El calor nocturno aprieta la ciudad asfáltica, apenas refrescada desde camiones cisterna que provocan un olor a verano húmedo y ardoroso. El céntrico lugar donde han quedado, ella a su encuentro. Un taxi, prisas, desconocidos.
Baja del taxi y encuentra un hombre joven, alto y moreno, con gafas y cierto andar extraño que la llama por su nick. Ella pronuncia el de él, mientras es conducida a un edificio indescriptible. Recovecos y pasillos hasta un ascensor en el que él la atrae hacia si. Olor a perfume masculino en cantidades industriales la está mareando. Siente un bulto enorme mientras formula un clásico ¿llevas pistola o es que te alegras de verme? Risas, una planta de destino, puertas abiertas de ascensor. El la sujeta con un brazo, mientras abre la puerta de entrada a un despacho diminuto y de decoración anticuada. Coloca una pistola, en efecto, sobre el escritorio. Muebles sin gusto, apenas escritorio, silla, un sofá y un espejo. Otra puerta que él abre. Una cama un espejo arriba del techo y el espejo del despacho que es un cristal diáfano desde este otro lado. Otra puerta, un baño.
Se lanzan sin preámbulos sobre la cama, soltándose la ropa. Su enorme pene está durísimo. Viagra, sin duda. Ella no consigue excitarse. El olor del perfume apesta de forma casi nauseabunda mientras sólo es penetrada, follada y follada sin delicadeza alguna. Una y otra vez, incansablemente, una posición, luego otra, hasta que ya hastiada se siente un objeto, un agujero, y sólo quiere acabar el juego que ya le harta y hastía. El sigue excitado, infatigable, la cama se rompe con sus embestidas y ella decide que ya es hora de marcharse mientras amanece.
Una ducha juntos y le dice que es guardaespaldas, que quiere volver a verla, que tiene un hijo y está separado, que le encantan su coño y sus tetas.
Y a pesar de la ducha aún sigue sintiendo aquel perfume asfixiante intoxicando su piel durante el trayecto de vuelta. Hasta nunca.
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jueves, 24 de mayo de 2012
Cita Express
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sexo
sábado, 3 de marzo de 2012
Sólo los Solos
La mucosa nasal se secó formando costras y heridas agravadas por el humo del cigarro. Aquel verano era de una claridad postnuclear y el calor detenía la actividad de la ciudad hasta lo fantasmal.
Trabajaba hasta catorce horas diarias en el proyecto a destajo. 8 de rigor y las restantes para ahuyentar los demonios de la soledad y para remontar la nueva mala racha económica.
Salió ya de noche y llamó a su móvil en el que nadie contestó. Silencio.
Volvió a casa para volver a conectarse a otra pantalla y, aburridamente, intentar cambiar su vida a un trabajo mejor, un conocimiento mejor, un mundo mejor, un día mejor cuando el banner se coló y le habló de lo que le pasaba. Un punto de encuentro dónde partir a medias la soledad o intentar ahuyentarla.
Se dío de alta en aquel espacio de corazones solitarios con la idea de compartir tiempo, alma y cuerpo mientras el verano ardía.
Pasaron algunos meses y, a la vuelta de las vacaciones, se produjo el primer contacto. Un breve flirteo que acabó en un encuentro rápido en una intercambiador, una coca-cola con un beso final y furtivo sin sentido.
A los pocos días un nuevo encuentro, recogida en un "mini" previsiblemente alquilado pues su altura no se correspondía con aquel habitáculo. Hotel, desnudez y un sexo largo y blando, falto de suficiente erección y de toda pasión. Apenas un breve y siguiente encuentro y hasta otra, también tan fugaz y breve como tibia. Después un e-mail de despedida por motivos tópicos. Un profesional del desamor.
Vacía, desierta e incapacitada de su verdadero epicentro amatorio, volvió a apostar en esa feria de cadáveres buscando la vida y encontró ficciones exentas de toda pasión hasta que el invierno y los catarros se mezclaron con sus propios fluidos vaginales y el coito resultó tan excitante como el olor de los urinarios públicos.
Pensó entonces en dedicarse a la prostitución, así al menos sacaría algo de todo ello.
Trabajaba hasta catorce horas diarias en el proyecto a destajo. 8 de rigor y las restantes para ahuyentar los demonios de la soledad y para remontar la nueva mala racha económica.
Salió ya de noche y llamó a su móvil en el que nadie contestó. Silencio.
Volvió a casa para volver a conectarse a otra pantalla y, aburridamente, intentar cambiar su vida a un trabajo mejor, un conocimiento mejor, un mundo mejor, un día mejor cuando el banner se coló y le habló de lo que le pasaba. Un punto de encuentro dónde partir a medias la soledad o intentar ahuyentarla.
Se dío de alta en aquel espacio de corazones solitarios con la idea de compartir tiempo, alma y cuerpo mientras el verano ardía.
Pasaron algunos meses y, a la vuelta de las vacaciones, se produjo el primer contacto. Un breve flirteo que acabó en un encuentro rápido en una intercambiador, una coca-cola con un beso final y furtivo sin sentido.
A los pocos días un nuevo encuentro, recogida en un "mini" previsiblemente alquilado pues su altura no se correspondía con aquel habitáculo. Hotel, desnudez y un sexo largo y blando, falto de suficiente erección y de toda pasión. Apenas un breve y siguiente encuentro y hasta otra, también tan fugaz y breve como tibia. Después un e-mail de despedida por motivos tópicos. Un profesional del desamor.
Vacía, desierta e incapacitada de su verdadero epicentro amatorio, volvió a apostar en esa feria de cadáveres buscando la vida y encontró ficciones exentas de toda pasión hasta que el invierno y los catarros se mezclaron con sus propios fluidos vaginales y el coito resultó tan excitante como el olor de los urinarios públicos.
Pensó entonces en dedicarse a la prostitución, así al menos sacaría algo de todo ello.
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