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miércoles, 23 de mayo de 2012

Escuela Canina

El agua puede hacer desaparecer todo lo que conocimos, todo aquello en lo que alguna vez creímos.

Canina anda la escuela, caninos todos, perros y apedreados, a perro flaco todo son pulgas.

Las encuestas y el recuento de votos son sólo un videojuego, quizá un videoclip también, una distracción de la atención, preparatorio de los últimos hachazos previos al derribo del árbol de la coherencia y el último reducto del sentido ¿común? No, sólo humano si alguna vez lo fuimos con esa presunción de dignidad.

Aquel tipo me cae bien, pero a su alrededor se afilan colmillos y cuchillos al respeto bajo el mismo juego que llaman democracia y que a unos permite sobrarse y otros pasarse. Devuelvan al erario público el dinero y las esperanzas truncadas en desesperanza.

Aquel otro se arruga donde apenas hace unos instantes clamaba vehemente con el sonido más alto que se usa para tener razón.

Lady Gaga es lo que se lleva, viva el Marketing para todos que el poder de las masas está en manos de las grandes corporaciones.

Escuela canina, huérfana y canina, perros de Pávlov entrenados para el futuro.

jueves, 3 de mayo de 2012

Curso

Marzo comenzó y apenas quince días bastaron para volver a fumar, tras unos meses de haber conseguido dejarlo para siempre, como siempre.

Inmersa en el curso, una oportunidad, un tren que pasa y hay que coger, lleve adónde lleve, incluso a ninguna parte. Pero el viaje no es ese, el viaje interior es donde el reto comienza en uno mismo hacia uno mismo. La dificultad estriba en su escasa autoestima, los vapuleos y avatares de la vida, una edad que nunca corresponde al resto del grupo, su forma de vida y escaso tiempo. 

Pero sigue, las horas de estudio se roban al sueño, los apuntes acompañan sus trayectos de ida y vuelta, las esperas y demoras, cualquier intervalo. Las preguntas, necesita preguntar porque necesita saber, comprender y conocer. 

Su vida ha dado un vuelco, el mundo previsible donde lleva tantos años pisando segura ya no existe. Pero al menos sigue aquel vínculo escaso, lejano pero único que mantiene su centro más íntimo en una conexión de sexo y comunicación casi sarisfechamente compartidos. El sexo oral, escrito, vibrado y sentido, imaginado y practicado, buscado y provocado, susurrado y rugido en la pasión. Escaso, lejano pero único. Un regalo de los dioses.

Los exámenes suceden sus días, intercalados entre horas interminables de clase que apenas dejan tiempo para estudiar. Intercambian correos ardientes, confesiones íntimas que abren caminos inexplorados pues nadie nunca supo tanto de ella, ni siquiera ella misma se había conocido así. Pero en el fondo sabe bien que es ella la que se da, la que se entrega una y otra vez, y maneja el timón de su imaginación. Siempre acaba sintiendo una inmediata y contenida necesidad de más, de todo, que provoca una leve decepción, el regusto en los labios de que no es suficiente. 

Y él también lo sabe en el sabor de sus besos en la despedida, cuando abre el correo y lee cada frase entre líneas, reproches mudos que él mismo se hace, pero es demasiado trabajo, demasiada entrega y dedicación, el miedo de perder la forma por el fondo, exige tanto que no puede encontrarlo en su interior. Y pergeña la despedida sin despedida, los encuentros asépticos en donde la emoción se evitará, sólo palabras validas pero también dentro de circunloquios donde evitará atravesar los terrenos de la piel, menos aún rozar los del alma desnuda. 

Ella estudia y estudia, la rutina se rompe con sus correos, a veces alguna llamada suya, quizá ya está acabando abril, otro año más, cuando abre en la pantalla su "carta", carta envenenada. Se siente rechazada, no comprende que es eso de compartir sin darlo todo, excusas, sólo comprende que son excusas y miedo. Se siente enferma, el pecho le duele, se ahoga, y el diagnóstico osteocondritis sólo se llama angustia. Pero sigue doloridamente hasta la meta, hacia ninguna parte, hacia ella misma, sólo esa es la razón y la única realidad, la deslealtad, el camino partido el nexo emocional roto y desvinculado.

Acepta sus reglas, comprende mejor que él quién es él mismo. Tal vez también se averguenza de su propia falta de orgullo y poder, pero comprende que él no es todo que incluso es poco más que nada.

Han pasado tres años, sus encuentros tardíos y previsibles siguen la costumbre de una promesa indeterminada en el futuro, una leve mención de él, una cortés declinación de ella. Un viejo y gastado cariño que no puede dar más de si. 

sábado, 3 de marzo de 2012

Rutinas

Nunca se sabe como puede empezar todo. A veces, adverbialmente, cómo,  también. Locuciones, verbos, adverbios, adjetivos, nombre o pronombres, todo comienza de alguna forma predeterminada y si todo ello se incorpora indiscutido en indiscutible se transforma en la rutina neurótica de los animales que intentamos ocultar y matar bajo ese barniz de educación, cultura, que a su vez se acaba matando a base de ambición y estupidez colectivas altamente, una epidemia que nutre el nuevo mundo económico que genera directrices precisas para retroalimentarse eternamente.

El despertador suena cada día a la misma hora, todos los días de su vida. 

Ya no existen vacaciones, eso es algo del pasado. Cogerá el mismo tren cada mañana, calculado el trayecto, tiempo y distancia no pueden variar jamás. Un periódico gratuito que ojear brevemente, siempre demasiado sensacionalismo o un mundo en el que sólo parece pasar lo mismo que ayer. Pantallas gigantes ofrecen también noticias oportunas a todo el que va y viene, pero si alguién permanece más tiempo comprenderá que siempre son las mismas, un bucle informativo que apenas varia en presentadores y orden cada día.

Siempre llega y sus piernas ofrecen cierta resistencia a entrar en un lugar permanentemente ajeno, gentes con las que jamás habría tratado, asuntos que empeñan su tiempo y su vida con complicaciones disparatadas e inauditas, siempre un nuevo reto con el absurdo, siempre un permanente desafío con la idiotez.

Un café, combustible para seguir sin respirar el resto del día, una comida insípida deglutida sin gana y rápidamente, para aprovechar el paseo bajo un cielo pesado e hiriente que agolpa la soledad sobre la garganta muda, un encuentro con la vida que no se tiene, con la inquietud de lo que falta y no se tiene realmente. La respiración contenida del animal enjaulado. 

Vuelta al otro lado de la ciudad entre una mezcla de cansancio y agotamiento. Llegar a casa, comer algo, anular la mente con un poco de televisión y mucho más de anuncios, dejarlo por imposible y volver al letargo que nunca llega a sueño, un duermevela en el que se deslizan una vaga desazón que interrumpe, otra vez, el viejo despertador que suena a la misma hora, todos los días de su vida. 

Dhaka

Por circunstancias diversas nos conocimos a través de correos circunstanciales. Ella vive en Bangladesh y con el tiempo y el trato amablemente cordial que manteníamos sintió la necesidad de convertirme en lejana confidente en un país y una cultura en los que no se la censurase. Me acabó confesando la loca relación que mantenía con un compañero de trabajo casado, el miedo a ser descubierta y denunciada por su propia fe, de ser apartada por su propia religión y su familia.

Fueron largos correos llenos de angustia en busca de una salida, de alguna llave para la esperanza, de el encuentro con su propia identidad como mujer más allá de sus fronteras dadas su formación universitaria y profesional. Intenté darle orientanción hacia diversas salidas pero nuestra correspondencia se congeló durante largos meses.

Hoy he recibido la foto de su reciente boda y me pide que rece por ella.