El calor nocturno aprieta la ciudad asfáltica, apenas refrescada desde camiones cisterna que provocan un olor a verano húmedo y ardoroso. El céntrico lugar donde han quedado, ella a su encuentro. Un taxi, prisas, desconocidos.
Baja del taxi y encuentra un hombre joven, alto y moreno, con gafas y cierto andar extraño que la llama por su nick. Ella pronuncia el de él, mientras es conducida a un edificio indescriptible. Recovecos y pasillos hasta un ascensor en el que él la atrae hacia si. Olor a perfume masculino en cantidades industriales la está mareando. Siente un bulto enorme mientras formula un clásico ¿llevas pistola o es que te alegras de verme? Risas, una planta de destino, puertas abiertas de ascensor. El la sujeta con un brazo, mientras abre la puerta de entrada a un despacho diminuto y de decoración anticuada. Coloca una pistola, en efecto, sobre el escritorio. Muebles sin gusto, apenas escritorio, silla, un sofá y un espejo. Otra puerta que él abre. Una cama un espejo arriba del techo y el espejo del despacho que es un cristal diáfano desde este otro lado. Otra puerta, un baño.
Se lanzan sin preámbulos sobre la cama, soltándose la ropa. Su enorme pene está durísimo. Viagra, sin duda. Ella no consigue excitarse. El olor del perfume apesta de forma casi nauseabunda mientras sólo es penetrada, follada y follada sin delicadeza alguna. Una y otra vez, incansablemente, una posición, luego otra, hasta que ya hastiada se siente un objeto, un agujero, y sólo quiere acabar el juego que ya le harta y hastía. El sigue excitado, infatigable, la cama se rompe con sus embestidas y ella decide que ya es hora de marcharse mientras amanece.
Una ducha juntos y le dice que es guardaespaldas, que quiere volver a verla, que tiene un hijo y está separado, que le encantan su coño y sus tetas.
Y a pesar de la ducha aún sigue sintiendo aquel perfume asfixiante intoxicando su piel durante el trayecto de vuelta. Hasta nunca.
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jueves, 24 de mayo de 2012
Cita Express
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sábado, 19 de mayo de 2012
O Así
Y así pasaron los años, la vida.
Ni preguntas ni no, tampoco nunca obtuvo respuesta alguna.
Había de asumir la indiscutible misión que uno se encuentra a cuestas antes de tener tiempo de huir.
Las historias siempre eran extrañas, siempre dispares, se daba cuenta de ello y reconocía cierta tendencia a encontrar siempre la misma contemplación de la soledad que, al fin y al cabo, sólo podía acabar aceptando. Acabaría escuchando y volviendo a escuchar, el diálogo estaba vetado en aquel don suyo de la escucha, todo oídos, siempre esa traicionera memoria capaz de recordar un nexo, un detalle que enlazaba una vez con otra, otra con una.
También era consciente de que aquellas amistades presuntas que mantuvo eran fruto de la asimetría y la conveniente comparación, nada como sentirse mejor que él en una inocente e igualmente odiosa comparativa. Sí, tal vez se cultivaba cierta lástima en todo aquello basada en una profunda inconsistencia.
Las preguntas sin respuesta, obviadas constantemente, a veces presuntamente respondidas en la vaguedad de lo inconsistente aupado a la categoría de sesuda respuesta vanagloriada de filosofado sentimiento.
No, sólo Ud. y yo desnudos, esos grandes desconocidos. Todo lo demás no sirve para nada.
Ni preguntas ni no, tampoco nunca obtuvo respuesta alguna.
Había de asumir la indiscutible misión que uno se encuentra a cuestas antes de tener tiempo de huir.
Las historias siempre eran extrañas, siempre dispares, se daba cuenta de ello y reconocía cierta tendencia a encontrar siempre la misma contemplación de la soledad que, al fin y al cabo, sólo podía acabar aceptando. Acabaría escuchando y volviendo a escuchar, el diálogo estaba vetado en aquel don suyo de la escucha, todo oídos, siempre esa traicionera memoria capaz de recordar un nexo, un detalle que enlazaba una vez con otra, otra con una.
También era consciente de que aquellas amistades presuntas que mantuvo eran fruto de la asimetría y la conveniente comparación, nada como sentirse mejor que él en una inocente e igualmente odiosa comparativa. Sí, tal vez se cultivaba cierta lástima en todo aquello basada en una profunda inconsistencia.
Las preguntas sin respuesta, obviadas constantemente, a veces presuntamente respondidas en la vaguedad de lo inconsistente aupado a la categoría de sesuda respuesta vanagloriada de filosofado sentimiento.
No, sólo Ud. y yo desnudos, esos grandes desconocidos. Todo lo demás no sirve para nada.
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