapacitación mental. Las niñitas nada sabiamos de eso y ni siquiera la palabra "gilipollas" aparecía aún ni en mi vocabulario hablado, escrito o mental.
Carteles profusamente pintados y coloreados para anunciar las aventuras de James Bond o cualquier otro film que cubriera esa doble sesión de sábado en la tarde y a la que en verano se añadía el cartel de "Refrigerado" con el dibujo de un pingüino o un oso polar a la puerta del local.
También recuerdo las de indios y vaqueros vistas en casa ante un diminuto televisor de dos canales en blanco y negro, pero los más maravillosos recuerdos me los trae aquel programa que daba el UHF, canal maldito que no siempre era bien visto por la antena de turno: Cine-Club. Películas de miedo sobre todo que to veía sentada entre medias de mis hermanos y tapándome los ojos cuando la música resultaba demasiado atemorizante para, acto seguido, preguntarles que había pasado e intentar calmar mi imaginación desatada.
Fuí creciendo y viendo grandes películas que aún mantengo en mi culto íntimo, sus títulos en castellano pues así las vi por vez primera: "El Hombre con Rayos X en los Ojos", "El Increíble Hombre Menguante", entre muchas otras más, me dieron más, mucho más que los medios de que los que a veces disponían para su realización.

jueves, 9 de febrero de 2012

Luz del Día

En aquella calle serpenteaba el camino hacia sus brazos, recordados en algún remoto rincón donde se encierra una nostalgia acallada,  imprevistos en el encuentro repentino usurpado a la dificultad y aún en medio de los obstáculos.

Verle me pinto una sonrisa que ya no suelo usar a menudo. Su cuerpo me afianza con una asombrosa exactitud dónde mi cuerpo se amolda a él como si nunca antes nos hubiéramos separado.

Algo atropellados, desviamos lo físico y dejamos paso al torrente de palabras que quizá guardamos desde la última vez, no es fácil encontrar verdadera camaradería en estos tiempos de mortecinas líricas y distraídas amistades.

Siempre me gusta escucharle y oírle. Su voz acomoda mi pensamiento y lo hace más proclive aún al interés desinteresado. Sólo tú, aunque quizá acabe hablando yo, pero no son necesarias demasiadas explicaciones. Tampoco ningún juicio, apenas comprensión y un cariño que inesperadamente nos ha encontrado sentados a cada lado de la mesa, como y desde la primera vez, tan claros bajo un sol de justicia.