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miércoles, 13 de junio de 2012

Consciente

El hecho de ser consciente no otorga por ello sentido alguno.

Un camino en zigzag para obtener objetivos nunca confesos, demasiado vagos, incluso ya faltos de interés. Una deriva aprendida a fuerza de recibos y facturas, algunas veces alguno nuevo y sacado de la manga, siempre subiendo, imparables. Una inútil lucha con la libertad de no pagar jamás. La eterna promesa de un trabajo mejor, un sueldo mejor, un mundo mejor y más justo. A veces sólo la promesa de un trabajo que nunca llega, un sueldo que nunca llega y un mundo que nunca es mejor y menos aún justo.

La resistencia a ser infeliz, un camino de no consumo que difícilmente se esquiva, inmersos y ahogados.

El tiempo perdido que vemos en los otros, el grito callado que sabemos ya no encontrará respuesta.

Vendidos, rendidos a la rueda productora. Si una día parase ..., sí quizá somos consciente de nuestra falta de autosuficiencia, de nuestra torpe y escasa capacidad para sobrevivir en otro mundo.

El agotamiento que produce trabajar en una permanente contradicción, la extrañeza que tragamos durante enajenantes horas.

Un extraño óbolo que nunca acabamos de pagar, un mal menor y una crisis en la que hacerse más débil y diluirse hasta la desaparición del ser.

viernes, 8 de junio de 2012

Cenicero

Deposita la ceniza del cigarrillo anterior. Un paquete acabado que arruga, uno nuevo del que va extrayendo el siguiente cigarrillo.

Mira por la ventana, volutas de humo se escapan atravesadas de rayos de un sol que atraviesa la ventana, motas de polvo que caen despacio y convierten el mundo en un cosmos pequeño y desapercibido a otros pero que siempre consigue ver, cada vez más frecuente y nítidamente.

Otro cigarrillo, encendedor y cajetilla extraída de un cartón, el perro cerca que mira comprensivo cuando le habla.

Ahora atiende el leve murmullo, la agitación que le vuelve a acompañar, lavarle, limpiarle, cambiarle, y sentarle otro día más en el sillón de mimbre y, entre almohadones, acomodarle, una guardia amable, unos cariños y caricias en la cara. Quizá esa tarde tengan alguna visita fugaz, algún amigo de los hijos que se quede un rato más, ella al menos siempre lo intenta.

La sonrisa desvaida como el color de su pelo, los sueños vagarosos y el cenicero siempre cerca, ese aura ahumada, la misma escena que compone desde hace 16 años.

Todos le dicen que salga, que se vaya un momento y a veces sueña que lo hace, pero el miedo al adiós no dado, el miedo a que él tenga miedo porque él no puede decirlo, hace tanto tiempo que olvidó quién es exactamente ella y desde luego quién es él, consiguen que siga otro día más, otra noche más a su lado sin salir jamás.

miércoles, 6 de junio de 2012

El Fondo de la Cuestión

Los segundo se han paralizado, calmado, en esta loca mañana en un catarro pasado de vueltas y  un  obsesiva cronometraje en el que atrapar toda e infinita perfección musical para coreografiarla y aferrarme a un sentido.

Se preguntaban si no tenía vida, y no encuentre dónde empieza o acaba el error. Uno no posee nada en realidad, y menos eso que damos en decir vida propia, indebidamente apropiado, absurdo e infantil ego que enturbia el aire y favorece incomunicación, injusticia y eterna iniquidad desde la cortedad de miras.

Escribiendo aquel texto que no aparecía de inmediato, me invadía el desasosiego cada vez mayor que siempre acababa produciendo aquel efecto en el blanco de la pantalla.  No pocas envidias y miserias en los seres a mi alrededor rozaban mi alma con dardos envenenados, mientras una extraordinaria certeza impone la claridad de que ni siquiera saber lo que hay que hacer es garantía alguna de que acabe haciéndose, pero sí de que a mi alrededor se fraguasen amontonadamente, y una vez más, recelos y la baba envenenada que segregan mediocres miradas y comentarios capaces de matar cualquier acción y toda comprensión.

El olor del miedo ajeno se desprendía a mi paso como el polvo de un pesado y antiguo cortinaje, una inifinita trizteza y soledad me invadían hasta el viejo dolor tantas veces encontrado en el centro exacto de mi existencia.

Bajé las escaleras y percibí el vacío que rebotaba entre las paredes, un tiempo raro que ya no coincidía con ningún recuerdo anterior, la conciencia exacta de cuándo las cosas se han dejado morir y no queda más certeza de que el fin es lo siguiente.

lunes, 4 de junio de 2012

30 Años Atrás

De pronto hemos vuelto al pasado, todo ha sido un espejismo. Ese ir hacia adelante, ese ser modernos y estar en la vanguardia se ha replegado sobre si mismo. El tiempo que creemos ascendente y unidireccional es capaz de hacer esas papiroflexias consigo mismo y dar saltos que retroceden y nos hacen encontrarnos de golpe y porrazo con lo retrógrado.

A golpe de corrupción y expolio, de diseminar miedo y crisis, volvemos a alcanzar el pasado y estamos otra vez ante el preludio de la guerra de las Malvinas, en el brete de un Gibraltar Español, ante detenciones injustificables de la población, en el paro profundo y la conversión a invisibles de, a este paso, la mitad de la población, pero en la pesadilla no cabe despertar porque la esperanza del futuro ya se ha manifestado vana y usurpable, porque el cambio de signo político nada augura salvo la venta precipitada para desmantelar el estado conocido, el juego de las cuadrillas de tecnócratas para preparar el terreno y dejar la apisonadora y el allanamiento al siguiente equipo de demolición.

30 años de fomentar codicia en forma de ilusiones y futuro, de hacer parecer asequible todo lo que el dinero puede comprar y ahora, ya adictos a la mal llamada felicidad del consumo y la insolidaridad, ignorante de la desgracia ajena no solventada nos chocamos con la propia. 


jueves, 24 de mayo de 2012

Con Partidos

Pensaron que se comerían el mundo, que eran autosuficientes. El amor todo lo puede, decían.

Todo lo compartían, los días, las horas, los minutos, pero el tiempo siempre acaba traicionando a los que violan sus reglas inexorables, incluso a los que las respetan.

Primero fueron los trabajos que absorbían las jornadas y les dejaban exhaustos, pero aún quedaban los fines de semana y un momento cada noche. Dormir abrazados seguía prolongado esa comunicación sin palabras, incluso sin aparente conciencia.

Lo que encontraron como igual se fue perfilando día a día con nuevos matices que identificaron como lo distinto, y lo distinto tenía partes comunes y ajenas. Encuentros y desencuentros.

Llegaron los hijos y desarrollaron su nido en el que encontraron nuevas dificultades para compaginar crianza, trabajo, intendencia familiar y, aún en alguna parte, relación. La pasión latía, aunque algo perdida de vista, de cuando en cuando.

La vida vapulea, trastoca, sorprende, lleva y trae por derroteros que son nuestros, nuestra vida, fragua miedos nuevos y viejos, pese a que nos resistimos a creerlo y reconocerlos como tales. Uno lucha consigo mismo como el peor de los enemigos, inmerso en un molde social en el que ha de encajar a toda costa, a costa de uno mismo. Y esos miedos, inseguridades, sentimientos, esos pensamientos callados y contenidos encontraron la escucha y el mismo lenguaje un día, ese momento que abre el corazón y la mente al estado de enamoramiento profundo y comprensivo, quizá es sólo cuestión del aire que lleva corrientes eléctricas y nuestros impulsos más desconocidos, pero aún así creemos que es inteligible, clara y sencillamente es.

Lo que era común se fue disolviendo, ahora viven juntos y partidos, quizá esto es más real que lo que fue, el sueño de un proyecto acabado, un trabajo común finalizado, pero suscriben la lealtad de lo compartido. Por los viejos tiempos, aunque ya no seamos los mismos.

sábado, 19 de mayo de 2012

Intermitencias

Otro día más transcurría entre pucheros, órdenes y desconciertos propios. Los fines de semana o días de descanso también seguían siendo entregados a la intendencia, a alimentar una prole y mantener el precario equilibrio que exige una familia en tiempos individualistas. En la mediana edad, esa que uno siempre tiene, justo y en la mitad, somos piedra de toque del tiempo y juzgamos jóvenes o viejos a nuestra escala y semejanza.

El transfondo mental transcurría en un magma creado entre sortear los escollos económicos, cada vez más numerosos y peligrosos, salir corriendo y dejarlo todo y mantener un estado de semi-ensoñamiento en su imaginación que alternaba con dosis de pragmática realidad en medio de aquella cocina llena de trabajo.

La soledad invadida, pero nunca compartida, era el marco en el que se movía laboralmente, familiarmente, socialmente.

Un día libre entre semana, al cruzar el umbral de aquella librería, se tropezó con él. Una disculpa divertida mirando a los ojos, un comentario, otra mirada, un despiste, una distraída atención que el lenguaje no verbal supo interpretar y captar antes que su propia consciencia.

Sin demasiado interés pero con cierta cortesía amistosa comenzaron a llamarse, luego a escribirse y algún tiempo después a quedar de tarde en tarde, pues siempre era complicado encajar horarios laborales. En común una enorme soledad limítrofe, mientras seguían siendo a la vez perfectos desconocidos.

Fraguando su propia esencia de miedos y deseos secretos, sin amor, sin continuidad, apenas en unos encuentros que no guardaban orden ni concierto, pero quizá sólo era que podían ser ellos mismos por primera vez después de tantos años, exhibidos ante el otro como forma de autocomplacencia y afirmación, ún camino distinto al que era y al que había sido. Otros yos.

Vericuetos y desincronización llevaron a encuentros cada vez más íntimos en los que el sexo se convertía en nexo y separación, resultaba tan complicado mantener objetivos comunes, descubrir a aquellas alturas de la vida regiones inexploradas y una personalidad sexual nunca ejercida. Pero también comprendían la muda certeza de su incompatibilidad en esas intermitencias que los separaban en el tiempo y el espacio.

Ella, activa, quiere explorarlo todo, ahora impúdica e imparable. Él, pasivo, cambio de roles y hormonas traicioneras, sólo quiere ser agasajado sexualmente, y aunque no entiende ni comparte la energía sexual que ella derrama sobre él, se deja llevar, en medio de una pasión desbordada de piel, olor, saliva, fluidos y estímulos visuales.

Han de inventar cada encuentro en una atemporalidad que continúa una historia imposible de confesiones comunes de sus vidas ajenas.

Por separado no encuentran el sentido de verse ni casi el momento de hacerlo, pero saben que volverán a encontrarse sin remedio, incluso sin sentido aparente, los encuentros intermitentes siguen una pauta no pactada y de limitada probabilidad presente y comprenden que buscan un instante de respiro en medio de sus vidas cada vez más anódinas.

O Así

Y así pasaron los años, la vida.

Ni preguntas ni no, tampoco nunca obtuvo respuesta alguna.

Había de asumir la indiscutible misión que uno se encuentra a cuestas antes de tener tiempo de huir.

Las historias siempre eran extrañas, siempre dispares, se daba cuenta de ello y reconocía cierta tendencia a encontrar siempre la misma contemplación de la soledad que, al fin y al cabo, sólo podía acabar aceptando. Acabaría escuchando y volviendo a escuchar, el diálogo estaba vetado en aquel don suyo de la escucha, todo oídos, siempre esa traicionera memoria capaz de recordar un nexo, un detalle que enlazaba una vez con otra, otra con una.

También era consciente de que aquellas amistades presuntas que mantuvo eran fruto de la asimetría y la conveniente comparación, nada como sentirse mejor que él en una inocente e igualmente odiosa comparativa. Sí, tal vez se cultivaba cierta lástima en todo aquello basada en una profunda inconsistencia.

Las preguntas sin respuesta, obviadas constantemente, a veces presuntamente respondidas en la vaguedad de lo inconsistente aupado a la categoría de sesuda respuesta vanagloriada de filosofado sentimiento.

No, sólo Ud. y yo desnudos, esos grandes desconocidos. Todo lo demás no sirve para nada.

El Viaje

Pensé un título, escribí inicial mayúscula, minúsculas. Nuevamente inicial mayúscula y minúsculas.

Recordaba haber encontrado una y otras historias dentro de mi cabeza días atrás. Historias que se cruzaban y enlazaban, capaces incluso de conformar una historia de historias, un rompecabezas de personajes que daría lugar a un volúmen, un espacio donde trabajar, seguir y volver durante un tiempo.

Pero ahora un vacío relumbrante competía con un sol incitador de escapadas y vida, ahuyentados todos mis concentrados ensueños, a pesar y después de tantos días respirando, masticando y bebiendo fugaces relatos que me prometía retener bajo alguna regla mnemotécnica que también acababa desaparecía entre sucesos y distracciones laborales insulsas o enajenantes en menos de un segundo. Comprendía que con esa falta de praxis diaria acabaría por perder la sintonía con ese canal de escucha y narración, ¿dónde empieza unoa o acaba la otra?, que siempre formó parte de mí.

La soledad del viaje es así, no cabe otra explicación. Impulsa el movimiento, el cambio, el abandono de las pasiones, los vínculos y apenas permite una pasajera compasión del tránsito, cuerpos dados a la inercia del viaje inexorable de vivir.

Abandonando solicitud, prestar ayuda o solución en un mundo que no escucha, también dejé atrás los hijos amados, soltando en silencio las amarras, al compañero extraño después de media vida, todo aquel cariño desvencijado. Adiós para siempre al amante lejano y atemporal de mis sueños erráticos, aquel que nunca existió.

La casa vacía y el teléfono apagado para siempre quedan a la espalda y, sin rumbo ni equipaje, deambulo al fin bajo la única conexión solar, mi vertical con el cielo. No levantarse, sentarse, no abrir los ojos ni volver a cerrarlos pensando "Tengo que hacer ...", ni "Hoy". Nunca "Mañana".

El viaje se hace despacio, dentro de uno mismo y a cada paso desde el momento de empezar a sonreír.

Uno Veinte

La oscuridad se pinta en las aceras mojadas. Cruzo, no hay coches, no hay gente, salvo unas lejanas conversaciones de los barrenderos dentro de un local.

Hoy tengo tanto sueño, estoy tan cansada que he equivocado el camino y he escogido el más largo. No importa, sigo autómata.

Quisiera saber el sentido de tantas y repetidas acciones al cabo del día, al cabo de los años. La calle oscura se rompe entre cristales de cegadoras farolas ámbar, y esconden a sus espaldas locales de alquiler o compra abortados, abandonados a la espera de un proyecto de remodelación que los rescate.

Subo al tren que conduce mi vida, siempre en trayectos de ida y vuelta, y otra vez encuentro un rostro conocido, una mirada fija sobre una conversación forzada cuando amo el silencio, más árduo esfuerzo cuando a esas horas estoy casi dormida. Repaso los tópicos posibles en mi cabeza perezosa, y otra vez estoy ahí, sometida a la presión de mi propia acción, aún presta a facilitar cortesías que voy reduciendo con los años. Pero quizá lo veo en sus ojos, en el abismo de desesperación por encontrar sus propios pensamientos y que me arroja al auxilio de la palabra.

He salido con tiempo, un tiempo ajeno que es demasiado pronto como para ir a trabajar, pero demasiado poco como para hacer otra cosa. Un café en un bar desconocido, entro y me siento ante una barra mugrienta y abarrotada, al otro lado y detrás de un camarero agrio, un despliegue de botellas que hablan de largas historias en su fondo. Detrás, un espejo refleja una escena de rostros adormilados y una pantalla de televisor con alguna comedia en la que se grita mucho. ¿Uno veinte? No, uno ochenta. Vale, no volveré a tomar café infumable en un sitio tan cutre y caro.

Ando despacio sobre la acera también aquí mojada, he dado la vuelta al mundo, cruzado la ciudad de punta a punta. Algunas hojas en el suelo componen el preludio de un otoño ansiado y balsámico.

Otra vez estoy fichando y vuelvo a andar por el mismo pasillo. Debe ser una pesadilla.

El Pasado

Cuando vuelve y te mira a los ojos el pasado, tal vez te sientas de nuevo perdido, inundado y azotado por los mismos sentimientos, o tal vez no. Sabrás entonces si algo ha cambiado en tí.

Marqué la distancia para adquirir el olvido, me impuse castigo y penitencia, yo que no creo en pecado ni dios que lo fundó.

Fui deshaciéndome de tí entre otros ojos, manos y caricias mecánicas tan ajenas al amor, a nosotros, a aquellos momentos de complicidad nocturna en que el mundo nos pertenecía por completo libres, locos y felices, despreocupados por unos instantes que llamamos eternidad, amamos nuestra libertad encontrada ante nosotros y reconocida por única, quizá última vez.

Perdida en los brazos de tu recuerdo como no espero ser abrazada de nuevo.

lunes, 16 de abril de 2012

Tiempo al Tiempo

Hacer tiempo, perder tiempo, ganar tiempo.

El cordón de mi zapatilla desatado. Astenia y leve resaca en ojos y piel, escaleras de ida y vuelta, trayectos, los mismos pasos de este baile rutinario que llamo vida.

Un problema menos deja espacio para dos más, y ya sólo me asalta leer a cualquier hora y escribir a todas.